martes, 26 de julio de 2011

ALPES 2011. Últimos días, Llança-Madrid

¿Habéis escuchado alguna vez a un pavo real? Un ave originaria del subcontinente indio que se caracteriza porque los machos lucen un espectacular plumaje, sobre todo, para atraer a las hembras en época de celo.
Los que sabéis a qué bicho me refiero, también sabréis que su canto es lo opuesto a la belleza de su plumaje además de emitir el grito a un volumen majo, supongo que para atraer a las hembras (mucho más discretas en todos los sentidos) a través de los bosques en los que habitan.
El caso es que en el hotel tienen unas parejas de pavos reales y uno que tiene oído de tísico, lo primero que escucha por la mañana es el canto del pajarraco éste. Bueno, lo cierto es que hoy no tenemos ninguna prisa, vamos a dedicar el día a recorrer la zona con la moto y a descansar paseando, así que tampoco es que el bicho me haya molestado en exceso.
Hemos dormido genial y nos apetece cuidarnos, así que toca zampar un buen desayuno y darnos una vuelta por la Costa Brava.

Estamos en temporada baja y sólo compartimos desayuno con otra pareja. El desayuno del hotel es espectacular, además el comedor tiene una terraza (que estrenamos nosotros) magnífica así que nos salimos a desayunar al aire libre. Tienen desde pan payés, hasta pan integral, butifarra blanca, negra y fuet, queso, yogures, cereales, y bollería variada (y rica), y un largo etcétera. Una maravilla. Es curioso, en casa no soy de desayunar fuerte, pero cuando viajo en moto me gusta cargar pilas al desayunar y tengo hambre (aunque no como mucho dulce) así que me viene genial que algunos hoteles ofrezcan buenos desayunos.

Bueno, hoy no tiene mucho chiste el día, queremos subir de nuevo a Francia para dar un paseo por Collioure, disfrutar de la carretera y sus curvas y pasar la tarde por el Cabo Creus.
Pasamos la mañana entre la visita a Collioure, volver de nuevo a España (siempre me ha llamado la atención Portbou) y bajar de nuevo a Llança para pasear por el parque natural del Cabo Creus y bajar a Cadaqués a comer. Mi restaurante habitual, en realidad es un bar pequeño llevado por un matrimonio mayor, está cerrado, así que probamos fortuna en “Es Torradet”, donde nos zampamos una hamburguesa (casera y muy rica), una ensalada y un buen par de cervezas por poco dinero y nos dejamos caer por el Boia, un bar con terraza frente al mar a relajarnos, tanto es así que casi me quedo frito. Lo único que no me deja dormir es una mujer mayor, sentada en la mesa contigua con dos amigos, que no para de rajar, pero ni parar. A todo esto, los amigos que la acompañan no abren los pobres la boca salvo para decir “ajá”, “claro”, “si”, etc. Alucinante la tía tú.
Nos acercamos un rato al Cabo Creus, a dar un corto paseo y a tomar el sol descansando en unas rocas con vistas al mar, de relax total vamos.



Pero bueno, tras el rato de descanso y contemplación marítima, nos volvemos hacia la moto para volver hacia Llança y dar un paseo por el camino de ronda, recordando los veranos que me venía a bucear aquí. Ahora lo han asfaltado y han colocado barandillas, que suponen más seguridad para los paseantes pero le quitan el encanto “salvaje” que tenía el sitio.

El atardecer es muy bonito y decidimos acercarnos a buscar donde cenar a Port de la Selva. Al ser temporada baja, no hay casi ambiente ni sitios abiertos, pero nos decidimos por “Ca la Paquita”, en el puerto y justo encima de la lonja. Cenamos fenomenalmente bien, el pescado fresco, fresco y los mejillones en salsa me “cuestan” cuatro rebanadas de pan los muy jod…..s . Recomendable el sitio, la verdad.
Vuelta al hotel y a dormir que mañana nos queda un paseo majo hasta Madrid.
Dormimos fenomenal de nuevo y con pocas ganas, tras la ducha y el desayuno, preparamos la moto para el viaje. Sabemos que se acaba y no nos apetece mucho volver, con lo bien que se está de viaje.
Bueno, la jornada no tiene demasiado chiste, salvo el pasar por Gerona para que mi chica se quite la espina de no conocer la ciudad y seguimos ruta por el peaje hasta Martorell para tomar el desvío hacia Lérida por la N-II y es con diferencia el tramo más aburrido y caluroso de todo el viaje. Pasamos por Los Monegros con algo de calor y hambre así que toca parada gastronómica, en Candasnos, el sitio se llama “La Cruzanzana” y nos zampamos un montado de lomo (un servidor) un plato combinado de lomo con ensalada (Almu) que nos saben a gloria. Por cierto, que vemos un camión con una decoración curiosa.

Poco a poco seguimos camino, parando lo justo para descansar y estirar las piernas, paramos un rato en Medinaceli que también Almu tenía ganas de conocerlo y nos tomamos una cerveza en una terraza.

Y poco más que contar, la verdad, la vuelta a Madrid como imaginaréis sin novedad, algo de tráfico rápido pasando por el corredor del Henares, y llegamos al barrio. Para redondear la cifra de kilómetros, tomamos un pequeño desvío antes de llegar a casa y le caen a la moto los 5.000 km del viaje.
Llegamos bastante frescos la verdad, muy felices por el viaje y Almu encantada. Mi cuarta visita a Los Alpes se ha saldado con nuevos puertos de montaña recorridos y nuevas perspectivas de los ya conocidos. Y con muchas ganas de volver con la bicicleta, en un futuro, a intentar medir mis fuerzas con algún gigante alpino.
Almu se ha portado fenomenal, es su segundo viaje largo en moto y cada vez está más enganchada y yo también claro. Es más, raramente monto en moto solo, si salgo con ella es para el día a día (trabajo, gestiones por la ciudad, etc) pero viajes o escapadas, no sin mi chica, je, je.
La moto, una pasada: 162.000 kms y sólo gasta algo de aceite, sigue aguantando muy bien el paso del tiempo y de los kilómetros.
Por ahora toca dejar un poco los viajes largos en moto, aunque no las escapadas breves. Pero sólo quedan en hibernación, Almu lo tiene clarísimo.

lunes, 18 de julio de 2011

ALPES 2011. Día 10 Corps (Francia)- Figueres (España)


¿Qué tendrán estos hoteles de lujo que enseguida te haces a ellos? Al cómodo colchón, a las elegantes cortinas, a la ducha con agua calentita. Bueno, pues como no queremos hacernos demasiado al hotel (que de lujo tiene lo mismo que de exótico) salimos pitando tras la ducha y recoger los trastos y equipaje. Saco la moto del aparcamiento del hotel y en un momento estamos en el restaurante pagando la cuenta. Si ayer nos pareció un sitio cutre, con la tibia luz del amanecer sin clientes y con el mismo reparto y atrezzo que anoche ya nos parece sórdido, así que ni un café nos apetece tomar. Además, un bicho disecado sobre la barra me mira mal. Nos largamos no sin cierto alivio. En defensa del hotel he de decir que era muy tranquilo y descansamos muy a gusto, así que mal del todo no estuvo.

Pero hoy el destino es hacia el sur, para buscar la Provenza y los Alpes marítimos, desde Gap, hacia Avignon, con un pequeño desvío para visitar uno de los puertos de montaña del Tour que, por razones que sería largo enumerar, se me ha resistido a la visita varias veces: el Mont Ventoux

La carretera nacional está despejada corre un ligero viento fresco del noroeste y el paisaje es bonito. A nuestra derecha dejamos, sin apenas ver, el “Lac du Sautet”, porque tenemos camino por delante y nada más salir no nos apetece hacer una parada, pero os lo comento por si os apetece hacer una visita, porque el sitio no tiene mala pinta. A mí me llaman más la atención los farallones calizos que bordean y configuran el valle por el que circulamos, de color blanco y muy elevados, son las últimas estribaciones del macizo de Écrins hacia el sureste.

