lunes, 10 de diciembre de 2012

Chris Pfeiffer

ALUCINANTE EL MANEJO, EQUILIBRIO Y MANOS DE ESTE HOMBRE.

Chris Pfeiffer


jueves, 6 de diciembre de 2012

Impresionante lo de mi tocayo

Hoy toca escribir sobre un amigo del foro de Varadero, tiene una moto como la mía y es un ejemplo de dedicaciión a la moto, a viajar y a disfrutar. La ristra de kilómetros que lleva hechos en la moto, el historial de incidencias -pocas- y averías -menos- es digno de la mejor prueba de motos de una revista especializada, y todo por escrito:
Santiagoviedo una Vara y cuatro años para disfrutarla I

año II
año II cont.
año II 3
Año II 4

Año III 1
Año III 2
Año III 3
Año III 4
Año III 5

Año IV 1
Año IV 2
Año IV 3
Año IV 4
Año IV 5


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Un abrazo Santiago!!!!!!

domingo, 30 de septiembre de 2012

A dos pasos del corazón.

https://vimeo.com/onceuponatime/fotografo
Hoy el mensaje no va de motos, va de fotografía, porque también de fotografía vive el hombre ¿no?
Os va a encantar, el tipo es maravilloso.
Una lección de vida, ¿no creéis?

lunes, 18 de junio de 2012

Montesa Brio 82. Vegas del Tajuña. Junio 2012

Rutita de 20 kilómetros entre Tielmes, Villarejo y Carabaña, en la vega del río Tajuña, al sureste de Madrid.
La moto responde muy bien, y es una gozada pasear despacio, disfrutando del viento, la conversación -si, en esta moto se puede ir hablando- a unos 50 km/h y con una punta de velocidad de casi 90 km/h --en bajada, claro-
Una delicia.

Espero que os guste.

Montesa Brio 82. Vegas del Tajuña. Junio 2012 from sodio on Vimeo.

sábado, 2 de junio de 2012

martes, 22 de mayo de 2012

“THE FOUR SEASONS ROUTE”. USA EN MOTO 2012 7ª Parte: BAKERSFIELD-SEQUOIA NP-SAN FRANCISCO

“THE FOUR SEASONS ROUTE”. USA EN MOTO 2012

7ª Parte: BAKERSFIELD-SEQUOIA NP-SAN FRANCISCO

Durante mis años de trabajo en el aeropuerto de Madrid-Barajas, despertándome –era un decir- a unas horas intempestivas, no había otra manera de hacerlo que usando el despertador. Además sonaba varias veces hasta que lo obedecía y me levantaba. Hace meses que mi rutina ha cambiado y normalmente me despierto antes de que el despertador suene. Creo que mi cuerpo llega a las horas que necesita y me da un toque –aprovecha el día, levántate- y me despierto. Durante este viaje, incluido el primer día en SF a pesar del cambio de hora, me ha ocurrido cada día. Y me encanta.

Ya ha amanecido y escucho desde la cama el rumor de la calle. Hay una obra cercana y se oyen a lo lejos un martillo neumático y toques de claxon de algún conductor impaciente. No entra demasiada luz así que debe estar nublado, y también se siente algo de viento en las persianas. Me levanto a ver el panorama y efectivamente, el cielo está algo encapotado y hace viento. Las noticias anoche lo indicaron claramente, entraba una perturbación de viento por el pacífico que afectaría a toda California, así que parece que también tendremos hoy la compañía de nuestro viejo amigo.

Hoy es un día muy especial, cuatro de abril, Almu cumple años. No voy a reflejar aquí cuantos, ya sabéis cómo son algunas mujeres con el tema de la edad. Sólo comentaros que está cada día más guapa, y cada día la quiero más, así que es un día importante. Y lo quiere celebrar con un gofre en el desayuno, je, je. Felicidades Sweethart ;-)

Tras la pertinente ducha, vestirnos de romanos y dejar todo preparado nos vamos a desayunar. El complejo hotelero es tan grande, que tenemos que recorrer un largo pasillo desde la habitación, salir al exterior, cruzar el aparcamiento, un puente sobre un río artificial, bordear la piscina y entrar por recepción. Almu ha decidido que hoy toca “cocinarse” unos gofres, así que se pone en movimiento; se acerca a la máquina de hacer gofres y resulta que ya está en funcionamiento y un tipo de unos dos metros le comenta que ése es “su” gofre, además por el otro lado el recepcionista, que aquí también es el encargado del desayuno, decide ayudar a Almudena –no le hace falta, ya es una experta en la maquinita de marras- así que toca volver a la mesa con los cuatro gofres y las orejas algo gachas mientras me río por lo “bajini”.

El desayuno ha estado muy bien tras la “no cena” de anoche, nos hemos puesto como el quico así que podemos afrontar el día con confianza. Sigue nublado pero no tiene pinta de ponerse a llover. Además, según la previsión –es alucinante, cuesta encontrar una cadena de televisión en inglés en la tv de la habitación, casi todas son en castellano- con suerte estará algo nublado hacia las montañas pero con poca probabilidad de lluvia; perfecto. Lo bueno es que apenas hace frío, aunque si que corre algo de viento, incluso éste apenas molesta.

