jueves, 26 de marzo de 2009

lunes, 16 de marzo de 2009

Si el hombre pudiera decir lo que ama...



Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda.

sábado, 14 de marzo de 2009

la coña de la tarde!!!!

Obra de teatro:
Cómo se lo pasan los italianos!!
Escena primera:
La escena está ambientada en el parque del Retiro de Madrid. Es jueves 12 de marzo, hay 22º y luce el sol.
SINOPSIS:
Un grupo de estudiantes italianos de visita en la ciudad juegan a la pelota en la hierba.
En un momento dado, la pelota se queda en una rama (risas del público).
Son infructuosos los intentos de hacerla caer.
En un intento desesperado de tirar la pelota, lanzan dos zapatillas a las ramas.
Las zapatillas quedan enganchadas por los cordones (carcajadas del público).
Los chicos prueban a lanzar botellas de agua para hacer caer, zapatillas y pelota.
Al final del acto, la profesora consigue llamar a unos empleados del parque para que tiren las zapatillas con ayuda de una cuerda.
La pelota se queda en el árbol.
Los chicos marchan a visitar el Museo del Prado (inicio del segundo acto).

martes, 10 de marzo de 2009

La Rioja III

Para comer Queco ha reservado en Rivas del Tereso, en el Jose Mari, un conocido y reputado restaurante. La carretera desde Santo Domingo es un rollo patatero, rectas, una curvita, otra recta, etc. Pero bueno, la carretera que nos lleva al pueblo desde San Vicente de la Sonsierra es mucho más divertida. Una pena no tener tiempo de parar en San Vicente a hacer alguna foto o, al menos, dar un paseo porque tiene pinta de ser un pueblo precioso.
http://www.restaurantesmadrid.com/reportajes/asadorjosemari.html
Pero bueno, llegando al restaurante el cielo ya está encapotado, no creo que tarde mucho en llover. El pueblo es pequeñín, pero está lleno de coches de los clientes del Jose Mari. Aparcamos sin problemas, y tomo nota de las rutas que salen del pueblo, todas con destino a lugares arqueológicos. Para volver con tiempo en otra ocasión.
El sitio está lleno hasta la bandera, pero los platos que vemos por las mesas presagian una velada gastronómica espectacular. Y Queco, para no variar, ha acertado de pleno. Está todo riquísimo!!!!!
Me llamó la atención cómo dejan la botella de vino en la mesa, con el corcho sujeto al cuello de la botella.
Restaurante Jose Mari
Y si los platos principales son ricos (qué solomillo, qué solomillo), los postres nos dejan un sabor de boca perfecto. Menos mal que ahora va a conducir Barty, porque me da a mi que sino caigo dormido seguro.
mmhhhhhhhhh
Al salir del Jose Mari, empieza a llover con ganas, qué bien, nos hemos librado de la lluvia en el fin de semana.

Seguimos un rato a Vero y a Queco, que conducidos por su tomtom, se lían en algún cruce, je, je. Y al final tomamos la carretera correcta dirección Burgos.
Nos despedimos en una estación de servicio de la carretera de peaje y hasta la próxima, que espero que llegue pronto.
Además, quizá sea en las Hurdes, en “mi” terreno, ya veremos qué tal sale la excursión.

Por lo pronto, llegamos a casa cansados, pero con una sensación maravillosa de haber compartido un tiempo precioso, con alguna de la gente que más quiero en mi vida, y con la que compartir tiempo es recibir mucho más de lo que se da.

Madrid, 09 de marzo de 2009.

sábado, 7 de marzo de 2009

La Rioja II

Tras la comida damos un paseo por el pueblo, sobre todo para “bajar” un poco la comida, que estamos llenos a rebosar. El peque ya ha comido y está durmiendo la siestecilla en el coche tan pancho. Aprovechamos para echar unas risas y unas afotos.
foto de grupo