No tardamos mucho en llegar a Gap, andamos buscando alguna cafetería en los pueblos por los que pasamos, así que nos toca entrar en la ciudad. Buscamos el centro y vemos un sitio que tiene buena pinta y podemos dejar la moto aparcada cerca. El sitio es un acierto, ya que es una cafetería-pastelería con unos croissants riquísimos y un café bastante rico y muy bien de precio.

Una vez con el estómago lleno, queremos salir lo antes posible de la ciudad y buscar la carretera hacia Carpentras. Tomamos la comarcal hacia Nyons y ya se nota totalmente el cambio de paisaje; campos de cereales, frutales (son abundantes los puestos ambulantes frente a las granjas vendiendo albaricoques, cerezas y melocotones) y olivos. Y el calor que ya empieza a darnos caña. Vamos, que echamos de menos Los Alpes no sabéis cómo . Coincidimos en los primeros kilómetros con un grupete de moteros austríacos que se desvían hacia el norte, buscando el fresco de Los Alpes. Uno de ellos lleva una AT igual que la de mi amigo Antonio, siempre pienso que Honda metió la pata dejando de actualizar la Africa Twin, dejando la puerta abierta a BMW que se ha zampado su parte de pastel en cuanto a ventas de “Maxi Trails”, con perdón de las casi minoritarias Varadero, KTM 990, etc.

En fin, es lo que toca al llegar hacia el Mediterráneo. Para comer, hoy es de los pocos días que lo podremos hacer, compraremos algo en alguna tienda y buscaremos un sitio chulo para hacerlo. Así, al pasar por Verclause, paramos en una tienda a comprar queso local, fruta y algo de bebida, a ver si es posible comer al aire libre cerca del Mont Ventoux. La carretera sigue la corriente del Eygues penetrando en una garganta de roca caliza. Según he leído, por aquí a la noche, se levanta un viento llamado Pontia o Pontias, que es bastante fresco y que en verano hace que las noches sean llevaderas. Ahora, como son casi las doce de la mañana, no hay viento ni nada que se le parezca, así que vamos con algo de calor. La carretera es muy bonita, pero claro, comparada con las de Los Alpes echamos de menos el color verde y el frescor; no se puede tener todo. La garganta serpentea y la carretera es fiel a su trazado, con lo que las curvas están aseguradas; buen territorio para ir en moto, de las que nos encontramos unas cuantas. Llegamos a Nyons, que es el pueblo que cierra la entrada a la garganta y que tiene muy buena pinta, la verdad es que es bastante bonito.

Seguimos dirección sur y en media hora llegamos a Malaucène donde coincidimos con la hora de vuelta a casa del trabajo y el atasco es monumental, pero veo que un coche se mete por una carreterilla lateral y me lanzo siguiendo su estela, le doy al Gepeto y nos mete por un par de carreterucas cuaternarias pero nos saca a una carretera preciosa que pasando por un bosque de pinos precioso, nos deja justo en nuestro destino: Malaucène*.

Bonito pueblo con un ambiente motero y “bicicletero” alucinante, es casi la hora de la comida (en Francia, ya sabéis) y todos los restaurantes con sus terrazas están llenos, pero hay mucho trasiego de motos y de bicicletas. En el paseo principal llaman la atención sus centenarios plátanos, enormes y que proporcionan un oasis de sombra y frescor al pueblo. No nos quedamos mucho tiempo, así que comenzamos la subida y ¡zas! salta la reserva de la moto, será jod…a. Bueno, no llevamos ni 500 metros así que nos damos la vuelta y buscamos una estación de servicio. Preguntamos a un chaval con un ciclomotor y nos dirige hacia la gasolinera que, como es habitual, no está atendida. Tras probar todas mis tarjetas y empezar a jurar en arameo, al final Almu prueba con una de las suyas y le funciona, no diré de qué banco para no herir susceptibilidades. Al poco llega una adorable pareja británica que tiene el mismo problema con el boquerel para servirse así que les echamos una manilla.

Bueno, al lío, que ya estamos listos para subir al Mont Ventoux**, uno de los puertos casi con mística dentro de los del Tour de Francia. Si vamos por las carreteras de la zona, es normal ver el monte desde lejos a nada que el día está despejado, ciertamente es una montaña de entidad. Aparece solitaria y más bien lejos del macizo alpino, incluso de la vecina sierra de Luberon y su cima está pelada de vegetación y es de roca calcárea lo que hace que desde lejos parezca nevada. Es impresionante.

Desde el pueblo es una subida larga, de 21 km y no da margen al descanso. Los primeros kilómetros son llevaderos, ya que vamos cubiertos del viento y hay bastantes curvas. El asfalto es bueno y nos encontramos alguna moto que otra pero, sobre todo, muchos ciclistas: casi parece el paraíso del “Grimpeur”.
Vamos subiendo y poco a poco se abre más patio, las curvas son algo más amplias y aparece algún tramo más llevadero, pero ya en el desvío, dejando justo la zona arbolada la carretera se vuelve brutal, tramos con visibilidad de 200 o 300 metros , sin apenas giros y sólo la pendiente y la gravedad que nos pega las ruedas al asfalto. Bueno, se me olvida que nosotros vamos en moto y con casi cien “CaVallos” bajo el asiento, pero es que veo las caras de algunos de los cicloturistas que nos vamos encontrando y me pongo en su lugar. Ya afrontamos los últimos kilómetros de subida, justo cuando ya vemos el observatorio, antes de llegar a la cima donde está la torre de comunicaciones.

La llegada a la cima es una fiesta, sobre todo por los familiares y acompañantes de los ciclistas que han venido a enfrentarse al puerto. Además Almu alucina con los dos puestos de golosinas que hay en el aparcamiento, por supuesto compramos unas pocas.

Estamos un rato observando el paisaje (se domina el territorio en 360º), el paisanaje y los vehículos que nos acompañan en la cima del monte. Muchas risas, sobre todo de los ciclistas que han vencido al puerto, y sonrisas de disfrute de los que, sin haber llegado sudando ni sufriendo, también disfrutamos del sitio. Además, así lo puedo tachar en mi lista de lugares para visitar. Vale, aún me quedan muchos, pero al menos me quito el M. Ventoux por el que he pasado cerca varias veces en mis viajes hacia Los Alpes y no había podido pasar.
Una vez disfrutada la visita, nos acercamos por la vertiente norte para ver la otra perspectiva del puerto y visitar el monumento a Tom Simpson***, fallecido tristemente en el Tour del 67 justo en el lugar en el que se levanta su monumento. Hay que recordar que el ciclismo era de otra manera y se manejaba la salud con bastante desconocimiento. Además, no se dejaba que los equipos proporcionaran bebidas a los ciclistas salvo en el avituallamiento con lo que pararse en fuentes o asaltar bares (literalmente) era moneda común en aquéllos años. Y la muerte de Tom Simspon fue un cúmulo de malas decisiones, correr aquél día con el estómago hecho polvo, meterse las habituales anfetaminas para aumentar el rendimiento y tomarse un buen trago de coñac que le ofreció uno de sus gregarios.

Estamos un momento algo sobrecogidos por el lugar y el monumento y volvemos hacia arriba para descender el puerto por el camino por el que subimos. En el tramo de subida hasta la antena, pasamos a un ciclista de unos 45-50 años que sube andando empujando su bici, imagino porque le ha visitado el “hombre del mazo” o ya está desfondado, pero ahí va el tío, caminando porque ha de terminar y culminar su sueño de subir el Mont Ventoux, ole por él.

