martes, 30 de octubre de 2012

EL MAESTRAZGO EN MOTO III

Tras el paseo por Morella y comer algo, es momento de retomar la ruta. Así que bajamos hasta la muralla, donde hemos dejado a Charo tomando el sol y nos disponemos a seguir nuestro camino.
Queremos llegar hasta Aliaga, en Teruel, que es donde Almu reservó cama para esta noche, y nos queda un paseo por Castellón –poco- y el Maestrazgo turolense, vamos que nos quedan por delante algo más de cien kilómetros de curvas y paisajes serranos.

Salimos de Morella por una de las puertas laterales de su impresionante y bien conservada muralla, para tomar la carretera dirección Forcall, la CV 14, pero antes de seguir nos detenemos a saludar a un paisano que nos mira con envidia –el pobre está atrapado en una finca vallada y lleno de garrapatas- y se ve que los cubrepuños de la moto le parecen regaliz porque intenta darles un mordisco. Nos despedimos del burrito cascabelero y seguimos ruta con algunas nubes amenazantes que dejan escapar algunas gotillas, pero que apenas molestan. De hecho, la tarde hasta llegar hacia Villarluengo será así, alternando nubes y claros y con alguna gota que otra.


Pasamos por Forcall, pero apenas nos detenemos a admirar su preciosa plaza porticada, abarrotada de vehículos, y seguimos camino. Pero, un momento, que nosotros sigamos ruta no quiere decir que el pueblo no merezca una parada, como así es, así que os dejo información para que os pique la curiosidad. http://www.forcall.es/ca/node/82
Recorriendo campos austeros, con carrascas y arbustos varios, de tonalidades marronáceas,  con almendros y olivos, muros delimitando los campos hechos con la llamada “piedra seca”- utilizada también para hacer cabañas de pastor, bancales, etc.-, curveando por carreteras con asfalto algo precario y con apenas tráfico, llegamos a las inmediaciones de Mirambel, precioso pueblo turolense. http://www.mirambel.es/InternetRural/mirambel/home.nsf/documento/situacion_como_llegar Pueblo vinculado históricamente a diversas órdenes militares y que se refleja claramente en su trazado y edificios. Paramos un rato a disfrutar del…silencio: es una delicia, no hay apenas nadie por la calle y somos casi los únicos visitantes. Me quedo sentado al sol tras hacer un par de fotos mientras Almu lo inspecciona -el pueblo-  y yo atento a la charla de dos mujeres mayores sobre el tiempo y vecinos ausentes. Tras un rato de relax en este precioso pueblo, y casi con vergüenza de arrancar la moto por no romper el silencio, montamos y salimos del pueblo intentando hacer el menor ruido posible –ya se que es una tontería, pero es que lo sentía así- y retomamos la carretera.



Vemos varias masías, pero ante la duda de si son visitables o son habitadas, no nos detenemos, pero sólo apuntar que las masías han sido parte fundamental del poblamiento de estas comarcas desde tiempos medievales.
Tras cambiar el asfalto, a mejor, y después de un rato divertido de curvas y más curvas, alcanzamos un farallón de roca, una eminente atalaya, como una quilla de un enorme barco que desafía el valle y el espacio que tiene delante, se alza altanera Cantavieja, con su casco urbano asomado al valle del  río homónimo y sus casas colgadas que recuerdan a las famosas de Cuenca. http://www.cantavieja.es/ Además parece que es de esos pueblos que forjan el carácter, ya que aquí se asentó Ramón Cabrera, “El Tigre del Maestrazgo, durante la 1ª Guerra Carlista, y fue destacada su actividad por la zona. Y ya sabéis, para más información os acercáis al museo in situ en el pueblo y os enteráis de qué va todo esto, que yo no estoy hoy para muchas guerras.

En Cantavieja nos tomamos un cafetito mientras los vecinos y algún turista “disfrutan” de la televisión regional y sus concursos de recortes a vaquillas, y comentando las jugadas, claro. Tenemos al lado la Iglesuela del Cid, y nos acercamos para ver el pueblo y sus alrededores, pero están en fiestas –qué casualidad, también están toreando vaquillas-, y tras charlar con dos vecinos ancianos muy majetes –que nos abrigáramos no paraba de decir la mujer- volvemos hacia Cantavieja.
El paisaje, con la luz del atardecer, se crece en ocres, pardos, amarillos y canelas, veteados en algún punto por verdes y rojizos de los árboles que están barruntando el invierno. Diseminadas entre las montañas, algunas alquerías ofrecen una idea de lo dura que es –y que ha sido- la vida por estos pagos. El invierno aquí no ha de ser nada benévolo.