Paramos en una gasolinera a repostar antes de meternos en la autopista y seguimos alucinando con los contrastes de este país: mientras repostamos y miro las presiones de la moto, vemos un chaval que no tendrá más de 30 años, recogiendo latas de las papeleras de la gasolinera, otro con aspecto similar –sucio, con zapatillas mugrientas- acompañado de una chica de aspecto similar entra en la tienda de la gasolinera a comprar tabaco y al mismo tiempo aparece una “Jenny” con su Mustang descapotable a repostar gasolina y rellenar su termo de café. Ambos se ignoran por completo pero comparten cola –es un decir, la chica del deportivo dejó cierta distancia con la pareja que compraba tabaco- y aquí no pasa nada. Es curioso como este país convive con la pobreza y la riqueza en planos paralelos.

Tomamos la interestatal hacia el norte, la “99 North” pasando por el famoso pueblo de “Famoso”, Tipton, Y Tulare, para al fin ver el cartel indicador de nuestro destino de hoy, el Sequoia and Kings Canyon National Park.

Qué gusto el dejar la interestatal, y mira que aquí me parecen curiosas porque no paro de ver coches impresionantes, camiones enormes o paisajes urbanos curiosos, pero son un tostón monumental. El salirte de la interestatal significa percibir el ambiente de este país desde una velocidad más lenta, más cercana y con más interacción con los locales; a nada que pares hay alguien que saluda, el que te pregunta por el viaje, de dónde somos o en qué nos pueden ayudar.

La carretera que sale desde Visalia hacia el parque recorre una zona llana, fértil y plagada de campos de cultivo y granjas, sobre todo de árboles frutales; naranjos, limoneros, melocotoneros, etc. nos rodean. Como buen español, me encanta la fruta y no dejo de pensar en que a la vuelta tenemos que parar a comprar algo de fruta. Según nos acercamos a las montañas, aparece el sol, pero es sólo un paréntesis momentáneo, ya que la niebla corona los valles y las lomas que aparecen frente a nosotros, así que no me hago ilusiones. Al menos es niebla, no son nubes cargadas de agua, así que puede que nos mojemos un poco pero no nos lloverá.

La carretera empieza a ser algo más variada en cuanto a paisaje y trazado, dejamos atrás las largas rectas bordeadas de naranjos y justo pasado Lemoncove –nombre apropiado- comienza la diversión. La línea de asfalto serpentea siguiendo sumisa las laderas de las montañas, buscando tímidamente las alturas que nos permitan traspasar la cadena montañosa y entrar en el parque. Tras unos breves kilómetros de suave montaña rusa, siempre tendiendo a la izquierda la zona agrícola del condado de Tulare y a la derecha las montañas con sus cercados y vacas pastando, de repente la carretera gira hacia la derecha, como si hubiera encontrado una grieta oculta por la que penetrar en las colinas, hacia la niebla. La grieta en realidad es el borde de un lago, el lago Kaweah, donde vemos caravanas y alguna barquita con pescadores probando fortuna: el sitio es precioso. Bordeamos el lago, disfrutando de sus vistas y curveando con la Goldwing haciendo honor a su nombre, como si nos transportara un ala dorada con una suavidad y buen hacer de la moto que, pasmosa y sin un extraño, nos desliza más que si rodara montaña arriba.

Llegamos a la entrada del parque, algo mosqueado porque vamos muy justos de gasolina, por no perder tiempo parando en las dos gasolineras que hemos pasado desde Visalia, y nos enteramos de la inexistencia de gasolineras dentro del Sequoia, algo lógico por otra parte. Pero vamos, que con lo poco que gasta la GL al ritmo que vamos, tenemos gasolina de sobra. Aunque mi copiloto no opinará lo mismo. “Anyway” paramos en la garita de entrada al parque, la Ranger nos da el visto bueno y nos informa de cómo está el panorama: la carretera principal –y única en realidad- del parque está cortada por obras de manera intermitente, a las 13:00 se abre –son casi menos veinte- pero que al ir en la moto, podemos pasar la fila de coches y nos dejarán pasar ¿¿?? http://www.nps.gov/seki/index.htm

Perplejo por las indicaciones de la moza, arrancamos y nos metemos en el parque, foto de rigor en la entrada y nos vamos para arriba. Es una pena que la niebla rodeé todo porque tiene que ser –es, de hecho- una preciosidad. La carretera bordeada por un murete bajo de piedra, salva cañones formados por ríos de deshielo embravecidos por la cercanía del lago, está rodeada por una exuberante formación de monte bajo, arbustos y flores de preciosos y llamativos colores. Es una delicia para los sentidos. El “seis cilindros” ronronea como un gato y no me obliga a cambiar de marcha, tiene un poderío y a la vez una suavidad de funcionamiento que enamora, es una maravilla de la ingeniería japonesa. Y el “pollo” de ER me quería colocar una Electra Glyde, madre mía.