Comenzamos el descenso y buscamos un sitio donde parar a comer, Almu recuerda un par de sitios que vió en la subida y localizamos uno de ellos; en plena curva, con sitio para dejar la moto aparcada sin peligro y bajo la sombra de los pinos como dice la canción, una mesa de picnic para comer tan ricamente. La verdad es que se está genial, tenemos la carretera al lado y podemos disfrutar de las motos que suben y bajan (algunas realmente rápido) y también de los ciclistas que siguen (a pesar del calor que ya es majete) subiendo hacia el puerto.
Una vez con la tripa llena, la idea es descender el puerto y buscar la carretera hacia Avignon, para hacer una pequeña parada cafetera y ver un poco la ciudad. Tomamos la carretera y llegamos sin problema a la ciudad y comprobamos de nuevo cómo en los accesos a las rotondas a nada que haya tráfico y retención, los coches se apartan para dejarnos pasar a las motos, vamos igual que en España que si pueden te cierran el paso, je, je.
Avignon**** (al igual que la vecina Nimes) merecen una visita de un par de días, recomiendo no hacerlo en pleno verano porque me da que hace calor en esta ciudad, pero merece la pena. Nosotros sólo queremos buscar una terraza para tomar algo fresco y ver un poco la ciudad, pero la zona del palacio de los papas es peatonal y no quiero dar más vueltas por la ciudad; terracita fresca y descansamos un rato.
Ahora nos toca autopista hasta España, así que el tramo os lo ahorro porque es un poco aburrido, hace bastante viento racheado del noroeste y bastante calor.
Dejamos la autovía antes de la frontera, ya que la idea es que Almu conozca la frontera francesa por la costa, pasando por Collioure, Banyuls, Cerbère y ya en España Portbou y Llança.
La carretera es una maravilla, bien asfaltada y con muchas curvas cerradas, ideal para ir en moto. Aunque durante el verano suele tener un tráfico muy elevado y es un poco rollo, pero ahora casi no nos encontramos a nadie y es divertidísima.
En LLança he estado varias veces porque es una zona que me gusta mucho y bucear aquí es una gozada, así que buscamos el hotel donde me hospedé una de las últimas veces que vine por aquí. Lo malo es que no recuerdo el nombre del hotel, pero al pedirle al GePeto que nos busque, nos indica el hotel Gri-Mar. El caso es que me suena muchísimo el nombre, pero el trasto se confunde y nos acerca al hotel Grimau. Por curiosidad Almu pregunta el precio de la habitación y nos echamos unas risas. Total, que seguimos buscando hotel y al dar la vuelta por la carretera, yo que sigo mascando lo de Gri-Mar, al final pasamos justo por la entrada al hotel, que ya me suena perfectamente, y bingo, hemos llegado. Nos confirman que no hay problema, el hotel no es barato pero el sitio está muy bien y creo que merece la tarifa. Además, estamos cansados y las horas que son no es plan de intentar buscar algo más económico. Cena rápida en el hotel y a descansar. Además, tras la paliza de viaje y el buen tiempo que tenemos, nos apetece quedarnos por aquí un día más y disfrutar de la Costa Brava. Mañana será día de asueto y ruta corta sin equipaje, así que a descansar toca, que estamos fritos.

Buenas nochezzzz

*http://www.malaucene.fr/
**http://es.wikipedia.org/wiki/Mont_Ventoux
***http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Simpson
****http://www.ot-avignon.fr/

viernes, 8 de julio de 2011

ALPES 2011. Día 9 Chamonix-Corps

Las mañanas de mediados de junio son frescas en Los Alpes franceses. Hemos dormido como ceporros y no nos cuesta mucho levantarnos, al mirar por la ventana y ver el cielo lo veo un poco encapotado, qué raro.

Ducha calentita y salimos a la calle para desayunar, el hotel nos sale por 60 euros pero no incluye desayuno y lo cobran a precio de oro (10 eur/persona), así pasa que cruzamos el comedor y no hay nadie desayunando. Frente al hotel hay un pequeño bar con una pizarra que ofrece desayunos de croissant y café por 1 euro, en este caso la palabra mágica no es “1 euro”, es “croissant”; Almu tiene debilidad por la pastelería francesa, así que allá que vamos.

Nada más entrar, pedimos los cafés y el camarero nos ofrece una cesta con tres croissants con una pinta estupenda y lo que tenía que pasar pasa; nos zampamos los tres porque están riquísimos. Es más, los tres de la cesta son los últimos que quedaban en el bar porque entra alguien a preguntar y la respuesta es, mirándonos a los culpables, “Je suis désolé”. Lo sentimos pero haber madrugado más.
Vuelta al hotel a preparar los bártulos y empieza a caer una lluvia fina pero molesta y por si las moscas, sacamos la ropa de agua. Salimos del pueblo hacia Chamonix y al poco deja de llover y se abren claros según avanzamos por el valle, así que parada rápida y nos despojamos de los “condones”, que ya estamos cansados de llevarlos, no los volveremos a tocar hasta llegar a casa y deshacer el equipaje. También dejamos pendiente una visita futura al pueblo porque tiene mucho que ofrecer, no ya escalar el Mont Blanc que eso cualquier montañero con un mínimo de formación y con guía lo puede hacer, al menos la cara sur que es sencilla, sino para patear por aquí que hay cientos de rutas para todos los niveles y es un paraíso para el Mountain Bike. Hala, apuntado en la agenda queda.

La idea hoy es cruzar algunos puertos de los Alpes franceses y llegar cerca de Gap, así que vamos dirección Albertville buscando siempre ir por carreteras nacionales o comarcales, que tenemos tiempo más que de sobra. Pasamos por Megève, preciosa localidad de la región Ródano-Alpes y una importante estación de esquí. Desde aquí hasta Ugine, recorremos una preciosa carretera comarcal plagada de curvas que atraviesa gargantas de roca y paisajes arbolados impresionantes. Un tramo de carretera nacional, donde los coches que hemos adelantado desde Megève se “vengan” y nos adelantan casi todos a toda pastilla, si es que para ir por carreteras de curvas, donde esté una moto….

Desde Albertville, famosa por haber celebrado los JJOO de Invierno de 1992, tomamos la N-90 hacia el sur y antes de llegar a La Lechera, digo a La Léchère, nos desviamos para empezar con el primer “col” del día, el Col de la Madeleine*.

Nosotros lo subimos por la vertiente norte del puerto, que es la suave y ya asusta, aunque reconozco que cuando nos tocó descender la otra vertiente el susto fue aún mayor. Pero no adelantemos acontecimientos. El puerto se inicia con un tramo muy bonito, ratonero y con muchas curvas de herradura. Además la vegetación abraza la carretera con sus árboles como si fuera ésta la que atravesara un bosque y no los árboles los que hubieran crecido en los márgenes de la misma; preciosa. Veo que han colocado unos pequeños mojones indicando cada kilómetro, lo que queda a meta y el desnivel del kilómetro siguiente, me parece una buena idea para poder ir dosificando y haciéndote una planificación de cómo afrontar el puerto kilómetro a kilómetro.

Poco a poco la vegetación va cambiando y en los últimos kilómetros da paso a prados de montaña, últimos kilómetros por cierto realmente duros y con un desnivel del 10%, que es una barbaridad después de 24km subiendo. Eso sí, las vistas desde el alto son alucinantes y más con el día despejado que tenemos hoy. Por cierto, que adelantamos a algunos ciclistas pero nos llama mucho la atención uno en particular, ya que monta una bici de paseo y rondará los 70 años y va tan tranquilo el tío. Lo mejor al llegar al puerto, que le está esperando una mujer, su esposa posiblemente, y el tipo está fresco como una lechuga. Vale que haya subido a un ritmo tranquilo y metiendo poco desarrollo en la bici, pero sólo con el repecho que ha subido último, es para quedarse boquiabierto. De coña.


Parada para echar alguna fotillo, respirar y gozar de este aire puro y hala, a bajar. En la bajada coincidimos con un francés que lleva una moto bastante popular aquí y que, no sé por qué, no se vendió en España; la Kawasaki GTR 1000. Si sois aficionados al ciclismo y a la Vuelta a Francia en particular, sabréis que moto es porque era la más utilizada por los gendarmes y por os equipos de cobertura de la carrera, por ejemplo los cámaras de televisión. Una buena moto, rutera, similar en concepto a la Paneuropean o RT de BMW y que, sin embargo, Kawasaki decidió no importar a España. El caso es que dejo pasar al tipo porque va solo y lleva mejor ritmo que nosotros que, además, queremos bajar despacio para disfrutar del puerto. Nos cruzamos con muchos ciclistas que están enfrentándose a este largo (20 km) y duro (7.38 % de media) col, la moto más que descender parece que se tira al vacío, de lo elevada que es la pendiente y ellos ahí, sufriendo y agarrando con fuerza el manillar y dando golpes de riñón para buscar fuerza. No me cansaré de repetir que aquí son muy, pero muy aficionados al ciclismo porque atreverse con estos puertos como cicloturista es de quitarse el sombrero.