Para alcanzar Villarluengo, pasamos el puerto de Cuarto Pelado a unos nada despreciables 1612 mts. de altitud y pasamos por Cañada de Benatanduz, no sin antes recorrer una increíble garganta que desciende vertiginosamente desde el puerto hacia el pueblo, y nos regala un inicio de otoño impresionante: los chopos empiezan a cambiar la hoja, la luz del atardecer se filtra entre sus ramas y el ambiente es una explosión de luz y de colores otoñales. Al fin, subimos de nuevo para asomarnos a un mirador natural que forma una de las calles del pueblo nuevo, y llegamos aquí:

Cañada ha estado vinculado gran parte de su historia, como Mirambel, a las órdenes militares, de hecho fue la Orden del Temple, la que concedió carta de población al pueblo, en el lejano 1197. El pueblo consta hoy de menos de 50 habitantes. Pero desde las alturas es magnífico, recogido, coqueto, abandonado, algo ruinoso pero aún desafiante, sabiendo que lleva aquí al menos 800 años soportando guerras, razzias, inviernos heladores y veranos calurosos. Si venís por aquí, al menos, tenéis que parar un momento como nosotros, a contemplarlo. http://es.wikipedia.org/wiki/Ca%C3%B1ada_de_Benatanduz



Seguimos por la Sierra de la Cañada, para alcanzar Villarluengo, pasando antes por formaciones rocosas impresionantes, entre ellas, el conocido como  “Órganos de Montoro”, impresionante “monumento” natural de agujas de roca calcárea que suben desde el barranco hasta una altura de doscientos metros. Lástima que pasamos cuando ya el sol no lo ilumina, pero aun así, las formaciones rocosas de toda la sierra y la carretera son una maravilla digna de disfrutar. El trazado de la carretera es sinuoso, con curvas cerradas y un asfalto magnífico, además no hay nada de tráfico. Nos animamos para, una vez pasado Villarluengo, http://www.villarluengo.com/ precioso pueblo asomado al barranco del río Guadalope, que bien merece una visita aunque sea breve.
Nosotros vamos ya con algo de prisa y tenemos que seguir camino, aun así, llegaremos de noche a Aliaga.

Al llegar a Ejulve y tras ver cabras montesas en la serranía, tomamos la A2403 para pasados los puertos de Majalinos y de la Aldehuela, alcanzar Aliaga. Lástima que se esté haciendo de noche, porque la carretera es divertida y muy bonita, una buena carretera motera, para que me entendáis.
Llegamos a Aliaga, de noche, como os indicaba, pero no nos cuesta nada de trabajo encontrar la casa rural “La Parra”, donde encontramos descanso justo a las afueras del pueblo, en un sitio silencioso y tranquilo. La casa es impresionante y la habitación a Almu –es la que manda en estos casos- le encanta, a mí también ojo.

Tras la ducha de rigor, bajamos a cenar y descubrimos que es el único restaurante abierto en el pueblo –de hecho, nos sentamos al lado del alcalde y señora, parece una escena de El Padrino, con medio pueblo viniendo a verle y a pedirle cosas y el pobre comiéndose a duras penas los callos con garbanzos- cenamos como generales, pero hoy, desde luego nos lo hemos ganado.
Tras un breve paseo por el pueblo –sólo vemos tres gatos y un coche que pasa- nos retiramos, que la noche es fresca y mañana madrugamos.
Hasta mañana.
FOTOS: FOTOS EL MAESTRAZGO EN MOTO