Seguimos curveando, cada vez más metidos en la niebla y con el suelo a cada momento más húmedo y ganando altitud constantemente. Creo recordar que una de las cumbres más elevadas de los USA está aquí en este parque, pero claro con la niebla no se ve nada de media montaña para arriba. Al cabo de un rato vemos el cartel de obras y que la carretera se abrirá al paso en un ratejo –vale, no ponía eso en el cartel luminoso, ¿y?- pero la fila que nos encontramos de coches tiene pinta de ser maja. Confío en las palabras de la Ranger a pesar de que un obrero que pasa con el coche me dice que tengo que esperar cola. ¿Qué sabrá éste, que las motos pasamos chavalín…?

Vale, pregunta: ¿Quién manda en una obra, una guarda forestal metida en su caseta o un currito con un cartel de STOP/GO con un cinturón de esos súper chulos con todas las herramientas colgando? EXACTO. Pues con todo y con eso, tras saltarnos la cola de coches –unos cuantos- y dejar la moto parada en primera fila, y charlar un rato con el tío del cartel que se siente como Pedro en las puertas del paraíso –si no pitas no pasas y cosas así- nadie nos pitó, nadie nos puso mala cara ni hizo gesto despectivo alguno. Al cabo de pocos minutos me indica que tire, acaba de arrancar un todo terreno delante de nosotros con un FOLLOW ME bastante claro así que como chico obediente que soy le sigo. En los USA -ya lo comentó Iñaki en su crónica: http://lamoradadelosviajeros.blogspot.com.es/- en zonas de obras con paso alterno, no te dejan circular a tu rollo, te precede un coche que te abre camino, imagino que para que no te despistes y acabes metido en una zanja de hormigón fresco y glup, glup. Estos yankees piensan en todo.

Seguimos obedientes a la moza del todo terreno, saludando a los obreros –chicanos o mexicanos en su inmensa mayoría- , en algunos tramos me acuerdo de “Charo”, mi moto porque el asfalto desaparece y parece sembrada de piedras, súmale la humedad por la niebla, la velocidad de tortuga que llevo y los 500 kgs de la moto y tienes el panorama completo. Aún así, lo bajita que es esta moto, el par motor –inmenso- y el amplio manillar hacen sencillo el pasar por aquí. A todo eso, la gasolina está en mínimos, tanto es así que nos tendremos que dar la vuelta más adelante a pesar de tener algo de margen, pero no me fío no sea que al salir del parque estén las gasolineras cerradas y tengamos sorpresa. Al salir de la zona de obras, se retira el coche guía y tenemos la carretera despejada. Por educación, nos echamos a un lado para dejar pasar a los coches que estaban esperando en la cola y así comentamos la jugada. Ha sido divertido el pasar por el tramito, espero que a la vuelta no nos tiremos demasiado tiempo esperando.

Pasados todos los coches, alguno hasta saluda, montamos de nuevo en la moto para descubrir lo que llevo años con ganas de ver, lo que da fama mundial a este parque y que nos perdimos el primer día porque se nos hizo de noche: el ser vivo más grande, pesado, longevo y majestuoso que actualmente "pisa" la faz de la tierra: La Sequoia, Sequoiadendron o Sequoia Gigante. Es un árbol impresionante, inmenso, casi inabarcable con la vista –la rotación de mi cuello no da para más-, de corteza rojiza y algo despeluchada, que resiste incendios –de hecho, son vitales incendios periódicos para la salud de estos bosques- y alcanzan los más viejos los 2.200 años, los más anchos 11 metros de diámetro y los más altos 115 metros de altura. Cifras que marean ¿eh? http://es.wikipedia.org/wiki/Sequoiadendron


A mi me fascinan desde hace años, este año el viaje en realidad iba a ser toda la costa del pacífico con unos buenos amigos pero no ha podido ser, y charlando con un huésped del hotel me comentó que en al norte de California hay una zona de montañas cerca del mar con sequoias gigantes y lo que aquí se llama Reedwood o Sequoia Roja, que es aún más alta.

http://en.wikipedia.org/wiki/Sequoia_sempervirens

Y si la vida no me maltrata, es mi intención repetir este viaje, pero sólo para hacer los parques tranquilamente y, probablemente, hacernos la costa del pacífico y ver esos magníficos árboles.


VÍDEO:


Tras alucinar un buen rato con estos inmensos e impresionantes seres, tocarlos, fotografiarlos y alucinar con su porte y tamaño, es hora de dar la vuelta. El nivel de gasolina está muy bajo y Almu está algo mosca con la posibilidad de quedarnos tirados –en peores me las he visto- así que para que se quede tranquila – me da que tiene más hambre que miedo- volvemos a bajar la carretera. Esta vez no nos colamos al llegar a la fila de coches y esperamos nuestro turno con paciencia, música y charla de la buena. Pasamos de nuevo por el tramo en obras, al salir saludo y doy las gracias al chaval del cartel y tiramos millas a buen ritmo que hay fame, creo que Almu me ha recordado que llevamos toda la mañana sin probar bocado desde el desayuno de Bakersfield y son más de las dos de la tarde y en estos pagos esa es casi la hora del pan con nocilla –aunque aquí seguro que es pan con “peanut butter”, ¡puaj!