Llegamos a La Chambre (sí, se llama “La Habitación”) donde buscamos alguna tienda de comestibles, pero por más que buscamos no vemos ninguna abierta. Lo que me escama es que pasamos por la zona comercial y hasta el “Intermarche” (más o menos como un Carrefour aquí) también está cerrado, además por los pueblos apenas se ve gente. Le comento a Almudena que ha de ser festivo porque otra explicación no veo, así que decidimos encarar el “Col du Glandon” y esperar encontrar algún sitio abierto para poder comer. El inicio del puerto es similar al anterior, con no demasiado desnivel y con mucho arbolado rodeando la carretera, pero aún siendo algo más corto enseguida cambia de carácter y se nos muestra como es, altivo y desafiante. Los últimos 8 kilómetros son temerosos, con repechos casi imposibles de subir y con pendientes medias del 10% y con repechos del 15% en los dos últimos, como luego pude comprobar en altimetirias.com. Almu está extasiada con el paisaje y las vistas y, al mismo tiempo, alucinada con los tramos de carretera que estamos ascendiendo. Un último repecho entre dos curvas, nos parece demoledor y paramos porque llevo un rato con la moto en 1ª y 2ª y no quiero forzar demasiado la cadena.


Aprovechamos para hacer un par de fotos y disfrutar del lugar sin que nadie nos moleste. El último tramo es brutal pero ya hemos llegado. Aparcamos la moto junto a las bicis de los verdaderos héroes del puerto, los cicloturistas, que están intercambiando opiniones, aunque a alguno se le ve tocado de verdad.

En la bajada, corta, hasta el cruce hacia la “Croix de Fer”, vemos un sitio con muchas posibilidades, es el Chalet du Glandon, un pequeño restaurante de montaña (el equivalente a a una Venta en España) con terraza (imaginar las vistas) y donde están reponiendo fuerzas motoristas y ciclistas por igual. Así que dejo la moto junto a una XTZ 1200 y una FJR 1300 finlandesas y vamos a zampar. Pedimos el menú Saboyardo, con tartiflette y ensalada, que está muy rico y mientras disfrutamos del paisaje. No dejan de pasar motos, sobre todo grupos y ciclistas, muchos ciclistas. El ambiente festivo y la cantidad de franceses en moto o bici me hacen sospechar que hoy es fiesta en Francia y al llegar a casa lo confirmo: es lunes de Pentecostés.

Tras la comida, y como postre, subimos hasta la Croix de Fer, un puerto precioso y que al llegar nos muestra las vistas de la vertiente este, la más dura y larga (30km) desde Saint-Jean de Maurienne. Aquí se produce una de las tantas anécdotas protagonizadas por nosotros en este viaje aunque por respeto a la persona no comentaré cómo fue la jugada. Sólo indicaré que uno de los dos vió un CASTOR en un prado alpino, y hasta aquí puedo leer. Je, je, je….

ESTÁN LOCOS ESTOS MOTEROOOOOOOSSSSSSSS......

No paramos mucho ya que aún nos queda por visitar uno de los puertos realmente nombrados, famosos y conocidos del Tour de Francia, así que desandamos un trecho del puerto y nos lanzamos hacia el valle, hacia “Le Bourg d'Oisans”: vamos a subir el Alpe d´Huez.**

El descenso se hace largo, no en vano son 31 km hasta el valle, pasando por Allemond, pueblo precioso situado a orillas del “Lac du Verney” y que goza de fama por sus campings. Sin dilación nos dirigimos hacia el noreste, para tomar el desvío hacia el "Alpe". En mi memoria de ciclista tengo incrustadas dos imágenes que no creo podré olvidar nunca y que me hacen vibrar cada vez que las rememoro. La primera de ellas es en el Tour del lejano año de 1995 el último de Miguel Indurain, cuando un ciclista italiano, calvorota y delgaducho, se lanzó a toda pastilla dejando a los favoritos detrás, con B. Riss intentando alcanzarlo e Miguelón intentando no perder demasiado tiempo y subió como si llevara un motor en las piernas: Marco Pantani, impresionante, cómo lo echo de menos en las carreras. Y la segunda la protagoniza un norteamericano de Austin, Texas, vestido con un maillot amarillo de líder: Lance Armstrong en el año 2003 la de la famosa caída junto a Iban Mayo y Ullrich y posterior demostración de poderío y pundonor del americano, sensacional.

Nosotros somos más modestos y haremos la subida en moto, aunque veremos muchos émulos de Pantani o Armstrong retando las fuertes pendientes de este famoso puerto. La parte más dura posiblemente esté en los primeros metros, con una primera rampa durísima, para luego irse suavizando un poco. Aún así las cifras no engañan, y los 13 km al 8.19 de media hacen de este “corto” puerto, uno de los más selectivos en el Tour de Francia. Las vistas, sobre todo en el descenso, son espectaculares, ya que se divisa todo el valle como si de un mirador hecho de curvas se tratara.
Ahora toca ir buscando el sur, que ya vale de puertos por hoy, así que nos decidimos por la ruta más corta y pintoresca, la que nos lleva cruzando el tramo occidental del parque nacional de Écrins*** hacia La Mure para luego descender por la nacional N-85 en dirección Gap, por la llamada Ruta de Napoleón****.

La carretera es una delicia, con muchas curvas y buen asfalto, no presenta nada de tráfico en nuestro sentido, aunque sí muchos coches que vuelven después del día de fiesta. Pasamos por un pequeño pueblo llamado Corps, (nombre que no se nos olvidará en bastante tiempo) y vemos que hay oferta de hoteles. Es un pelín tarde y más estando en Francia así que buscamos uno que tiene buena pinta aunque parece medio cerrado y por el telefonillo me comunico con la dueña del mismo. Una mujer amable aunque de aspecto algo descuidado (en este caso descuidado es un piropo) que por 50 euros nos deja una habitación maja con ducha y aparcamiento para la moto (junto a una KTM 990 Adv.) así que aquí nos quedamos, a pesar de las reticencias de Almu. Nos cambiamos y subimos hacia el restaurante, un sitio digno de la familia Adams, por el aspecto del sitio (variados bichos disecados, incluida una ardilla), de los empleados (desechos del reparto de Psicosis y de Bitelchus) y por la cena “típica” que nos cascan; en este sitio la palabra ensalada es un eufemismo, así que no perdemos mucho tiempo. Por supuesto, imagináis la respuesta ante la pregunta de si queremos desayunar mañana…
Bueno, damos un paseo por el pueblo para estirar las piernas, aunque las estiramos poco porque el pueblo se termina enseguida, así que damos una vuelta por las callejuelas del mismo y a dormir, que estamos cansados y ha sido un día largo. No os dejo la página web del hotel porque A: no sé si tienen ni ganas de comprobarlo y B: ¿qué parte de “reparto de Psicosis” no habéis entendido?
Hasta mañana

*http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=27
**http://es.wikipedia.org/wiki/Alpe_d'Huez
***http://www.ecrins-parcnational.fr/
****http://www.france-voyage.com/francia-guia/ruta-napoleon-1451.htm

jueves, 7 de julio de 2011

ALPES 2011. Día 8 Cunter (Suiza)- Chamonix (Francia)

El hotel “Post” de Cunter, en Savognin, condado de los Grisones en Suiza no es muy grande, es antiguo y tiene pocas habitaciones. Tan es así, que cuando tienes cuatro inquilinos que comparten habitación por parejas, les das habitaciones contiguas. Pues bien, junto a la nuestra dormía un oso. Como os lo cuento, no sé qué tipo de osos montan en Varadero en Austria, pero el que nos tocó a nosotros era rubio, de unos 45 años, metro ochenta y poco y sus cien kilitos. Sé que era un oso porque se pasó parte de la noche imitando a un oso hibernando, es decir roncaba como imagino que hará un oso en su osera mientras fuera el invierno se bate inmisericorde.
Menos mal que estábamos tan cansados que, aunque le escuchábamos perfectamente, no fue óbice para quedarnos fritos en minutos. Es lo que tiene dormir casi en el campo.