domingo, 28 de octubre de 2012

EL MAESTRAZGO EN MOTO II



¡¡Maldita almohada!! El hotel está bastante bien, la habitación es cómoda, espaciosa, no se escucha casi ningún ruido y se está muy a gusto. Pero tengo el sueño ligero y estoy acostumbrado a dormir con almohadas bajitas y la de la cama es todo lo contrario. Hasta sueño, en una de las raras ocasiones en que me quedo dormido, que me despierto por la mañana, miro dentro de la almohada y resulta que es una funda blanca de algodón, un pequeño cojín finito y un ¡tablón de madera! Me despierto una de tantas veces y me pongo mi forro polar a modo de almohada y por fin consigo dormir algo mejor.
Me despierto cuando se filtra la luz por la habitación, está a punto de amanecer y ya sabéis que me encanta esta hora del día cuando estoy de viaje. Hay luz para ver donde estás pero aún no hay movimiento de gente por las calles ni casi en las casas, es un momento tranquilo e íntimo antes de que se desate la actividad normal de un día de viaje. Me ducho y me voy vistiendo antes de despertar a Almu, mientras se espabila y se ducha, aprovecho para salir un rato al balcón y disfrutar de las vistas. No son grandiosas, pero estamos justo frente a La Lonja, edifico gótico del siglo XV; aunque la galería superior de arcos no tiene pinta de ser gótica y buscando información me entero de que es un añadido posterior, del siglo XVI, barroca como la fachada del ayuntamiento, el edifico anejo. Lo cierto es que la plaza es monumental, se complementa con la presencia imponente y altanera de la colegiata -iglesia que, no siendo sede propia del arzobispo u obispo, se compone de abad y canónigos seculares, y en ella se celebran los oficios divinos como en las catedrales- http://lema.rae.es/drae/?val=colegiata
Insisto, Alcañiz merece un día, al menos, de visita. Nosotros no tenemos tanto tiempo y bajamos a desayunar a la cafetería del hotel, y a pulsar un poco la calle del pueblo. El Heraldo de Aragón destaca la detención de cinco conductores con tasas de alcohol más altas de las permitidas durante el día del Pilar, la conmemoración reivindicativa del Centenario del túnel de Canfranc y que mañana el CAI Zaragoza juega en Valencia un partido decisivo de la Liga ACB de baloncesto. Nosotros tenemos menos ajetreo vital en este momento y con disfrutar de las tostadas y el café nos conformamos. La mañana es fresca pero el sol radiante anuncia un día algo caluroso –dentro de estar en el Maestrazgo en octubre, no sé si me explico-, así que nos pertrechamos de todos los bártulos necesarios, guardamos el equipaje en la moto y salimos a dar una vuelta por Motorland, sólo por verlo por fuera.
Motorland, alias Ciudad del Motor de Aragón- que manía de poner nombres rimbombantes a las cosas, como si les diera más empaque cargarlas con nombres polisílabos- se inauguró  hace cuatro años y es enorme –ocupa más superficie que el mismo pueblo de Alcañiz- y cuenta con circuito de karting, otros de tierra, incluso un área de “ocio y cultura diseñada por Norman Fóster”, ahí queda eso. Damos una vuelta por el lugar, lógicamente no está ni el Tato, así que nos hacemos una foto por hacer un poco el paripé y nos largamos, que tenemos cosas más interesantes que hacer hoy. 