Al poco de salir del parque nos encontramos con una gasolinera donde paramos a repostar, le pregunto a la encargada dónde puedo encontrar un lavado para darle un repaso a la moto y me ofrece, de manera desinteresada, una manguera que tiene en la parte trasera del edificio. Le damos una buena vuelta a la moto que seguía roja de polvo -del Monument Valley- la carretera en obras con barro la remató. Le doy un par de dólares por el gasto de agua y buscamos donde zampar. Un poco más abajo encontramos un sitio que no pinta nada mal, tranquilo y sin un turista –excepto nosotros, claro- así que vamos a probar suerte. Un letrero de neón con el logo de Budweiser, una pared con fotos de cámara polaroid de clientes, una mesa de billar y algunas mesas nos reciben al entrar. Tras las miradas y saludos de los paisanos que se toman una cerveza en la barra y dos que están terminando de comer, nos sentamos en la mesa. La chica que lleva el local es maja y me da la clave para pedir la hamburguesa “General Shermann”: “is for real men”. Y claro, no me puedo resistir a probarla. Almu se “conforma” con una ensalada tamaño media fuente y yo disfruto de una hamburguesa que quita el sentido y puede hacer olvidar el desayuno de esta mañana; rica, rica.

http://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g60963-d1126647-Reviews-River_View_Restaurant_Lounge-Three_Rivers_California.html

A las pruebas me remito:

Pagamos la cuenta y pillamos la moto de nuevo. Ahora que está limpia da gusto verla, y es que es una moto preciosa y que luce muy bien. Desandamos la carretera y recordamos que queríamos comprar algo de fruta, paramos en un sitio bastante curioso de venta de fruta, se llama Vener´s Fruit http://www.flickr.com/photos/a-culinary-photo-journal/5213832516/

Donde conocemos a Agustín, un mexicano simpatiquísimo que nos explica las variedades de frutas que tienen, nos da a probar las que nos apetece y yo que soy muy de fruta alucino con lo que venden. Al final, para no dejarnos la paga y cargar la moto demasiado, compramos unas naranjas, una bolsa de almendras y un “melogold” un cítrico grande como un melón, con una carne entre dulce y amarga riquísimo http://www.citrusvariety.ucr.edu/citrus/melogold.html


Tras charlar un rato con Agustín y viendo que empiezan a llegar más clientes, seguimos ruta. A las pocas millas llegamos de nuevo a la interestatal y continuamos rumbo noroeste, hacia Fresno. No hay demasiado que contar del último tramo de camino hasta SF, pasamos por Madera, Merced y Modesto, ciudades con marcado carácter mexicano y español y nos desviamos para, ya de noche, cruzar Oakland en dirección SF. Poco a poco aumenta el tráfico, aunque seguimos viajando al mismo ritmo que marcan los demás vehículos en dos o tres sitios vemos Highway patrol con radares-pistola apuntando hacia el tráfico, pero la GL tiene un motor que retiene mucho y sólo con tocar un poco el freno bajaba la velocidad lo suficiente como para no tener problemas de excesos. Las vistas de noche de Oakland son espectaculares, la interestatal bordea el centro de la ciudad y la perspectiva es impresionante.

Aunque lo mejor está por llegar, San Francisco. Mientras nos vamos acercando vamos charlando y pensando en el viaje. Por un lado estamos cansados de ruta y con ciertas ganas de volver a la ciudad, pero por otro seguiríamos de viaje una semana o dos más sin problema alguno, hacia el norte por ejemplo o hacia el noreste para visitar Yellowstone. Pero sabemos que este viaje tiene fecha próxima de caducidad y que nos “quiten lo bailao”.

Fuente: http://www.flickr.com/photos/tobyharriman/6932741014/

Una de las escenas más impactantes de este viaje se produce al llegar a la entrada a SF, los puentes que salen de la ciudad son libres dirección salida pero de peaje dirección entrada a la ciudad, así que nos topamos con el peaje del puente de la bahía. Un oriental menos hablador que una tortuga de las Galápagos nos cobra los pertinentes 6 dólares y nos levanta la barrera. Es este el típico puente de dos alturas, en la planta baja por así decirlo corren tres carriles para tráfico rodado y una vía de tren, y por el superior cinco carriles para vehículos de ruedas, aunque hace años que ya no circulan trenes por el puente –imagino por el peso- y sólo se ven autobuses. En total son poco más de 7 kilómetros y de noche se tienen unas vistas alucinantes de la ciudad. Además, el puente, al ser colgante, hace que la carretera suba mucho hasta el ápice del puente, y luego desciende hacia la ciudad: imaginad una carretera que diera la sensación de volar por la bahía hacia una ciudad iluminada –impresionante la factura de electricidad, seguro-, con una Goldwing bajo las piernas, tras siete días viendo unos paisajes increíbles y saboreando un poco este país: las sensaciones eran maravillosas. Almu va intentando hacer fotos pero le salen movidas, hasta me pide que demos la vuelta y volvamos a hacer el puente en ambos sentidos, je, je. La hago entrar en razón y que disfrute de las vistas y se deje de fotos, porque de veras que es una sensación casi mágica, es como si volaras sobre la ciudad, tienes la sensación de que el puente es mucho más largo de lo que realmente es, parecida sensación a cuando se llega a una ciudad de noche en avión. Es la leche.


http://ingenieriaenlared.wordpress.com/2007/06/22/puente-de-la-bahia-de-san-francisco-oakland-video-documental-del-ano-1937-de-su-construccion/

Una vez entrados en la ciudad, paramos un momento para que el GPS nos guíe hacia el hotel, sabría llegar pero es tarde y no queremos perder el tiempo. Es jueves y se ve que es día d salir, hay mucha gente joven arreglada buscando taxis. La gente de la ciudad haciendo su vida normal y nosotros venimos de visitar Nevada, Utah, y Arizona, qué cosas.