Al sonar el despertador lo primero que hice fue mirar por la ventana para ver qué tal día hacía: había alguna nube ligera y poco cargada de agua lo que pintaba bastante bien, me da que la previsión de la madre de Almu se cumplirá y hará bueno por Suiza.
El hotel es de tipo “Cuéntame” como llamo a los hoteles que son de la época de la serie de TVE. Me pasó lo mismo en uno de Burgos cuando fui a la boda de mis buenos amigos Queco y Vero, era “Cuéntame” total. Se nota en el diseño de los azulejos, del equipamiento del baño etc. No me importa, si está limpio y funciona bien, me vale. Pero me hace gracia.
El desayuno no está mal, sobre todo el pan está bastante rico. Por el precio que pagamos y más estando en Suiza lo damos por bastante bueno. Como anécdota, al tener que manejarme en inglés con el dueño del hotel, uno de los austríacos le pregunta por qué habla inglés con nosotros y no alemán, dando a entender que si no hablamos alemán es problema nuestro pero al estar en Suiza, supongo, deberíamos hablar alemán. El tipo le responde, como entendimos un poco y con ese espíritu práctico que tienen los suizos en cuestiones mercantiles, que si tiene que hablar con un cliente en inglés lo hace encantado. Os aseguro que si hablara alemán le hubiera dicho algo al “seta” austríaco, como que ya puestos, por qué no hablaba él el idioma local, el retorromano, con el tipo del hotel. Ya puestos a exigir idiomas locales.

Pero bueno, quedó como anécdota, ya que no tenemos tiempo que perder y queremos hacer un largo trecho. Lo primero, tras despedirnos del hotel, es repostar y las gasolineras suizas, a diferencia de las francesas, no ponen pegas con algunas de nuestras tarjetas de pago. Repostados nosotros y la moto, comprobamos que hace un día espectacular; luce el sol y la temperatura es ideal para montar en moto. Cuando se llevan tres días viajando en moto, subiendo y bajando puertos de montaña, aguantando la lluvia y bajo un cielo plomizo y gris, el rodar de nuevo bajo el sol provoca un estado de alegría difícil de describir.

Además, la moto cumple kilómetros, recorriendo la carretera valle abajo, salta en el cuentakilómetros la cifra de 160.000 km,¡¡ ole por la niña!! Y que dure.

La idea es descender por el valle hasta Thusis, de allí a Bonaduz y ya tomar la carretera 19 hacia el Oberalpass y luego el Furkapass, para luego seguir por el sureste hasta Martigny y entrar en Francia por Chamonix.

La carretera hasta Bonaduz es preciosa, valles amplios con prados y tierras de cultivo, buen asfalto y mucha moto, claro quieras que no es domingo y con este tiempo los suizos salen como setas en otoño. Llegando a Bonaduz tenemos un susto y una impresión por algo que vemos que se me queda en el cuerpo durante un buen rato. Al cruzar el pueblo para tomar la carretera 19, vemos a una mujer haciendo señas para que bajemos velocidad, más adelante una ambulancia y los médicos ayudando a reanimar a alguien. Es un ciclista, no parece que sea un accidente porque no vemos ningún coche cerca o con algún golpe, tiene pinta de ser un desfallecimiento, un ataque cardíaco o un colapso, cualquier cosa. Los compañeros del ciclista están entre bloqueados y expectantes y son de mediana edad. El ver al chaval tirado en el suelo, con el maillot abierto y el paramédico masajeándole el pecho me deja hecho polvo un buen rato, espero que tuviera suerte y se recuperara.

Tras el mal trago, seguimos ruta para, ahora sí, tomar la carretera que nos llevará, o eso creemos nosotros, hacia el Oberalpass. Luego os cuento por qué lo de “eso creemos”. La carretera es de dos sentidos, como una nacional aquí, con algunos túneles y suizos con coches deportivos cada dos por tres. Menudo nivel hay por aquí. La carretera es un sube y baja constante y cada dos por tres encontramos grupetas de ciclistas tanto de carretera como de MTB. Les va el deporte por aquí, qué maravilla.

Al llegar a Disentis/Mustér (no me preguntéis por qué lleva dos nombres y menos por qué una cento en la "e" de Mustér porque no tengo ni idea), en la entrada de la comuna está indicado el Oberallpass, así que no vemos problema, pero llegamos a un desvío dentro del pueblo que no indica nada, y van casi en la misma dirección, no recuerdo el sitio porque en el 2006 el camino lo hice en sentido contrario y dudo. Veo un grupo de motos que va hacia la izquierda así que presumo que es camino del Oberalpass así que allá que vamos. La carretera inmediatamente comienza a ascender y enseguida vienen las curvas y el paisaje es alucinante; cabañas de madera, prados y un río de deshielo con un puente de piedra precioso. Embobado con la carretera y las motos que van en ambos sentidos seguimos felices como perdices. Aunque a mi e suena que el puerto estaba más cerca, me fío de ver motos y bicis, así que allá que seguimos.

Pasamos por un lago (el de Songta Maria) y la carretera, llegada a un punto, comienza a descender y a mi ya no me suena nada de nada. Se lo comento a Almu y en la siguiente parada (Acquarossa) decido echar un ojo al nivel del cárter (ha bajado algo pero sigue por encima del mínimo) y comprar aceite. A Almu se le enciende la bombilla porque sigo dudando de la carretera y enciendo el GePeto, el muy chivato se parte de nosotros y nos dice: “Pero ande vais, palurdos, que parecéis de fuera” o es lo que hubiera dicho si hablara, porque nos muestra la carretera buena y que tenemos que desandar lo andado. Bueno, vamos bien de hora y la carretera es preciosa, resulta que en “Disentisleches” he tomado la que no era y hemos cruzado del condado de los grisones al de Ticino por donde no era, ja, ja.

Hala, vuelta a subir y ahora a bajar, para ahorrar batería de los auriculares, los apagamos y a los dos minutos Almu empieza a gritarme que “¡¡¡hemos perdido la mochila del baúl!!!! “, miro por el espejo y efectivamente no está en su sitio, pero veo que está colgada a la altura d la matrícula, así que tranquilizo a Almu. Paro un momento para volver a colocarla y mientras la moza se dedica a hacer fotos a las flores alpinas, menuda ayuda, je, je.

Pasado el mini susto, seguimos bajando hacia Disentis y seguimos cruzándonos con motos, sobre todo los que van con deportivas, van a todo trapo.
Llegamos al desvío que nos confundió antes, subo el repecho y voilá, aparece el cartel correcto que nos indica Oberal y Furka, bien. No nos arrepentimos porque la carretera ha sido una gozada.

Así que allá que vamos, justo a la salida del pueblo coincidimos con un chaval que lleva una Kawa Z 1000 en negro, la reconozco por los enormes escapes. El tío es pequeño y finillo, pero me da que monta bien en moto. No hago más que pensarlo y en cuanto llegan las dos primeras curvas enlazadas, el tío acelera y las toma con una soltura y una limpieza que me quedo encantado, qué gusto dar ver a la gente que monta bien en moto; por su sitio, sin adelantar en línea continua ni nada y con margen.