Retomamos la carretera nacional, la magnífica N-232 durante unos 15 km. Y luego la comarcal A-231 para ir hacia La Fresneda, precioso pueblo encaramado alrededor de un cerrete coronado por un castillo calatravo y por una pequeña y curiosa ermita. La subida al castillo con la moto cargada se hace complicada así que desistimos, y vamos hacia l aplaza mayor; a pesar de estar la mitad en obras, es preciosa. Paramos un momento a disfrutar del pueblo pero se ve que hemos coincidido con alguna excursión autobusera y hay demasiada gente para disfrutar a gusto del sitio, así que seguimos ruta.
Continuamos circulando por el paisaje turolense de la sierra de Encanade, por la llamada comarca de Matarraña –justo en Fresneda hemos coincidido con el río que da nombre a la comarca y ya no lo abandonaremos hasta el siguiente pueblo, Valderrobres- con la carretera rodeada de almendros y algunas tierras de labor. Y llegando al pueblo nos damos de frente con la realidad; es festivo y es puente, porque el pueblo tiene un tráfico infernal, hay retención a la entrada y la cosa va para largo. Menos mal que la moto, a pesar de su porte y prestancia -ejem-, es ágil y nos colamos entre los coches para cruzar el puente de hierro y tener una perspectiva del casco antiguo. Aunque con tanto turista, desistimos de visitar el pueblo y seguir camino. No obstante, recomendamos la visita al pueblo porque tiene una pinta estupenda y seguro que merece la pena. Os dejo algo de información: http://www.valderrobres.es/ Curiosidad, en la página web del Ayto. se indica que el Castillo es monumento nacional desde el año 21931 ¿? –será en años Fahrenheit porque no me salen las cuentas-. Me cuadra más el 1931 ;-).
Fuera bromas, seguimos ruta hacia el suroeste, hacia Morella, pero aún nos queda algo de camino por recorrer. En los campos vemos paisanos cosechando almendras con tendales y vareando aunque en un pueblo vemos de pasada una máquina que va adosada a un tractor y cosecha las almendras de modo mecánico, curioso el artefacto. Si os gustan las almendras, sean marconas, larguetas o comunas, estáis en un lugar recomendable para catarlas, sin duda.
Llegamos de pasada a Peñarroya de Tastavins, pero no nos detenemos apenas para poder disfrutar de las afamadas “Peñas del Masmut”, conjunto de conglomerados que recuerdan a los Mayos de Riglos y que es un imán para escaladores de toda España. Si tenéis tiempo y ganas, recomendable la visita.
Ahora toca parar, aunque sea un momento, en Monroyo.  http://monroyo.com.es/ donde me entero que es uno de los pueblos de Teruel catalanófonos, según el Anteproyecto ed Ley de lenguas de Aragón: “lista de municipios que pueden ser declarados zonas de utilización predominante de su respectiva lengua o modalidad lingüística propia o zonas de utilización predominante del catalán normalizado”. Si es que esta zona tiene mucho interés, es zona de frontera cultural y lingüística y los límites territoriales se diluyen. http://www.unizar.es/colla/abamproyeutoleideluengas.htm
 
Bueno, el pueblo está en un altozano que domina su territorio circundante, con restos de un castillo -árabe- en su cima –es una meseta, un cerro de los llamados “muela” por su cima truncada y llana-, consta con casas verdaderamente monumentales y escalinatas que se antojan infinitas. Para abandonar el pueblo, se pasa por un peculiar arco, llamado el Portal de Santo Domingo, donde en una de las entradas de la muralla, se construyó una capilla a dicho santo y consta de unas vidrieras preciosas reconstruidas en 1993. El pueblo sufrió las iras de las huestes de Felipe V durante la Guerra de Secesión al oponerse al monarca. De hecho, el pueblo sufrió tres incendios devastadores durante las Guerras Carlistas, aunque nadie lo diría viendo el estado actual del pueblo. Si venís por aquí, pasar a dar un paseo que no os defraudará.
Aprovechamos para repostar gasolina y mientras lleno el depósito de Charo, Almu se dedica a hacer amigos con la fauna local.
Continuamos por la carretera nacional N-232 que tomamos nada más salir de Monroyo, una carretera divertida, rápida y recién asfaltada, que nos conduce “curveando” hasta el puerto de Torre Miró en las postrimerías de Morella. Antes de llegar a la ciudad, paramos a ver el famoso acueducto, una construccion del siglo XIV, que crea un curioso marco para divisar la ciudad.
Morella, instalada en una mole altanera y dominante, parece nacida de una leyenda medieval, esperas encontrar caballeros saliendo por sus murallas o doncellas en balcones esperando a que llegue su príncipe –encantador, por supuesto- a rescatarlas de las garras del pérfido y malvado –por supuesto- moro. La realidad supera la ficción ya que el pueblo está hasta la bandera y el amable policía nos invita a aparcar extramuros, junto a los coches, cosa que por supuesto no hacemos. Seguimos rodeando el pueblo y nos metemos por el lado opuesto de la muralla donde sólo un pequeño detalle empaña mi maniobra: es prohibida y me meto en dirección contraria, pero no baja ningún coche y no pongo a nadie en peligro-bueno, si mi vergüenza si me pilla un poli local, pero no fue el caso-. Además, encontramos un hueco junto a la muralla para aparcar la moto. La única pega es que tenemos por delante tropecientos escalones para llegar a la zona principal de bares de la ciudad. Y claro, los moteros que lean estos, comprenderán mis cuitas, porque saben lo que es subir escalones enfundados en un traje de motorista –menos mal que los cascos los dejamos en la moto- así que ánimo moteros del mundo que gustáis de conocer lugares paseando, estamos con vosotros.
No me voy a extender en describir la ciudad de Morella, tenéis información suficiente en muchos sitios. Indicaros que es una ciudad bonita –me refiero todo el tiempo a la ciudad intramuros, al sur del castillo-, con casas solariegas, un castillo que domina y estructura la ciudad, con la calle principal porticada en muchos puntos y agradable para dar un paseo. Por cierto, paseamos un rato junto a una pareja de novios recién casados y coincidimos Almu y yo que eran los novios con menos cara y actitud de enamorados que hemos visto en nuestra vida. Ella era una siesa con gafas de sol de princesa de barrio y el chaval tenía una mirada de ternero que daban ganas de darle una colleja, ¡¡¡ay el amor, el amor!!!!!
Para quitarnos el hambre nos sentamos en un bar con terraza y nos tomamos un jamoncito de Teruel –podría haber sido perfectamente de Uzbekistán- que no era gran cosa y unas croquetas Morellanas que no estaban mal, pero no eran tan buenas como las que cenamos anoche en Alcañiz, y ua ración de queso curado bastante rico. El vinito, un Rioja normalito, menos mal que no eran precios de turista y por 15 “euretes” todo salvamos la situación con cierta decencia.
Damos un paseo tras la comida, para conocer un poco la ciudad y subir hacia el castillo y la impresionante Iglesia Arcipestral de Santa María La Mayor, con sus dos puertas magníficas. Callejear por Morella, a nada que encontremos callejuelas tranquilas y poco transitadas, es un regalo para los sentidos aunque no para los pies ni los cuádriceps -qué de escaleras-, y es muy recomendable darse un garbeo.