Nos dirigimos hacia Powell St. Y enseguida reconozco nuestra zona, estamos tan contentos que nos tiramos a dar una vuelta por las empinadas calles del barrio, es muy divertido, además apenas hay tráfico y nos podemos parar a disfrutar de las vistas. La moto de noche es un espectáculo y tener de telón de fondo esta ciudad es una sensación imperecedera. Si alquiláis una moto para recorrer esta zona de los USA os recomendamos dar una vuelta de noche por la ciudad, es algo que recordareis durante muchos años.

Tras unas vueltas, paramos en el hotel; descargamos la moto, y aparco la GL en el aparcamiento frente al mismo. Tenemos la sensación de volver a casa, ya que el recepcionista nos recibe con una sonrisa, nos comenta que nos ha reservado la misma habitación así que la sensación de estar de vuelta es aún mayor. Almu saluda al gato y nos subimos en el viejo ascensor a por nuestra cama.

Estamos muy cansados, pero ha sido una experiencia única, cenamos algo de fruta y nos vamos a dormir tras una relajante ducha. Mañana queremos madrugar para disfrutar de nuestras últimas horas con la moto en SF.

Hasta mañana.

Millas totales: 2.834, unos 4.500 km. No está mal.

lunes, 7 de mayo de 2012

“THE FOUR SEASONS ROUTE”. USA EN MOTO 2012 6ª Parte: FLAGSTAFF-KINGMAN-BAKERSFIELD

6ª Parte: FLAGSTAFF-KINGMAN-BAKERSFIELD

Hace unos cuantos millones de años, la cosa vital si eras un homínido pequeñajo y sin demasiado cerebro estaba complicada. Los depredadores solían utilizar la noche para cazar y los herbívoros intentaban hacer sus actividades durante el día para evitar a los depredadores. Nuestro linaje, comenzó a moverse por entornos hostiles, pero no éramos depredadores nocturnos, nuestro ámbito de comodidad terminaba al ocaso, durante la noche era mejor estar en casita. ¿Por qué? ¡¡Porque de noche no vemos un carajo!!

Aunque para suplir dicha falta desarrollamos, gracias a nuestro cerebro –ése que ahora muchos parecen no tener, viendo el panorama económico mundial y nacional- elementos que nos permitieron medrar y amedrentar al resto de especies que antaño se reían de nosotros. Inventos como el dominio del fuego, las herramientas, las armas, la electricidad, y un largo etc. ayudaron en gran medida a estar más cómodos en el entorno hostil que es la noche.

Lo comento porque es increíble lo que cambia un lugar de conocerlo por la noche a verlo de nuevo a la luz del sol. Anoche arribamos a Flagstaff , en Arizona, tras nuestra odisea recorriendo carreteras de montaña a cero grados. Llegamos ateridos de frío, con las manos congeladas y tiritando, hasta que conseguimos entrar en calor al llegar al hotel y descargar las cosas de la moto. La cena en la habitación y el aire caliente que salía del aparato de aire acondicionado nos recuperaron bastante bien. La verdad es que dormimos genial, pero yo no dejaba de pensar en las previsiones que http://www.eltiempo.es/flagstaff.html pronosticaba para ese mismo día por la mañana: -6o C y cero grados a mediodía. Pero me asomo por la ventana del hotel y aunque se nota que hace fresco, luce un sol espléndido y no hace casi nada de frío, así que de -6 nada de nada.

En la mesilla de noche, encontramos lo mismo que en casi todos los hoteles de por aquí: un ejemplar de la sagrada biblia depositada por “Gideons International” http://www.gideons.org/ una organización evangélica que se dedica justo a eso: repartir biblias de manera gratuita. Desde luego la encuentras en todos los Best Western. Lo más curioso fue que también nos habían dejado también un ejemplar del daily sun http://azdailysun.com/ cuya noticia central se la dedicaban a un agente y su perro policía que en un control rutinario reconoció a un asesino y gracias su detención resolvieron el caso, fascinante portada pardiez.

Paseamos por la larga moqueta del pasillo para ir al comedor a desayunar. Aquí hay más variedad de personal, se nota que Flagstaff es una zona de paso y comercial ya que desayunamos con camioneros, algún viajante y “currelantes” variopintos. El desayuno es el básico en estos hoteles, pero el hambre arrecia y no hacemos ascos a nada. Por aquí tienen un pan que comen con deleite que es de corteza blanda, parecido a los bagels pero sin agujerito en el centro y es salado, muy salado. Mucha gente se lo zampa como si fuera un aperitivo y no es que esté muy allá, cuestión de gustos.