Bueno, sin seguir ni mucho menos el ritmo del de la Kawa, seguimos poco a poco alcanzando la planicie que da luego paso a la subida al Oberalpass, en la subida vemos un campo de golf con unas pendientes que no sé ni cómo se aguanta la bola en el “green”. La subida es espectacular, con unas vistas sobre el valle impresionantes, el tramo de curvas de herradura es corto pero muy bonito, aunque hay que tener cuidado al pasarlas ya que hay mucho tráfico, sobre todo de coches, que ocupan más carril del deseado. Almudena va encantada y no me extraña, tras los pasados días con agua todo el tiempo sin poder apreciar en su totalidad el paisaje de los lugares que visitábamos, ahora con el sol en lo alto y casi sin nubes que entorpezcan la visibilidad el paisaje se torna majestuoso. Además, el constante trasiego de motos subiendo y bajando el puerto le da un ambiente aún más divertido y motero.

Llegamos al puerto y paramos lo justo para hacer una foto al cartel, que está justo en la curva en la que se corona el puerto. Veo que el restaurante lo han reformado y ampliado y hay mucho más ambiente que la última vez que estuve aquí. Las montañas alrededor del puerto, están adornadas por la nieve en sus cimas y por arroyos de deshielo que descienden vertiginosos, de postal las vistas vamos.

Seguimos para descender el puerto, ya que cometí un pequeño erro al contarle una cosilla de mi anterior paso por aquí. Os cuento: En el 2006 pasé por aquí con mi amigo Ángel en nuestro periplo alpino y para comer nos paramos en Andermatt en un hotel con restaurante donde comimos la única cosa que nos parecía familiar de la carta, salchicha con Rosti (patata laminada y cocinada a la plancha), que resultó estar muy rica. Y claro, Almu se ha pasado desde anoche dándome la tabarra con el tema de la salchicha y ahora que tiene hambre ya ni os cuento, es un no parar. Vamos ríete de los perros con los que experimentaba el tal Pavlov. Así que queremos llegar a Andermatt para comer y ver un poco el pueblo.

Bajamos el puerto siguiendo a un grupo de BMW y vamos directos al sitio citado de la salchicha, para ello hay que entrar antes por el pueblo y Almu se queda encantada porque la verdad es que es pequeño pero está muy bonito, cuidado y adornado con las típicas banderas que representan los cantones.

Llegamos al sitio, que es el Hotel Rustico Aurora, a la salida del pueblo dirección Furkapass y tiene una terraza muy apañada tomada totalmente por moteros, el ambiente es inmejorable. Nos sentamos en la terraza a disfrutar de este sol añorado días atrás y pedimos la comida, por supuesto regada con la suave y no demasiado fresca cerveza suiza. Almu se queda boquiabierta con el tamaño de la ración, pero se la zampa en un periquete. Y yo me quedo alucinado con la velocidad con que se la zampa y con que frente a nosotros, en el prado cercano, está pastando un rebaño de Yaks, si de Yak, el bóvido de Asia Central y del Tíbet. Me pregunto qué pintan aquí, aunque se les ve más que sanos y hermosísimos, me quedo con las ganas de saber quién cómo y por qué los ha traído.

Sentados en el restaurante, el trasiego de motos no para, además de todo tipo, desde la más moderna K 1600 GTL hasta la extraña Morini Granpasso 1200, la primera que veo en directo. Me encanta el sitio y el ambiente.

Bueno, que tenemos cosas que hacer así que arriba el culete y en marcha de nuevo. Antes de salir del pueblo, Almu me pide que entremos de nuevo para hacer alguna foto a las banderas (estas publicistas, no descansan nunca) y ahora sí, seguimos ruta. Justo al comenzar el camino, nos cruzamos con el Glacier Express un tren que recorre esta parte de los Alpes, desde Zermatt hasta Davos o St Moritz y ya lo que le faltaba a Almudena que le encantan los trenes (y a mí que conste), además el tren es del clásico color rojo de los trenes de montaña suizos pero el comedor, que lo vemos porque justo pasamos por encima gracias a un puente, tiene el techo panorámico, imaginad comer viajando en tren con semejante paisaje, qué maravilla. Aunque nosotros no nos podemos quejar, que también viajamos en una gran moto, muy cómodos y hemos comido con buen paisaje también (el que no se consuela…) así que medio convencidos y sonrientes seguimos, que tenemos que subir un puerto de aúpa, el Furkapass.

Me hubiera gustado que Almu visitara el San Gottardo, por la carretera vieja, que es también muy recomendable, pero no queremos perder más tiempo porque aún nos queda un trecho hasta cruzar la frontera, así que seguimos. Desde Andermatt, que está ya a unos 1430 msm, se recorre una preciosa carretera junto a la vía del tren y rodeado de cimas montañosas con nieve hasta el inicio del puerto. Éste comienza de manera casi abrupta, sin suavidades, es como un muro que recuerda un poco al Stelvio cuando lo ves desde su base, y la carretera se empeña en escalar la pared a base de curvas y “contracurvas” y “elispodicurvas” (vale, estoy exagerando) como si el ingeniero que la ideó fuera un testarudo y no quisiera ceder ante la montaña. Lo cierto es que gracias al trazado, es una delicia para recorrer en moto, ya que disfrutas de cada curva, el piloto por el trazado y el asfalto y el acompañante por las inmejorables vistas.

Un par de curvas amplias y ya estamos, justo en la divisoria de los dos cantones el de Uri (el del toro)y el de Valais (el que parece la bandera de la Comunidad de Madrid) así que parada al canto para “afotar”. Por cierto que tenemos pendiente la foto de las camisetas y veo un sitio que me parece inmejorable, tan es así que una pareja con una K 1200 RS nos imita y viene también a hacerse una foto con la moto en el mismo sitio, ¿adivináis quién se la hizo? Je,je

Bueno, ahora toca parar en el glaciar, que el pobre está algo paupérrimo, y comprar recuerdos. El aparcamiento frente al Hotel Belvedere está petado, pero siempre cabe una moto, así que dejamos las cosas y nos acercamos a ver la tienda. Está igual que la recuerdo y llena de gente, lo curioso del sitio es que a pesar de tener miles de artículos, muchos de ellos muy pequeños, no tienen ningún tipo de control de seguridad ni de medidas anti robo. Nada está marcado con etiqueta anti hurto salvo por el precio escrito en una pegatina, no hay medidas de seguridad en la puerta, nada. Me imagino lo que tardaría en cerrar una tienda montada así en cualquier ciudad de España, vamos. Así que compramos unas pegatinas y esquivamos a algún japonés que otro que sale cargado de bolsas de la tienda y volvemos a la moto.

El paisaje desde aquí es impresionante, ya que la lengua glaciar alimenta unas cascadas, que se convierten en arroyo, que luego se hace río y que cuando ya tiene cierta entidad se llama Ródano, vamos el río que riega Ginebra, Lyon, Valence, Aviñón y Arlés y forma el delta homónimo en el Golfo de León (que no es un crápula leonés). Y nosotros lo hemos visto en este viaje, enorme al pasar por Arlés y aquí pequeñín, pequeñín.

Bueno, vamos a seguir un rato el curso del bebé Ródano y bajemos el puerto, hacia el valle dirección Martigny. Los pueblos que nos encontramos por aquí son muy bonitos, como los recordaba, con las casas muy bien decoradas (sobre todo con madera bien trabajada) y muy limpios, vamos que no ves una pintada ni queriendo, igualico igualico que desde los Pirineos para abajo.

“En fins”, ahí seguimos sumándonos al tráfico de regreso del “finde” que no sé como se dice en alemán pero seguro que suena mucho peor y vamos un rato siguiendo al “típico” motero madurito con “custom” es decir, casco casi testimonial, chupa de cuero y chaleco parcheado, flecos variados, alforjas ad hoc y peluche tras el respaldo y por supuesto lleva una Honda Shadow con escape algo libre que, imagino, cambiará para la ITV porque en Suiza no se andan con tonterías con las emisiones ni acústicas ni de gases. Y detrás, nos sigue un Corvette Z06 negro impresionante, vamos que mal acompañados no vamos.