Ahora nos queda dejar la ciudad, así que bajamos otro tramo de escaleras y preparar la moto, que nos queda un paseo majete por delante hasta Aliaga. Pero os lo cuento mañana que ya lleváis un rato de ruta y os vendrá bien un descanso, así que os dejamos descansar, nosotros seguimos de ruta por el Maestrazgo, y os lo contamos.

jueves, 25 de octubre de 2012

EL MAESTRAZGO EN MOTO I



"El Maestrazgo es una comarca aislada; en realidad, independiente de Valencia y de Aragón; es como una plataforma alta, erizada de montes como conos truncados, verdaderos castillos naturales, limitada por los antiguos reinos de Cataluña, Aragón y Valencia y extendida hasta el mediterráneo.
El Maestrazgo es un país seco, árido, frío; pero sin embargo, tiene recursos para su población.
Es un país de guerrilleros…”.
Pío Baroja.

Las Guerras Carlitas son parte de la memoria de esta región de la Península Ibérica algo apartada, según el sentir general, de las ajetreadas vías que radiando desde Madrid nos comunican con Valencia, Córdoba, Barcelona, Extremadura, Bilbao y Coruña. El Maestrazgo está algo al margen de las principales carreteras si, pero lo que para sus habitantes puede ser un inconveniente, también se torna en ventaja si de calidad de vida hablamos, no digamos ya si del silencio, tranquilidad, paisaje, historia y del disfrutar de la naturaleza .

Aprovechando el famoso “Puente del Pilar” y que tenía unos días tranquilos en el máster, mi mujer y yo decidimos hacernos una ruta “moteril” no muy lejos de casa. La idea era aprovechar el viaje pero no darnos una paliza brutal, por aquéllo de no fomentar deseos de matarme en Almudena y tal, así que le preparé una ruta por una comarca que visité hace ya unos cinco años con Ángel, Antonio y Valentín y que me encantó: El Maestrazgo. Como indicó Pío Baroja, es una tierra independiente de Valencia y Aragón, una "Tierra Media" podríamos decir parafraseando a Tolkien, a caballo entre los páramos desérticos de los Monegros y de la costa castellonense se esconde esta región preciosa, agreste, con mucha historia que contar, habitada por gente amable y con una cantidad de rutas para hacer “moto turismo“, que no deja indiferente a ningún amante de las motos.
 