Mediada la tarde, marchamos dirección Logroño, para dar un paseo por la ciudad y saludar a Miguel y a M. Carmen, los primos de Queco. El día está un poco “tonto” meteorológicamente hablando, y al llegar a Logroño hace fresco y el viento es de todo menos vivificante.
Además se nos hace bastante complicado aparcar en la ciudad porque se está celebrando un mercadillo cerca del Espolón, así que Barty (cómo no) encuentra plaza, pero Queco y yo tenemos que dejar el coche en un aparcamiento público.
Hace un frío que pela, al menos para mi que voy en plan “guanchi” y no muy abrigado. Claro está, estos se parten.
Tenemos una mala noticia, Javitín puede tener conjuntivitis, así que nos acercamos a Urgencias donde nos atienden en 10 minutos; confirman que tiene conjuntivitis y volvemos al centro a buscar una farmacia para recoger el colirio que le han recetado. Además el ñajo se porta como un campeón, risueño, tranquilo, es un crack.
farmacia de guardia en Logroño
Y bueno, estamos en Logroño, Miguel (el primo de Queco) y M. Carmen, su mujer viven muy cerca, así que quedamos con ellos para dar una vuelta y tomar algo. Intento pasar a ver la catedral con Barty, pero están celebrando misa y no me gusta rondar los templos cuando los feligreses están celebrando los ritos; pureta que es uno. Así que seguimos de paseo hasta llegar a una bodega donde vamos a degustar uno de los reputados pinchos de Logroño; es muy sencillo, una pequeña ristra de champiñones a la plancha con una gamba trinchados con un largo palillo en un pan. Acompañado de una copita de un Crianza riojano, el pincho resucita a un muerto: riquísimo.
Pincho logroñés
No queremos llegar tarde a La Calera para cenar con tranquilidad en la casa, y tenemos que marchar de Logroño. Pero aunque salimos con tiempo, tenemos que hacer una pequeña parada improvisada para dar la cena al “ñajo” y, dudando si llegamos o no, llamamos tres veces a la casa rural: que cenamos a las 21:30, que mire que no llegamos, que si que aunque justo, pero llegamos. Ja, ja. Es el cachondeo de la noche.
Y todo ello aderezado por el Tomtom del Kia, que es un punto dando las indicaciones con la voz de Clemente, el ex seleccionador nacional de fútbol: que si gira en la rotonda, “Joé!!!”, que pareces de fuera, joé!!, etc. Un tronche. Aunque la opción que elijo del gps, una churri con voz meliflua, que tiene una coletilla insoportable “….entonces….”. No me gustan estos cacharros, aunque reconozco que son útiles.
Al llegar nos quedamos Vero, Quequín y el que suscribe para cenar, y Bea y Barty se suben con el peque para acostarlo y luego baja Barty a acompañarnos en la cena. La cena resulta bastante, bastante buena. Es un menú de 17 lereles, y los platos están muy bien, tanto de presentación como de realización. Cenamos bastante bien, una pena que Bea no nos pueda acompañar.
Estamos bastante cansados y nos subimos a la habitación, además mañana Queco tiene una carrera, una media maratón (21 kilometracos) y tiene que descansar. Esta noche, al contrario que la anterior, duermo como un bendito hasta las ocho de la mañana, del tirón prácticamente. Parece que mis pequeños fantasmas me han dejado tranquilo esta noche. Quizá se hayan bajado a dar una vuelta por el Monasterio de Yuso, je, je.
Aunque sigo echando de menos a alguien, es un poco rollo, pero a día de hoy es lo que hay.
A la mañana el día se presenta algo nublado, pero no hace mucho frío, espero que haya llovido por la noche para que Queco tenga buena carrera, pero no tiene pinta de haber llovido.

El desayuno, al igual que el sábado: con tran….qui…..li….dad, mucha tranqulidad. Además estamos todos menos Queco, casi a la misma hora.
Nos bajamos a Yuso pausádamente; las chicas dando un paseo con el cochecín y Javitín y los hombretones (ja, ja) con el coche, para bajar todos los bártulos. La visita a Yuso está bien, aunque el grupo es quizá un poco grande, pero la guía da las explicaciones pertinentes y es maja.
Claustro

Tras la visita, cafetito (invitados por Vero) en la Posada del monasterio y para intentar que J se coma el potito, tarea complicada y harto difícil. Pero bueno, Bea lo consigue con bastante eficacia; eso si ayudado por Barty y Vero que se dedican a entretener al comensal.
Nos largamos a buscar al corricolari, llegamos sin problema alguno a Sto. Domingo y recogemos al corredor; una pena que no de tiempo a visitar mejor el pueblo. Pero bueno.
Santo Domingo de la Calzada
Queco está contento con la carrera, además ha hecho un tiempazo: 1,35 horas, impresionante. Pero el jodío le quita importancia, es un crack!!!
Media maratón de Santo Domingo de la Calzada

Nos vamos en busca del restaurante, no está lejos de Santo Domingo, pero hay que pasar por varios pueblos y recorrer carreteras con largas y aburridas rectas, un sopor. Pero me ha dejado Queco probar el coche, y la verdad es que va muy bien, aunque es con motor de gasolina y me cuesta un poco pillarle el tranquillo (aunque a mi no se me cala, ejem , ejem).

jueves, 5 de marzo de 2009

La Rioja, 2009.

Al fin, al fin les pude echar el ojo encima a Vero y a Queco. Qué de tiempo hacía que no nos veíamos, desde el fin de año pasado. Pero bueno, los dioses fueron generosos y pudimos reunirnos todos un fin de semana.
La casa rural que habían elegido Queco y Vero estaba muy bien. Situada a tiro de piedra del monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, la casa La Calera tenía lo que necesitábamos para un fin de semana tranquilo; buenas vistas, silencio, habitaciones cómodas y espacio para dejar el coche y poder pasear con el cochecito del “peque”.
Yuso. San Millán de la Cogolla


Aunque claro, como no podía ser menos, al salir de casa un viernes a media tarde suele pasar que mucha otra gente tenga la misma idea y, efectivamente, se monte un atasquillo divertido en la carretera. A Barty le llevaban los demonios, je, je. La ventaja de ir de copiloto en un buen coche, supone poder ir charlando con Bea y Barty, mientras éste intenta sortear el tráfico y el peque duerme a pierna suelta, o casi.