Llegamos a Sierre, donde repostamos gasolina y descansamos un poco el culete, y seguimos hacia el suroeste. Como no tenemos prisa seguimos por la carretera nacional para pasar por Sion, la cuna de los vinos de la región y muy agradable zona para pasar unos días, sobre todo si te va el pimple pillín. Además, adelantamos al autocar del Garmin Cervelo y más adelante al del Sky y recuerdo que se celebra estos días la Vuelta a Suiza, una pena no haberse enterado de las etapas e intentar ver alguna de ellas, pero bueno no se puede abarcar todo. Pasando entre viñedos y más viñedos y luego campos de frutales (donde nos atizó pero bien el viento) llegamos a Martigny, para pasar rápidamente la ciudad y subir hacia el Col de la Forclaz (¿os suena de Decathlon?) para cruzar a Francia.

Foto en la frontera y no creáis que nos apetece mucho dejar Suiza, es un país que me gusta mucho, se vive el deporte, está cuidado, limpio, tiene montañas para dar y tomar y es muy tranquilo, no me importaría nada vivir aquí. Lo mismo algún día lo intentamos, y no es broma.
Bueno, pensamientos aparte, ahora toca buscar apaño para pasar la noche, no me preocupa porque por aquí suele haber mucha oferta hotelera, así que aunque preguntamos justo pasado el Col des Motets, es en Argentiere donde encontramos un hotel majete y barato. Además, como llevamos en la maleta la comida que compramos el día del picnic frustrado del Stelvio, tenemos cena gratis. En el hotel, la habitación que nos dejan es grande, cómoda y tiene hasta terraza, así que vamos a descansar muy bien esta noche.
Hala, “atutaler” que dicen por aquí, buenas noches.

http://www.hotel-argentiere.com/

martes, 5 de julio de 2011

ALPES 2011 Día 7 Pozza di Fassa-Cunter (Suiza)

Hoy toca madrugar, que tenemos un largo camino y algunos puntos interesantes que visitar. Del tiempo, mira que no quiero escribir, pero sigue empeñado en ser lluvioso así que no me queda otra que reirme y comentarlo con Almu. A estas alturas ya estamos acostumbrados a la lluvia, así que ni nos alteramos.

Del desayuno, poco se puede comentar salvo que Almudena saludó a un viejo amigo de ayer, y es que el compañero del croissant que se comió ayer, ahí estaba. Lo que quiere decir que son viejos conocidos también del hotel, ja, ja. Hoy no desayunamos solos, una familia también madrugadora comparte croissants duros con nosotros.
Tras recoger el equipo y cargar la moto, tenemos todo dispuesto. Por cierto, qué buena idea la de las bolsas interiores para las maletas; baratas y muy prácticas.
La idea es tomar la comarcal hacia Bolzano, para luego subir (y bajar, claro) el “Passo de lo Stelvio”, hacia Bormio y luego cruzar a Suiza por Livigno.
Nuestro destino hotelero de hoy se encuentra en Cunter, un pueblo de paso en el Cantón de los Grisones, en Suiza. Descendemos la carretera hacia Vigo di Fassa y tomamos de nuevo el familiar “Passo di Costalunga”, visitado el primer día. A pesar de ser temprano, nos cruzamos con unas cuantas motos, me llaman la atención tres que iban juntas, austríacas (una de ellas una Sporter de H&D) que iban a toda pastilla y estaba lloviendo bastante. Estos austríacos están locos.

Poco a poco, notamos que llueve menos y de forma esporádica, con suerte nos podremos desprender de los “condones” hoy. La carretera enlaza con el precioso pueblo de Nova levante, pueblo italiano pero de habla alemana (96%)* y empezamos a ver un sustancial cambio en el paisaje, ahora es algo más abierto y los bosques son más hayedos que de abetos, se ven también más prados y los valles son más amplios.
Si os gustan los castillos, esta zona fue de paso y de frontera durante siglos (aún lo es) y está plagada de ellos. Fue escenario de luchas entre germanos y longobardos durante la Edad media y pasó a ser del Tirol y de los Habsburgo, hasta que tras las Primera Guerra Mundial, pasó a manos italianas. Os dejo un enlace por si os interesa, nosotros como íbamos con poco tiempo y por otros derroteros no perdimos (perdón) tiempo en visitarlos, pero seguro que merece la pena**.

Comienzan a verse viñedos por doquier, además situados en las colinas con unas pendientes impresionantes, me recuerdan mucho a los que vi en mi paso por Martigny hace cinco años. Le dan un toque muy bonito, incluso familiar, al paisaje. Llegando al valle del Isarco, vemos la ciudad en un amplio valle hacia el sur, que se angosta dirección norte, hacia Suiza. Está en la confluencia del Isarco y el Tálvera. Al alcanzar el valle (y la “civilización”), paramos a repostar gasolina. Hoy es sábado lo que explica, en parte, que nos encontremos con muchos moteros que buscan recorrer las carreteras alpinas. Como vemos que el tiempo ha mejorado mucho y llevamos casi una hora sin aguantar lluvia, nos desprendemos de los trajes de agua. Qué gusto montar en moto sin ellos, de verdad.

Muy a mi pesar, vamos a pasar de largo por la ciudad, aunque en ella se encuentra el museo arqueológico, porque no quiero perder mucho tiempo y hemos venido a montar en moto y ver paisaje. Además, me da pereza meterme en la ciudad con la moto cargada y con la ropa de moto. Pero me dejo un post-it en la parte de mi cerebro que dedico a la arqueología, porque volveré a Bolzano y visitaré su museo, lo tengo clarísimo. Para los que no sepan a qué me refiero, os dejaré un enlace y un nombre: “Ötzi”***.
En Bolzano, tomamos la SS-38 hacia Merano, sin más historia que ser una autovía que recorre el valle hacia el sureste y nos dejará en bandeja a Prato allo Stelvio y la subida al puerto homónimo, principal visita en el día de hoy. En Merano, la SS38 se convierte en una comarcal que pasa por pequeños pueblos que viven, principalmente, del cultivo de árboles frutales. Mucha moto y bastantes coches por aquí.

Paramos en un pueblo para comprar la comida, la idea es si el tiempo lo permite como se dice en las corridas de toros, almorzar en lo alto del puerto. Aunque tengo mis dudas, que se confirmarán después, porque veo unas nubes algo sospechosas en las montañas hacia las que nos dirigimos.
Tomamos el desvío hacia Prato y aunque ya llevamos un buen rato viendo indicaciones hacia el puerto, el cosquilleo de cuello y las mariposas en el estómago son más evidentes ahora; vamos a subir uno de los puertos de montaña míticos (que diría mi amigo Angel, del que me acuerdo mucho estos días) del ciclismo mundial: El Stelvio.
Su historia es curiosa ya que se construyó para comunicar la Lombardía (entonces en manos austríacas) con Austria, fue testigo de duros combates durante la 1ª Guerra Mundial y tras su final, pasó a manos italianas. Más que sus cifras (24 km, 48 curvas de herradura, 7.5% de desnivel) impresionan sus vistas, sobre todo la cara norte y su meteorología, siempre cambiante. En cuanto al ciclismo, la primera vez que se pasó el puerto fue en 1953, cuándo Coppi**** arrebató al suizo Hugo Koblet la maglia rosa justo en la etapa del Stelvio y no la abandonó hasta la meta de Milán, al día siguiente. Bueno, lo dejo que me pongo en plan abuelo cebolleta contando batallitas de ciclismo y no pasamos el puerto.

Justo antes de atacar el primer tornante empieza a llover, así que antes de liarnos más, paramos un momento y nos vestimos de capitán Pescanova otra vez. Las primeras curvas son cerradas, pero amplias y con buen asfalto, incluso pasamos por algún hotel. Como vamos cargados y el asfalto es de todo menos adherente, tengo que negociar las curvas abriéndome mucho y despacio, menos mal que Almu me avisa de si bajan otros vehículos porque aprovecho toda la carretera, no hay otra. En las primeras curvas, la carretera aparece flanqueada por árboles, la lluvia se añade para darle un tinte misterioso y aventurero a la subida. Adelantamos algún ciclista que otro y me compadezco porque les quedan veintitantos kilómetros de puerto, de frío y de lluvia: admirable.