Al lío, que hoy tenemos también ruta larga y con bastante interestatal me temo. Hoy toca una pequeña lección de historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Hoy nos sentiremos acompañados por escritores como John Steinbeck, Jack Kerouac, músicos como Bobby Troup y Chuck Berry que popularizó la canción “Route 66”, en definitiva hoy rodaremos, aunque sea brevemente, por la famosa Ruta 66, también llamada desde la novela de Steinbeck “Mother Road”.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ruta_66

http://www.legendsofamerica.com/66-arizona.html

La historia de la ruta me la voy a ahorrar, por eso adjunto enlaces, para que los que quieran indagar más sobre la misma lo hagan. Personalmente, creo que está sobrevalorada, al fin y al cabo no es sino un tramo de carretera que actualmente está prácticamente abandonado. Pero culturalmente, el impacto en el ideario de los que viajamos en moto o los que gustan de largos viajes en coche es notable. Y no digamos ya en los estadounidenses, a quienes si algo les gusta es viajar en coche. Además, entiendo que una nación como ésta, con una historia relativamente breve y que reniega prácticamente de la cultura de los indígenas reales del país, busca referentes históricos a los que dar cierto empaque para tenerlos como referentes de su pasado, por breve que este sea.

Hasta mediados de la década de los años 30, el Oeste seguía siendo un lugar idealizado por los habitantes del centro y del este de los USA; una región de oportunidades, a la que huir del frío de las planicies yermas, donde buscar una oportunidad, un renacer si las cosas te fueran mal en el Este. Sobre todo, quedó así marcado tras la publicación de la novela de John Steinback “The grapes of Wrath “, donde se narran las vicisitudes de una familia de agricultores que tras la Depresión del 29 pierden sus tierras y marchan hacia el oeste donde se contrataban peones para trabajar en la agricultura. Es curioso porque siempre digo que, en general, no leemos historia. Lo comento porque al hilo del asunto del “Crack del 29”, ¿sabían que en USA, en el año 1933, posiblemente uno de los más duros tras el inicio de la depresión, que fue una de las más duras –si no la que más- que ha sufrido ese país, la tasa de desempleo llegó al 25%? ¿Les suena de algo dicha cifra? Lean las previsiones del FMI para España y les sonará como si fuera historia ya conocida, que lo es o va camino de serlo.

Salimos del hotel, luce un sol espléndido y a temperatura es agradable, lo justo de fresca. Al salir del pueblo, está indicada la interestatal 140 como Ruta 66, aunque no será hasta pasado Williams que podamos rodar por la carretera primitiva. Desde aquí hasta Williams, la carretera no tiene mucho interés, salvo el ver una zona algo accidentada de Arizona, con bosques y colinas verdes, contrastando con la aridez del norte del estado.

Pasamos por Williams, y realmente es casi lo que hicimos: pasar. Porque el pueblo no tiene mucho que ofrecer, los alrededores son bonitos y presentan multitud de opciones de ocio: senderismo, rutas a caballo, hasta un parque zoológico tipo Cabérceno, pero nos entretenemos lo justo. Williams presume de ser la "Puerta hacia el Gran Cañón" y ciertamente la carretera que anoche tomamos erróneamente hacia Flagstaff por el puerto de montaña, hubiera sido más confortable si hubiéramos elegido bajar primero a Williams. Si se pasa por aquí a la hora del almuerzo hay varios sitios que tienen buena pinta, pero es temprano y seguimos ruta.

http://www.legendsofamerica.com/az-williams.html

Siguiente “parada” –es un decir, porque parar, paramos más bien poco aquí- es en Ash Fork -literal, “Tenedor de Ceniza” http://www.legendsofamerica.com/az-ashfork.html un decrépito pueblo de unos 400 habitantes, que intenta a duras penas mantener alguna de la importancia que tuvo décadas atrás, sobre todo al ser parada del Tren de Santa Fe hasta los años sesenta. Cuando la línea férrea del Santa Fe se trasladó, el pueblo se vino abajo. Ahora es sólo una parada apartada de la interestatal y con un aire decrépito y algo sombrío. ¿Recordáis Cars? Pues es casi como Radiator Springs.



Seguimos la interestatal hasta nuestra siguiente parada, Seligman. Bueno, esto ya es otra cosa. Seligman es, lo que se viene llamando una “fricada”, se escriba como se escriba. Las imágenes dan fe de lo que comento. Seligman, desde la interestatal, parece un pueblo cansado, tostado por el sol, acostado junto a la carretera. Un conjunto de casas –pocas- bajas y algo mustias, que intenta dar la nota para que los turistas paren y no sólo pasen. Nos detenemos un poco para ver el pueblo -paisanaje y paisaje parecen estereotipos del reparto de “Easy Rider”- una réplica cutre de Williams, que ya es decir.