Pero bueno, piano, piano, vamos avanzando hasta pasar el puerto de Somosierra y parece que el tráfico por aquí es más fluido, bien. Hemos quedado con Queco y Vero en la autopista de peaje, en un pueblo llamado Quintanapalla, y ahí nos reunimos. Cafetito y primeras charlas. Se meten conmigo como es normal en ellos, así que todo bien, je, je.
Retomamos la ruta, precedidos por el Kia Ceed de los burgaleses y su tomtom, que nos va guiando hacia San Millán.
Es un poco tarde y la casa rural no da cenas a partir de las 22:30, y llegamos bien pasada esa hora, así que no nos queda sino dejar las cosas en las habitaciones, dejar a Bea con el peque y largarnos a buscar algún sitio donde arramblar con algo de comida. Hay un bar cerca de Berceo donde nos preparan unos bocadillos calientes, a pesar de la hora, y volvemos a la casa rural a cenar. Por supuesto, la habitación elegida par tal fin es la del solterito, claro. Pero bueno, yo encantado de tener a mi gente zampando en “casa”, ja, ja.
A la cama, que es tarde y mañana hay que aprovechar la idem. Aunque claro, una cosa es decirlo y otra es hacerlo, el caso es que los primeros en bajar a desayunar somos Bea y yo, el peque ha desayunado en la habitación y se queda Barty con él hasta que se despierte.
El desayuno es la comida más importante del día y en La calera siguen al pie de la letra tal indicación; es una maravilla: embutido, queso, tortas, pan caliente, mantequilla mermelada, café y zumo. Una cosa es escribirlo y otra sentarse a la mañana en un salón con ventanales que dan al campo, en silencio total y disfrutar de tal ágape. Poco a poco, van llegando los otros miembros del “team”; llega Barty con el ñajo y mientras subo a la habitación a por el “cedé” de los burgaleses, me los encuentro saliendo de su habitación. Por supuesto, se reanuda el cachondeo con la famosa botella de Ron de Santi, hasta que se descubra qué es en realidad.
Desayuno consistente
El desayuno, pausado; charlando, hablando de nosotros y con el regalo para Vero y Queco. Indescriptibles las caras que se les quedaron al recibirlo. Lo cierto es que el album de fotos preparado por Bea ha quedado precioso, además del valor de algo realizado a mano. Y encima todos hemos colaborado; Barty cortando las cartulinas, el chache con la mayor parte de las fotos y Bea con más fotos y el trabajo de encuadernación, pegado de fotos, etc, etc. Creo que es un detalle bonito que se merecen, y mucho, Vero y Queco.
El caso es que a la mañana, salimos con los coches de ruta, con toda la parafernalia que se necesita: cochecito, bolsas con los “bibes”, ropitas y nuestras cosas. Y Queco sigue empeñado en no darme ningún tipo de información sobre la ruta. Pero lógicamente me fío al 100% del lechoncín.
Kia Ceed de Queco y Vero
Total, incidente con la Ertxaintxa (el Queco se coló en un convoy de coches de la Ertxaintxa y casi nos hacen un control) aparte, llegamos a Laguardia, en la Rioja Alavesa. Una preciosidad de pueblo, situado a los pies de la Sierra de Cantabria, con una larga tradición de bodegas y de viticultores. Damos un paseo por el pueblo, y terminamos en una bodega tomando un vinito para que el “guá” se tome el almuerzo, una pequeña aventurilla si le toca potito de carne. Pero bueno, al final algo se come gracias a la paciencia y habilidad de su madre.
Laguardia Rioja alavesa
Levantamos el puesto y seguimos dando un paseo por el pueblo, dando tiempo a que llegue la hora de la comida. Desde aquí vamos a Tirgo, un pueblín que cuenta con reputados restaurantes, uno de los cuales es El Pimiento, sitio que conocen los padres de Quequín y que le han recomendado. Recomendación tomada con alegría por nuestra parte nada más entrar en el sitio y ver las enormes parrillas con ascuas y chorizos, morcillas y chuletillas asándose. El sitio está genial, grandes bancos corridos con enormes mesas, una chimenea al fondo y no mucho barullo para el tamaño del sitio.
El menú es sencillo: patatas a la riojana, ensalada, morcilla, chorizos y chuletas de cordero. Acompañados por vino de Rioja (qué sino). Y de postre hojaldres caseros y cafetitos. Nos costó levantarnos de la mesa, la verdad.
Ñame, ñame!!!!