 

Para los aficionados a la historia, prehistoria incluida, la comarca del Maestrazgo y aledañas son un deleite para los sentidos. Por aquí dejaron su impronta gente que vivió hace unos 8000 años pintando y grabando abrigos con uros, caballos, ciervos y esenas de caza y recolección; gentes que forjaban falcatas de hierro para emplearse como mercenarios con los romanos -Íberos-, gentes que empleaban a su vez armas de hierro para enfrentarse a los mismos romanos -celtíberos-, por supuesto los susodichos hijos de la loba capitolina que controlaron y dominaron la península durante algún tiempo -qué nos han dado los romanos, como decían los Monty Python-; gentes de tez morena y turbantes que, habiendo cruzado el estrecho de Gibraltar se asentaron por aquí hacia el año 714 para "dominar" la zona -y la península- durante otros tantos años, o casi-musulmanes-; gentes que se empeñaron en pelear a favor o en contra de dichos invasores -benditos invasores para según qué cosas-; que vivieron en zona de frontera belicosa durante toda su vida, viendo pasar en un sentido u otro a musulmanes en ligeros caballos árabes o cristianos armados sobre pesados caballos de batalla; que vieron pasar las tropas bajo el mando de Alfonso I El Batallador; gente que, para conservar vida y hacienda, hubieron de renegar de su fe -moriscos- y abrazar la de los "nuevos" amos; gente que vió partir a los mismos moriscos a primeros del siglo XVII; gentes que vieron formarse las Juntas proviciales durante los inicios de la Guerra de Independencia y participaron o sufirieron -qué remedio- las diferentes batallas entre franceses y españoles -como la protagonizada por el general Joaquín Blake contra el Mariscal Suchet en la conocida Batalla de Alcañiz-; gente que vió desfilar, pelear, sufrir y sudar a las tropas de Ramón Cabrera, mítico jefe carlista durante las guerras carlistas, apodado "El Tigre" aún hoy por estos pagos; gentes que escucharon, estremecidas, los siniestros ecos de las bombas de las batallas desarrolladas en Belchite, al noroeste del Maestrazgo, y de Teruel, al suroeste.
Maestrazgo


Es, en definitiva, una zona apartada de las comunicaciones principales de España, pero a pesar de su situación algo separada - o precisamente debido a la misma- ha sido escenario de peleas, sudores, conquistas, asedios, hambrunas, victorias, trabajo y conversiones religiosas y de otra índole.
Ahora el Maetrazgo se ha convertido en una región fundamental para entender gran parte de la historia de España y de sus gentes, y después de visitar gran parte de la provincia de Teruel en otras ocasiones y la comarca del Maestrazgo durante este fin de semana, tendría que decir como dijo Almudena descansando en la casa rural de Aliaga, que "Teruel existe, vaya si existe".

Imagino que, si habéis llegado hasta aquí, os estaréis preguntando de qué va el blog de hoy y dónde narices -por ser educados- está la ruta en moto, las curvitas, etc. Tranquilos, que ya vamos.
Estamos en octubre y según a información meteorológica nos puede caer la del pulpo si vamos hacia el este. Genial, queremos ir en moto y hace un tiempo que no es nada motero, aun así, no lo veo mal del todo y convenzo a Almu para no ir en coche -madre mía, me hubiera dado algo-, es más ni siquiera llevamos traje de agua -en caso de lluvia, paramos, nos tomamos algo y a seguir- así que no hay ningún problema. Bueno, sólo uno, las botas de la moto las tengo en casa de mi madre, en el pueblo, así que tenemos que tomar un pequeño desvío para recogerlas. Bendita la hora porque por la zona de Guadalajara -nuestra ruta- se ven unas nubes más negras que las perspectivas económicas de España, y el parar en casa de mi madre, nos viene de perlas: recogemos las botas y nos comemos unas patatas fritas con huevos ídem que nos sientan de maravilla, qué os voy a contar.
Tras ver un rato a mi madre, comer con ella y recoger lo que nos faltaba, en definitiva ponernos las botas en todos los sentidos, salimos de vuelta hacia Madrid para tomar la M-50 y la A-2 dirección Guadalajara. Nos caen unas “gotinas” de agua y el cielo está más negro que la axila de un grillo, lo que no me hace presagiar nada bueno en nuestro viaje, pero cosas de la meteorología, el viento empuja las nubes hacia el sur y la A-2 está relativamente despejada. La ruta no tiene demasiado chiste como os podéis imaginar, llegando por La Almunia el cielo está algo despejado y cruzaremos Zaragoza –en fiestas, apenas hay coches por la autopista, una gozada- y llegaremos hasta el desvío de la N-II sin nube alguna en el horizonte. A la altura de Bujaraloz, en una curva algo cerrada de la carretera nacional, sale un desvío para el sur, hacia Caspe y Alcañiz, así que allá que vamos.

