lunes, 12 de octubre de 2009

París 2009 II

Ostras, qué bien se duerme en la cama del hotel. Lo previsto es pegarnos la madrugada de padre y muy señor mío, y no sabéis lo que cuesta abandonar el edredón con el que nos cubrimos en el hotel. Además, las almohadas son comodísimas y claro, unos que están de vacaciones, no están por la labor de saltar de la cama como si fuéramos reclutas al toque de Diana.
El caso es que al fin nos levantamos, y como ya era de prever, el día amanece (tachán!!!) nublado. Bueno, Almu que es un poco friolera se abriga bastante en previsión del día en moto (luego veremos que no es para tanto) y bajamos a desayunar. El hotel cuenta con una pequeña cafetería con un discreto autoservicio donde tienen pan de varios tipos, café, zumo, yogures, queso y mantequilla. Y un tipo de bollo algo soso, que tiene un ligero sabor a mantequilla y dos cuernecillos y que por aquí es algo común, crosisant creo que lo llaman. Bah, poca cosa comparado con un Sobao Pasiego de Casa El Macho, las cosas como son.
Bajamos a por la Vespa (que ha pasado su primera noche en la calle, sin novedad), que arranca sin problema. Además la aguja del depósito ni se ha movido (no gasta casi nada el trasto este), cumplimos el ritual habitual y decididos sobre el recorrido allá que vamos!!!!! El tráfico es como el de ayer, una locura, la gente quiere llegar al trabajo o a la universidad y claro, van como motos (obvio). Hoy nos vamos a acercar a ver la zona guanchis de parís, el Pompidou, el Marais y alrededores.
reflejo
Tras equivocarnos otra vez en la dirección correcta, es decir la calle Beaubourg, llegamos a los pies del Museo Pompidou.
tuberías¿?¿?
Nos comentaron que los parisinos no habían acogido con mucho entusiasmo la remodelación del museo, y entendemos en parte por qué. El barrio es una zona residencial como las hay a decenas en París; casas antiguas, preciosas, clasicotas y muy bien cuidadas. Y el museo es un entramado de tubos enormes de colores llamativos y altísimo, un “pegote” en el sentido cariñoso del término.
Bordeamos el museo, para dar a una explanada en la que nos llaman la atención varias cosas: una fuente con unas esculturas móviles cuando menos extrañas (estos modernos!!!!) un bar con terraza con unas sillas “ad hoc”, es decir también de moderno diseño, y una enorme explanada de entrada cerca de las cuales nos encontramos a unos músicos mongoles (de Mongolia, vamos) que tocan el violín y (uno de ellos) cantan. Lo cierto es que es una delicia, porque cantan esas tonadas vocales átonas y casi telúricas, impresionante.
músicos mongoles
Pero lo más impresionante es que justo detrás de ellos, vemos a una mujer anciana, vestida con harapos y algo “ida”, que con un tesón digno del alumno de conservatorio chino más exigente, hace chirriar una cuerda sobre un violín casero y de una cuerda. Por supuesto el “violín” emite dos tonos, ambos estridentes e insoportables por monótonos y repetitivos, y erre que erre se nos hace insoportable el estar ahí y decidimos largarnos. El “punto” de la mujer es que, en un momento dado, deja de tocar, voltea el instrumento y lo revisa como si notar algo extraño, como indagando si estará desafinado craso error!!!!! O nuestro gozo en un pòzo, vuelve a girar el volín, toma el “arco” con la mano, y chirrín, chirrán, chirrín chirrán vuelve a la tonadilla de dos tonos, ja, ja!!!!! Salimos espantaos del sitio.
Bueno, tras pasear un pelín por ahí, bamos bajando piano, piano, hacia el Hotel de Ville (vamos, el ayuntamiento), un edificio discretito, como tantos por aquí. Lo mejor de todo es que lo vemos, lo re-vemos, y no sabemos que es el ayuntamiento hasta q, ya a la vuelta, me lo comenta Armando un compañero de trabajo. Ja, ja!!!
agua!!!!!!

Toma turistas ocasionales!!!!!!!!
Bueno, como una de las torres que vimos la noche anterior, buscando el japonés, fue la de Saint Jacques, decidimos acercarnos a verla. Es, bueno, algo así como una torre enorme, alta, preciosa, y restaurada. Leyendo un poco al pie, nos enteramos que es la torre de la destruida torre de Saint Jacques de la Boucherie, de estilo gótico flamígero. Lo curioso es que dicha iglesia era el punto de partida del llamado “Via Turonensis” del Camino de Santiago (una tirada, eh, que en tren a Madrid son doce horas).
Twin Towers
Una escultura (que no vimos, por cierto) al pie, conmemora a Blaise Pascal el físico que, desde esta torre, demostró el peso del aire. Toma ya!!!!!