Cuando veo estos pueblos me pregunto, por qué: por qué a alguien se le ocurrió poner aquí unas casas, a qué ecléctico conjunto de personas se les ocurre que este puede ser un buen sitio para vivir. Indagando un poco, sacas un par de conlusiones. La primera, el ferrocarril ha sido en este país motor del desarrollo y de la economía, hasta que en parte fue desbancado por el tráfico por carretera. Y segunda, la gente de este país se ha hecho a si misma y ha conquistado territorios a puros arrestos. Imagino que por aquí habría enormes ranchos donde cuidar vacas de magras carnes una vez que los bisontes fueron expulsados y casi extinguidos –y con ellos los indios, claro- y para mover el ganado de manera rápida y a bajo coste la mejor manera es el tren. Y el tren trajo de todo, dinero, riqueza, vaqueros y mineros, prostitución y juego, sheriffs y jueces. Y una vez acabado el tren, les quedó la carretera, la famosa 66, hasta que los nuevos trazados más rápidos y cómodos, les volvieron a dejar al margen de todo.

Seligman tiene sitios peculiares como el Rusty Bolt, uno de los sitios que has de parar a ver aunque sea sólo un ratito como hicimos nosotros, y quizá hacerte una foto entre las réplicas del Elvis y Marilyn. Para muy “freaks”. Os aseguro que los visitantes de esta zona, en general, lo son. Lo somos ;-)

RUSTY BOLT, SELIGMAN

Lo bueno de parar en Seligman, es que aquí comienza uno de los tramos de la carretera 66, podemos dejar por un rato la interestatal y recorrer la genuina ruta, pisar el asfalto que tantos vehículos recorrieron, que tantos sueños condujo hacia el oeste. Tenemos una curiosa sensación porque la carretera no es gran cosa, es una simple línea de asfalto con la clásica pintura amarilla, el paisaje es otra vez desértico –no en vano nos dirigimos hacia el Mojave -, vallas de ranchos y adivinar: rectas larguísimas, cómo no. La única ventaja es que apenas circulan vehículos por aquí, vamos solos prácticamente hasta nuestra siguiente parada, Kingman. Pero estamos en una ruta con historia, y gracias a los esfuerzos de grupos de presión populares y asociaciones, conservaron –en bastante buen estado- un tramo de la ruta original.

Kingman es uno de los pueblos importantes de la ruta 66 en Arizona, y se vuelca en la ruta. Es otro de los pueblos surgidos al amparo del ferrocarril –y van…-. Asentamiento de “cowboys” y parada y fonda de mineros en busca de fortuna dorada en el Oeste, Kingman se fundó en el año 1882 –anteayer en cronología europea- y ha sufrido diversos avatares, Hoy es un pueblo más, con la ventaja de ser un nudo de comunicaciones entre las Vegas y Phoenix en el eje norte sur y entre Los Ángeles y Alburquerque en el eje este oeste.

Es hora de zampar y para tan magno evento consuetudinario nos decantamos por un clásico de la ruta, el Mr D´z, nombre completo http://www.mrdzrt66diner.com/ Mr D´z Route 66 Diner. No sé si será el diner más genuino de Kingman, pero nos da igual, tiene buena fama, está hasta arriba de gente y tenemos hambre. ¿Necesita un hombre más razones? Pues eso.

Nos atiende una camarera con sonrisa de animadora y con más maquillaje que una muñeca de porcelana japonesa, además su nombre le va como anillo al dedo: Tiffany. Lo bueno es que nos sienta en una mesa grande y solos, así que estamos muy a gusto. Del menú no os recomiendo la fideuá ni el mero a la plancha, y ni se os ocurra pedir la olla podrida. Ejem, vale, es un chascarrillo, quiero decir que el menú es el clónico de todos los dinners de todo el maldito oeste estadounidense, así que nos zampamos una hamburguesa un servidor y un sándwich mi sufrida Almu –para mi es una heroína motera- y unos “nosequé” de queso que tardan algo en salir por olvido de la camarera y Tiffany se deshace en disculpas por el despiste. La verdad es que se está bien aquí, el ambiente es agradable, la mayor parte de las camareras y de los cocineros son mexicanos y se come bien –en parámetros USA, claro-. Almu se atreve con un café, y yo me parto viendo la cara que pone cuando prueba el brebaje.

Por cierto, aquí os dejo una imagen que refleja perfectamente las dimensiones de un “truck” medio de los que por aquí campan junto a un todoterreno de referencia como un Toyota 4 RUNNER, alucinante.

Y también cómo un tipo con tatuajes, coleta y barba de unos 50 años, que conduce una H&D bastante transformada, tiene su puntito de ternura –mirar el peluche en la maleta trasera-, je, je.

Tras el "resopón"*, nos acercamos a visitar la antigua central eléctrica reconvertida en museo de la ruta. Un sitio interesante, atendido por un personal con una media de edad de 70 años –no exagero nada- y donde te dan una visión documentada de la Ruta 66. Un toque nostálgico en el viaje.

Dust Bowl:

http://es.wikipedia.org/wiki/Dust_Bowl

Tras abandonar el museo, decidimos que ya hemos tenido bastante mother road por hoy así que toca seguir camino. Y éso a pesar de la insistencia del personal del museo de que visitemos los lugares emblemáticos del pueblo: El hotel Brunswick construido en 1909, el Museo de Historia del Mojave o el Museo del aeródromo de Kigman.