La A-230 es una carretera casi “monegrina”, con largas rectas y curvas suaves entre maizales y tierras de cultivo, hasta que se cruza el embalse de Caspe-Mequinenza, y se alcanza la N-211 en el cruce con Caspe. Una ciudad –si, una ciudad- de 10.000 habitantes con un patrimonio que merece la pena conocer si se tiene tiempo y ganas, como no es nuestro caso ya que está anocheciendo y se intuye algo de tormenta por el horizonte dirección Alcañiz, ni nos molestamos en parar salvo para hacer el STOP del cruce. Poco a poco va cayendo la noche y el paisaje se reduce a las luces de las escasas viviendas en la lejanía, como luciérnagas detenidas en el suelo, la línea de asfalto que de cuando en cuando es iluminada por los escasos coches en dirección contraria y al fondo algún que otro relámpago que ilumina el horizonte y acongoja un poco a Almu que no es amiga de las tormentas estando en campo abierto. La tranquilizo porque veo que la tormenta está muy lejos y antes habremos alcanzado Alcañiz.
¿Motorland? ¿Qué diablos es esto de Motorland? Ah, el circuito de motos, claro. Es una sensación extraña porque buscamos tranquilidad, historia, sosiego y pueblos pequeños y nos encontramos con un circuito de motos puntero y moderno en medio del Bajo Aragón. Por supuesto, sólo vemos los carteles, ni ganas que tengo de acercarme al circuito –lo haremos por la mañana- que la moto ya intuye el establo y toma las rotondas con una suavidad pasmosa -si supiera que va a dormir en la calle no estaría tan “animosa”- y nosotros también tenemos ya ganas de parar a descansar y comer algo, que hay hambre.
Alcañiz es un pueblo notable, con una población de unos 17000 habitantes, es capital del Bajo Aragón, con mucha historia que contarnos y muy bonito. Lo primero que nos llama la atención es lo limpio y cuidado que está, y lo silencioso, el centro del pueblo está “matao” y eso que es viernes 12 de octubre, día de la Hispanidad y de la Virgen del Pilar. El hotel en que nos alojaremos es el Guadalope http://www.hotelguadalope.es/ Algo viejuno, pero cuidado y muy bien situado en plena plaza de España del pueblo. Además, la cafetería está a rebosar lo que es buena señal para nuestros hambrientos estómagos. Descargamos las cosas, y aparco la moto en la acera frente al hotel, hay alguna moto más aparcada pero son del pueblo, no hay ningún motero hospedado por aquí, al contrario que el fin de semana del gran premio de MotoGp, que esto ha de estar hasta la bandera.
La cena en la cafetería es deliciosa, quesos de Teruel, jamón ídem y croquetas de Morella, unas curiosas croquetas con forma de empanadilla rellenas de setas, cordero, alcachofa, pollo, jamón, etc. Ricas, ricas, repetiremos al día siguiente en la misma Morella, pero las del Guadalope nos saben a gloria. Recomendables.

Tras la cena, decidimos dar un paseo por el casco histórico del pueblo, en silencio y sin apenas gente por la calle, es una gozada. Además, la temperatura acompaña y es una delicia pasear por las silenciosas calles empedradas del pueblo. Merece la pena dedicar un día al pueblo, pero nosotros hemos venido a recorrer la comarca así que nos conformamos con pasear, pero si decidís venir con tiempo, dedicar un día o medio al menos, al pueblo, merece la pena.
Os dejo información por si acaso: turismo Alcañiz


Nosotros nos vamos a dormir, que el paseo en moto ha sido algo largo –aunque acostumbrados a los viajes largos, ha sido un aperitivo- y queremos descansar, aunque por la almohada de la cama del hotel, no las tendré todas conmigo y pasaré una noche “regulera”, pero no se puede tener todo ¿no? Hasta mañana.