Nosotros, vamos subiendo poco a poco y Almu no deja de alucinar con lo que ve, con lo que siente y por dónde estamos, aunque no para de hacer fotos, parece poseída, je, je.

Poco a poco alcanzamos la zona desde la que se divisa toda la carretera hasta la cima, aunque ésta la adivinamos ya que las nubes casi la ocultan. Vamos negociando curva tras curva, tornante tras tornante y repechos con desniveles que, me da a mí, están muy por encima del 7.5%, termina el guarda raíl metálico y comienzan los de piedra, alguno de ellos muestra señales de “un besito” dado por algún coche.




Nos adelantan tres moteros alemanes con R 1200 RS que gracias a que van sin equipaje y al control de tracción de las motos, van muy rápidos. Seguimos adelantando a algún ciclista que otro con cara de sufrimiento y casi sin darnos cuenta, estamos en las últimas curvas, vemos el cartel, los puestos de salchichas y algunas motos tras la niebla y, ¡ya estamos!

Almu está emocionada y no me extraña. Además, huele a salchichas a la plancha y su estómago le pide gasolina. No va a ser posible comer al aire libre, ja, ja. Pero bueno, aparcamos la moto, compramos algunos recuerdos y saludamos a unos gaditanos que están de vacaciones, el tipo está en pantalón corto y pasando bastante frío, pero es aficionado al ciclismo y no podía pasar por aquí sin subir a ver el puerto. Nos metemos en el hotel a comer algo. Mientras dejamos la moto, comienza a granizar, pero bueno, como vamos a estar bajo cubierto no me preocupa. Aprovechamos para ir al baño, descansar un poco y actualizar el diario. Cuando estamos tomando el café, empieza a nevar. ..

Bueno, pienso que quizá no sea mucho, pero pasan los minutos y empiezan a caer copos de cierta entidad. Recogemos bártulos y nos abrigamos lo más rápido que podemos. Al salir hacia la moto, hago alguna foto y veo que la nevada arrecia. Le digo a Almu que urge bajar de cota por si las moscas, así que vamos hacia Bormio a la de ya. Cómo nevará que me cuesta limpiar el asiento para sentarme sin nieve en él, la pantalla de la moto está totalmente opaca por la nieve y el remate es ver a un grupo de moteros noruegos con cara de acongojados. Salimos justo tras su marcha y bajamos juntos el puerto, uno de ellos con una CBR 1000 RR va con un miedo que casi no puede tomar las curvas y mientras tanto tengo que limpiar con el guante la nieve de la pantalla de mi casco porque no veo. Pienso, “esto lo cuento en casa a la vuelta y no me creen”.




Paramos en la posada de diligencias para ponerme el pantalón de agua y la funda para la bolsa de depósito (vale, es una bolsa de lavandería del hotel, ¿pasa algo?) y seguimos camino hacia el valle. Poco a poco, la nevada da paso a nuestra vieja (aunque no añorada) amiga la lluvia, y Almu se anima a sacar la cámara para hacer fotos de la vertiente sur del puerto, que también es espectacular, unas cascadas de deshielo altísimas alimentan unos arroyos que descienden levantando espuma contra las rocas, el espectáculo es abrumador. Al menos para Almu, ya que yo tengo bastante con llevar la moto por la trazada correcta. Adelantamos a una pareja con una ZZR 1400 y pasamos por los famosos túneles del Stelvio; son cortos pero estrechos, en curva y sin iluminación ¿qué más se puede pedir?


Piano, piano llegamos al valle y tomamos la carretera que nos lleva hacia Livigno pasando por el “Passo di Foscagno”, precioso puerto rodeado de bosques. Entrando en la zona de Livigno, aparece una aduana aunque aún no hemos llegado a Suiza, y recuerdo que es un pueblo tipo Andorra, que tiene exenciones de impuestos y la gente viene a comprar tabaco y alcohol sobre todo. Como no somos fumadores y poco bebedores (aunque Almu nunca dice que no a una cerveza bien tirada) seguimos hacia el pueblo. Livigno es un pueblo mediano en el valle del río Spöl, que vive de su status de región franca y del turismo de la montaña. Estamos un poco cansados y para quitarnos algo de agua, paramos en una cafetería a tomar un capuccino y Almu un chocolate, la chica lo prepara espectacular de bueno, además se está muy a gusto. Tras el descanso, seguimos camino hacia el lago para bordearlo y entrar en Suiza. Es curioso porque el símbolo del pueblo, Livigno, tiene un sol en la “o” y las dos veces que he estado aquí llovía a cántaros, será que tengo mala suerte con este pueblo ;-)


Tomamos la carretera que bordea el lago, por sus largos túneles y llegamos a un puesto aduanero. En este caso, está justo en la carretera que pasa por mitad del embalse. Y paramos en la aduana para que una mujer muy amable, nos diga que hay que pagar 13 francos para pasar con la moto por Suiza. Seguimos un poco y la carretera se para en un semáforo, pienso que es un semáforo de obras de los que hemos sufrido decenas en el viaje, pero cuál es mi sorpresa cuando el semáforo se pone en verde, el coche que nos precede se pone en marcha, giramos tras él y vemos que el semáforo regula el paso por un túnel que, al ser de sólo un sentido, ha de parar el paso alternativamente en un lado o en otro. El túnel es la caña, es de un carril (obvio si es de un sentido) y larguísimo, pasamos unos interminables minutos por el túnel hasta que salimos, ahora sí, a la frontera italosuiza.

Giramos a la izquierda, hacia Zermez y parece que el tiempo es el mismo que en Italia, porque sigue lloviendo y el agua es igual de húmeda y de tostón. Pasamos por Zermez y seguimos valle abajo hacia St. Moritz por una carretera de rectas interminables y con poco tráfico, hasta la famosa población suiza. Seguimos camino sin entrar a la ciudad para, poco más adelante, tomar la carretera hacia el Julierpass, donde se nos juntan una Ducati Multistrada 1200 y una KTM 990 SMT para hacer parte del puerto. Como es un viaje de aventura, en palabras de Almudena, subiendo al puerto nos da guerra el viento que sopla de noreste algo cansino, para dejar paso a una niebla cerrada llegando al puerto. Niebla que llega aderezada con una carretera en obras con tramos de gravilla y barro, vamos que la entrada en Suiza está siendo triunfal, je, je. Bueno, descendiendo el puerto, se disipa la niebla y da paso al típico paisaje suizo, con bosques que rodean amplios prados plagados de flores. Todo muy bonito y bucólico.


Pasamos por unos cuantos pueblos donde, en todos, pero en todos, hay un hotel llamado “Post” que es como se llama el nuestro. Llegamos al pueblo (Cunter) y al hotel en poco tiempo, parece algo solitario pero no tiene mala pinta, además aparcadas fuera vemos una Varadero y una Transalp lo que me da buena espina.
El dueño del hotel es majo y nos indica donde tenemos la habitación. Tras dejar los bártulos y cambiarnos, bajamos a la cafetería para tomar algo, Almu está tan cansada que no quiere ni cenar, así que yo me tomo una sopa local que me deja como nuevo, los de las motos son dos austríacos silenciosos. Un apunte de los míos, por aquí hablan romanche y alemán sobre todo, y el dueño del hotel habla con su mujer en romanche, con los moteros austríacos en alemán, por supuesto y con los moteros españoles en inglés. ¡¡¡¡Qué bonito es viajar!!!!!
¡¡¡Hasta mañana!!!

FOTOS:
https://plus.google.com/photos/116249272788787810624/albums/5664406259872390913

* http://www.welschnofen.com/en.html

** http://www.weinstrasse.com/en/highlights/castles/
*** http://www.iceman.it/
**** http://www.campionenews.com/wp-content/uploads/2010/07/178_-_1953_-_Sullo_Stelvio.jpg