Como quiero ser menos pesado que el aire, sigo con mi relato sin parar demasiado.
Así que, aunque es pronto, tomamos dirección hacia el bario Judio, el Marais, recomendado por los padres de Almu y que está bastante cuco. Emplazado en una antigua marisma del río, habitada en un principio por monjes, se ha convertido desde la década de los 80 en el equivalente (salvando las distancias) al Chueca madrileño. Es uno de los barrios más protegidos a nivel arquitectónico de París, lo cierto es que está bastante bonito.
rincón del barrio Judío
En el tramo que recorremos primero está plagado de tiendas judías; panaderías kosher, carnicerías kosher, pollerías kosher, restaurantes judíos, etc.
"El Murciano"
Me resulta cuando menos curioso una panadería, en la que hay bastante gente, que se llama “El Murciano”, así en castellano, pero como hay cola para comprar paso de entrar y preguntar al paisano el por qué (bueno, el purcuá que para algo estamos en Francia) del nombre. Como ya el hambre aprieta y al nene le apetece zamparse un falafel o algo así, nos metemos en un restaurante israelí que no tiene mala pinta. La comida no está mal, similar a lo que encuentras en un restaurante en Madrid, pero más caro. Sobre todo el bastonazo que nos meten con el café, un misérrimo café solo, pequeño, en plan chupito, y por 1,80 euros, un robo vamos.

Pero bueno, con la panza llena se ve todo mejor, y seguimos de paseo por el barrio. Pasamos junto al Centro Cultural Suizo, Barrio Judío
pero ni pasamos ni nada, no sea que nos obliguen a comprar un reloj de Cuco o nos deleiten con cantos tiroleses. El paseo resulta muy agradable, charlando con Almu y viendo la vida parisina pasar.
Vaya dos!!!!!
Por cierto, me da rabia porque encuentro que alguien ha tenido a bien realizar un grabado en su puerta con mi foto del DNI, qué morro!!!!!! Pero bueno, como al natural soy más guapo, no me mosqueo ;-)
a cada cual más bello

Nos reencontramos con la vespa y “ñiaaaaao” nos presentamos en un pis pas en San Eustaquio (qué nombre más mono para una criatura, se lo diré a ALmu) y decidimos echar un ojo a ver. Está junto a un enorme centro comercial que pasamos de visitar, por supuesto(con la grima que me dan) pero si recorrer sus jardines y ver el ambiente. Lo que me llamó la atención fueron dos cosas; primera, vimos a gendarmes en patines, qué modernos estos parisinos. Y segunda, el parque con mas´cuervos que he visto en mi vida. En lugar de pajaros, que también hay of course, en este parque lo que había eran cuervos, a puñaos. Y mira que es un pajarín que me gusta y que me cae bien, pero qué listos son los jodíos.

De la iglesia no tengo mucho que comentar, es llamativa la escultura en la plaza, en la que nos hicimos la fotiqui de rigor, y el interior (en obras) de la catedral. Estaba actuando un coro holandés y era una gozada pasear por la iglesia con semejante “hilo musical”.
espejo
“La construcción de la Iglesia de Saint Eustache comenzó en 1532 y se prolongó durante casi un siglo, aunque algunas partes nunca fueron acabadas. Por su proximidad con el Louvre, era considerada iglesia real, y fue especialmente célebre porque por ella pasaron, bajo diferentes circunstancias, reyes y personajes famosos: Luis XIV recibió aquí su comunión, Moliere celebró su casamiento, Ana de Austria y Mirabeau fueron velados en esta iglesia, entre otros.

En la Iglesia de Saint Eustache se encuentra uno de los órganos más grandes de Francia (el tercero después de Notre Dame y la Iglesia de Saint Sulpice), construido en 1854, lo cual, sumado a la excelente acústica de su impresionante cúpula, la convierte en el lugar ideal para quienes disfruten del sonido de alta calidad.”
http://www.mundocity.com/europa/paris/halles.html
Rosetón

Por lo demás, los jardines son bonitos y merece la pena hacer una parada.
Además, en la escultura de fuera, hacemos unas fotillos divertidas.
San Eustache
Como queremos llevarles algo a los peques (al actual y al “futuro”), decidimos pasarnos por una tienduca que se llama Galerías Lafayette, no creais, nada que ver con El Corte Inglés, mucho más cutre. Aunque eso si, algo más fashion. Madre mía que peazo tienda!!!!!!!!!.
collage en Lafayette

El caso es que, por mucho que buscamos ropa, juguetes, etc. de peques, rien de rien, vamos que ni de Blas. Lo que si veo son cosillas de Astérix (que me vuelve loco) pero a qué precios!!! Vamos, soy un poco freak del héroe galo, pero no tanto.
Total, que seguimos el periplo parisino de ese día dando un rulillo para tomar nuestro batobus, el barco ese que te da el paseo por el río. Antes decidimos echarnos una siestuca en el hotel que estamos algo cansados, además de aprovechar para abrigarnos más, porque tenemos idea de dar un paseo moteril con nocturnidad y alevosía para hacer fotos nocturnas.
ji, ji...
Así que nada, os dejo mientras descansamos un rato y luego os cuento más.
Dulces sueños…..