Así, descansados y animados, seguimos ruta ya por la interestatal 40 en busca de nuestro destino para la noche, Bakersfield. La Ruta 66 sigue hacia el oeste, hacia Oatman y el Sitgreaves Pass, cruzando la zona de pueblos y minas abandonadas. Pero nosotros seguimos camino ya que se nos echa el día encima. Os dejo el enlace y algo de información por si os interesa: http://www.legendsofamerica.com/az-goldroad.html

La 40 rodea el Mojave Valley y bordea por el sur el desierto del Mojave, reserva natural, y dejamos a nuestra izquierda un campo de entrenamiento de los Marines. En una gasolinera donde paramos a descansar las posaderas y repostar, coincidimos con un trío de harleys que se dirigen a Las Vegas, uno de los moteros se para a charlar –qué raro- y nos comenta que él también tiene en casa una Goldwing, modelo 2012, y que le encanta la moto. Y entre risas, nos dice que no entiende por qué si se puede hacer un motor como el de la Goldwing, Harley Davidson no ha evolucionado sus motores, llenos de ruidos y vibraciones. Le pregunto qué por qué conduce una Harley y me responde que como sus amigos tienen una moto de Milwaukee y van a Las Vegas, mola más hacerlo en Harley y se ha alquilado una. Buen punto de vista.

Nos deseamos buena ruta y seguimos en direcciones opuestas, ellos hacia las vegas y nosotros hacia el oeste. El calor empieza a remitir y la interestatal sigue tan aburrida como hace un rato. Lo mejor es que poco a poco el sol empieza a bajar y el paisaje desértico gana bastante con la luz. Después de un rato de moto, paramos en un área de descanso para estirar las piernas y que la dama pueda ir al baño. Estamos en pleno desierto de Mojave y hay carteles de aviso curiosos.


Y cotillas claro.

Charlamos un momento con el enésimo “yankee” amable y hablador, es un señor mayor, de Alaska, y le llama la atención la moto. Me comenta que con su edad y la cadera fastidiada le sería imposible llevar la GL y que se vuelve a su Alaska querida, que ha estado una temporada viendo a su hija que vive cerca de LA pero que hace mucho calor por aquí. Nos deseamos feliz ruta –sobre todo a él, que le queda un paseo majo- y seguimos adelante.

El sol va bajando poco a poco y el atardecer es precioso, y aquí es cuando veo que una de las luces de posición está fundida, otra ventaja de la GL, al llevar cuatro, casi ni te enteras. Compruebo las demás luces y es la única que falla, incluso la de freno funciona bien, así que seguimos camino. El viento empieza a ser algo más fuerte, y nos cae la noche encima.

Superado Barstow, que de noche me cuesta reconocer los sitios, tomamos el último tramo de la 40 hasta Mojave, dejando a la derecha el desvío a Calico, una “ghost town” o ciudad minera abandonada. Paramos a repostar y nos encontramos a los tres harlystas que vimos por la mañana en Seligman, que llevan la misma dirección que nosotros. El viento es cada vez más fuerte y la carretera que lleva hacia Bakersfield bordeando la Base Edwards es una tipo nacional de dos sentidos en las primeras millas, discurre por una zona plana como una bandeja y el viento racheado no está dando la lata. Aunque peor lo están pasando los amigos de las Harley que van a un ritmo muy inferior al nuestro, tratando de mantener el equilibrio. La maravilla de esta carretera es el rodar de noche junto a los camiones, que son un festival de luces rodantes, a Almu le recuerdan el anuncio de Coca Cola con el camión enorme lleno de luces. Bordeamos la Base Edwards, que de noche es un puro espectáculo de luces, y arribamos en Mojave para tomar la divertida interestatal 58, que aquí ya es como mandan los cánones, y tomando unas curvas divertidas vamos descendiendo hacia el valle por las colinas del Kern County.

Ya es tarde cuando llegamos a Bakersfield, del que no os voy a contar gran cosa, que no son horas y estamos cansados. La noche amenaza lluvia, y hace bastante viento, pero llegamos sin incidencia alguna. El BW de Bakersfield es un complejo enorme, está dividido en dos edificios de dos plantas con un río y una piscina en medio. En recepción aparcada vemos una Electra Glyde de Ohio muy bonita, el recepcionista por supuesto nos deja aparcarla junto a su nueva amiga americana y nos vamos a dormir que ya es hora.

El día ha sido largo e intenso, hemos “rodado” por la historia reciente de este país y hemos catado un poco su cultura y nos hemos divertido bastante. Lo mejor, como casi siempre, a sido el contacto con los norteamericanos, casi siempre predispuestos a entablar conversación y a interesarse por los viajeros. Está claro que la moto es una excusa muy buena para romper el hielo.

Hasta mañana.

* Resopón en realidad es un refrigerio que se suele tomar antes de irse a la cama si se ha cenado pronto o si se viene de juerga a las tantas de la madrugada. ;-)

FOTOS: