martes, 17 de agosto de 2010

¿anillo ciclista o basurero?



A pesar de los esfuerzos del personal de limpieza del ayuntamiento, así está un tramo del anillo ciclista de Madrid justo entre Mercamadrid y la Caja Mágica

miércoles, 11 de agosto de 2010

Mañana bicicletera



Ya tocaba bici de nuevo, después de más de una semana sin tocarla por varios motivos (avería de la rueda trasera, turnos en el trabajo, etc) ya tenía ganas.
No ha sido mucho, 47 kms. casi todos por la casa de Campo y me lo he pasado genial. Parece mentira que en pleno madrid tengamos reunidos tramos llanos, repechos duros, subidas mantenidas, tramos rompepiernas, etc. Y éso, sólo por carretera, que si vamos por senderos y caminos se multiplica.

Y es curioso el paisanaje; un tipo con una Orbea de montaña preciosa, y sin casco; las dos prostitutas de taconazos enormes llenando una botella de agua en la misma fuente en la que he parado a rellenar el bidón; el viejete corriendo a un ritmo que ya quisiera yo para mi y los que hacían cola para entrar al ZOO.
Mañana repito, si consigo pasar de los calambres que me venían dando en la última subida antes de llegar a casa, claro.

domingo, 1 de agosto de 2010

Francia Octavo Día. Y último.

Una vez leí en un libro de Chema Rodríguez “El diente de la ballena”, que la diferencia entre un turista y un viajero, es que el primero tiene fecha para la vuelta a casa.
Así que, como buenos turistas, nos disponemos a volver a casa. Nos hemos despertado en el hotel de Lourdes, es lunes y la diferencia de actividad respecto al día de ayer, domingo, se nota una barbaridad. Hay tráfico por la calle, pero el normal de una ciudad cualquiera: repartidores, coches particulares y alguna moto. Si acaso, las autocaravanas que en Francia son muy habituales para hacer turismo, que circulan buscando aparcamiento.
El desayuno del hotel no está del todo mal, a pesar de algún detalle en el que se fija Almudena y que hace que nos mudemos de mesa, todo más o menos bien.
Es bufé libre y los madrugadores (jodíos “jubilatis” es que no duermen o qué!) nos llevan delantera en el condumio. Café de máquina, zumo no-natural, etc. Pero bueno, por el precio que pagamos tampoco es plan de exigir bollería refinada.
Hablamos con la información meteorológica, es decir el padre de Almu, que nos confirma que para la tarde dan tormentas por todo el noreste peninsular. No me lo pienso demasiado, y salimos para entrar a España lo antes posible.
Pero claro, los moteros proponen y como tantas veces otros disponen, luego escribiré por qué.
La mañana está fresca así que genial, que siga así. Me da que cruzando Aragón no tendremos tan buen clima. Salimos de Lourdes con cierto alivio de dejar la ciudad, nos apetece retomar la tranquilidad de las carreteras de montaña y los pueblos pequeños.
La idea es subir el Aubisque, para que Almu disfrute del puerto y cruzar a España por El Portalet.
Pasamos por Argeles-Gazost y en la subida hacia el Soulur nos encontramos con ésto:

Claro que no me extraña si está situado en el sitio que está.
Los dueños muy majetes y el sitio lleno de recuerdos relacionados con el ciclismo. Por supuesto compro una taza del Tour de France. No dejamos de ver “bicicleteros”, la verdad es que el puerto es duro, pero muy bonito para hacer en bicicleta.
Seguimos la ascensión y al coronar el puerto, nos llevamos un chasco:

Sobran las palabras. Nos toca decidir qué hacer, volver hacia Lourdes o bajar hacia Pau de nuevo, para coger impulso y subir de nuevo hacia España y cruzar los Pirineos por el túnel de Somport.
Así que nada, bajamos el puerto hacia Pau, recorriendo más pueblos y carreteras comarcales, otra vez. me da que la moto no tiene muchas ganas, al igual que nosotros, de volver a Madrid
La subida por la nacional hacia “Saragossa” nos depera una agradable sorpresa. No hemos tenido apenas encuentro con la policía en el viaje, sólo hemos visto a los policías locales y dos gendarmes ayer controlando la velocidad en la nacional que va e Burdeos a Biarritz. Pero mira por donde, mientras disfrutamos de las cuervas dirección España, nos cruzamos con una pareja de gendarmes en BMW y el que va delante ¡nos saluda haciendo la “uve” con los dedos! Devuelvo el saludo mientras Almu se parte de risa, se ha quedado tan sorprendida como yo. Qué "moteros" son los motoristas en Francia, hasta los gendarmes.

El paseo, aunque nos retrasa es agradable, los pueblos son una chulada y el ambiente de lunes; alguna autocaravana, algún ciclista subiendo el puerto y poco más.
Nos hacemos la foto no sin cierta tristeza por dejar Francia. La verdad es que el viaje está siendo una gozada y nos da pena volver.

Cruzamos el túnel que es largo, largo, y fresco. Y tachán!!!!! Salimos a España.
El paisaje sigue siendo precioso, y me encanta comprobar que la gasolina vuelve a estar a un precio “razonable”. Qué gusto parar a repostar, llenar el depósito y poder pagar con la tarjeta sin pega alguna.

Mientras descendemos dirección Jaca, vamos pensando dónde comer que ya es hora y el hambre aprieta. Pasamos por Castiello de Jaca y vemos un sitio que nos parece majo, tienen menú por 10 euros y vemos furgones de reparto y algún coche en la entrada. Lo cierto es que no está nada mal, para el precio que tiene. Comemos ricamente, “fichamos” con la familia para que sepan que estamos ya en territorio nacional, y en marcha de nuevo.
El paso por Jaca se hace sin pena ni gloria, ni por el centro pasamos. Eso si, la carretera nacional es una gozada y el paisaje impresionante. Hacia nuestra izquierda empieza a formarse una tormenta amenazadora. Mientras se mantenga a una distancia prudencial no me preocupa, pero como soy perro viejo en lo de las tormentas, no la perderé de vista por si acaso. Con el calor que hace y las nubes que veo, me da que nos cojerá una tarde o temprano.
El calor aprieta y sin nada que perturbe nuestro rodar, salvo los 37 grados de temperatura, llegamos a “Caesar Augusta”. Buscamos una terraza a la sombra y nos deleitamos de un par de cervezas con limón, madre mía qué bien sientan. Un par de fotos después estamos rodando hacia Calatayud. Qué calor no hará que el corto trayecto hasta la citada ciudad se nos hace eterno. Mi culo no puede más y necesitamos parar en algún sitio, y nos apetece un café con hielo. Aprovecho para engrasar la cadena que ya pide jubilación a gritos. Voy con la mosca tras la oreja, y no levanto el dedo del embrague por si (sería raro, pero cosas peores se han visto) se partiera.

El bochorno que tenemos me escama, y aunque la idea es parar en Medinaceli a comer algo, la meteorología decide lo contrario. Paramos en una gasolinera a repostar y parece que tienen algún problema con la línea telefónica, y el empleado muy amable nos cuenta que el día anterior tuvieron tormenta y un rayo descargó cerca de la estación y les fastidió la instalación, así que estaban trabajando contrarreloj para arreglarlo. A mi me da igual pagar con tarjeta que hacerlo con efectivo, lo que me escama es lo de la tormenta. Ya he sufrido unas tres tormentas por esta zona en otros tantos viajes y sé que son repentinas, fuertes y con abundante lluvia o granizo. Al poco de salir de la gasolinera, mis peores pronósticos se hacen realidad y aunque el ambiente es seco, llevo un rato oliendo tierra mojada. Al culminar un collado, la visión que tenemos es de una gasolinera a la derecha el sol que se oculta y el fondo del valle con la carretera brillando de lluvia. En ese mismo instante en el que Almu comenta que “quizá debiéramos parar, ya me estoy metiendo en el desvío hacia la gasolinera. Entrando en ésta todo ocurre rápidamente; empieza por unas rachas de aire, con goterones de agua, luego se desata la lluvia mientras veo por la carretera tres motos que espero se den cuenta de la situación y se metan aquí, como así hacen. Llegan justo cuando está a punto de ponerse la cosa fea de verdad, se libran por los pelos. La granizada es brutal, y es casi imposible conducir, la que se lía en la gasolinera es de aúpa, nosotros charlamos con los moteros que vienen del Gran premio de Assen, mientras de los coches se baja gente con pantalón corto y chanclas.



La tormenta dura unos 25 minutos y mientras empieza a escampar nos ponemos los trajes de agua. A los pocos kilómetros, la carretera está seca, aunque veo un par de tormentas que nos flanquean por ambos lados. Almu comenta que quizá nos libremos, pero según es el viento, tendremos suerte si es así.

El espectáculo del atardecer por la Alcarria, viendo a lo lejos la tormenta abatirse sobre el campo soltando a cada poco un rayo, es memorable. No veo claro que la sorteemos, pero lo vamos a intentar. Justo llegando a Guadalajara nos caza la muy jodía, esta vez no es granizo, por suerte, pero la lluvia cae con tanta fuerza que lo parece. En el escaso tiempo que tardamos en encontrar una parada de autobús entrando en la ciudad, casi nos hemos calado. Por suerte la parada está clausurada y nos podemos quedar en ella sin molestar a nadie. Nos reímos porque desde que salimos de viaje hace ocho días y tras casi 3000 kms, hemos tenido la suerte de pillar lluvia ya cerca de casa, con lo que no hay prisa en volver. Cuando la intensidad de la lluvia desciende, salimos de nuevo a la carretera y nos llevamos una de las sorpresas de la tarde; vamos a unos 90 por hora porque el suelo está encharcado y nos da una pasada un tío con un T max 500 en manga corta y pantalón corto, que nos quita las pegatinas. La gente está “mú mal”, ja, ja.
Poco a poco la carretera se va secando y poco a poco vamos llegando a Madrid. Voy pensando mientras recorro el conocido tramo de M-30, en lo alucinante que ha sido hacer el viaje con Almu; han sido ocho días en moto rodando por carreteras preciosas, visitando lugares espectaculares y todo eso en moto. Los que llevamos moto sabemos lo bonito que es viajar en moto, pero no creo que sepamos lo duro que es viajar de copiloto. ¿cuántos de nosotros los haríamos al revés? ¿Es decir, si la que llevara la moto fuera ella? Me atrevo a escribir que muy pocos. Yo no creo que lo hiciera, la verdad, con lo que mi admiración y agradecimiento es para mi chica, que se ha portado como una “jabata”.

Y así llegamos a la entrada del aparcamiento; cansados pero felices, con 3.029 kilómetros en el marcador de la moto, que se ha portado fenomenal, y con la sensación de haber podido seguir otros tantos de no haber sido por la cadena y por la falta de días.
No sé si repetiremos un viaje largo en moto en poco tiempo, pero por potencial y por ganas de los dos, lo haríamos sin dudar.
Por ahora, nos conformaremos con salidas de uno o dos días por España, que también es una tierra agraciada de miles de rutas posibles en moto. Ya veremos qué pasa el año que viene.
Almu y Santi
Madrid, 1 de agosto de 2010.