lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Moto para todo? No, pero casi.

Aunque en el fondo, "ándeme yo caliente y ríase la gente" que diría Góngora, porque el debate no es si una moto es mejor que otra o aquélla va mejor en campo. El debate, en todo caso, debería ser justo ése, que si a mi me gusta la moto, por las razones -algunas peregrinas- que fuere, qué mas da, lo importante es que vaya a gusto en mi moto y ríase la gente.
Esto viene a colación porque con la proliferación de modelos cada vez más -supuestamente- trail o Mega-Trail que en anglicismos últimamente no andamos parcos, y vendrían a ser los modelos que imitando –aunque sea lejanamente- a las legendarias motos que se desarrollaron para el París-Dakar en los años 80 y primeros 90, se están desarrollando y comercializando en los últimos años.
Además, entre los aficionados parece que hay un encendido debate de qué moto es mejor, dentro del sector de las llamadas Maxi-Trail o incluso Trail-GT, es decir motos de estética que recuerda a las citadas motos de carreras dakarianas; esto es grandes depósitos, buenas suspensiones, grandotas y con dotes de devora kilómetros para poder irte de aventura al desierto del Sahara el segundo fin de semana de cada mes y mientras, ir a por el pan tan ricamente.
Aunque los modelos son dispares, desde la primera moto de calle de este tipo que desarrollaron casi a la vez Yamaha y Honda con sus respectivas Súper Tènèrè 750


 y Africa Twin



 y posteriormente imitaron y en muchos casos mejoraron otras marcas como KTM y su 990 Adventure,

 Suzuki con sus V Strom 650 y 1000,

 Kawasaki con su KLV 1000 –un clon de la anterior-,


 Guzzi con su Quota 1000 de 1992

 y, sobre todo, la actual referencia del segmento –con permiso de la KTM- la BMW R 1200 GS, en sus dos versiones, la normal y la Adventure.

 Algunas motos que se podrían calificar relativamente dentro del segmento aunque sólo fuera diametralmente –por su estética por ejemplo- incluiría a mi moto, la XL 1000 V Varadero, en sus dos versiones –la de carburadores y la actual de inyección-,

 la Guzzi Stelvio del 2007,



 la Kawasaki Versys –dos versiones-,

 Aprilia con su minorista Caponord,


 Benelli con su Trek 1130,


 Ducati con su brutal Multistrada 1200,



Honda con su “eterna” Transalp, con la Crosstourer e incluso con la  NC 700 X


, Moto Morini con la Granpasso 1200,



 Triumph con sus Tiger –versión de 800 y de 1200 cc-,


 Yamaha con la actual XT 1200 Z Súper Tenere

, incluso y por qué no, la marca californiana Zero con su eléctrica DS ZF 8.5.
En definitiva, que el abanico es amplio y extenso y cubren desde luego los gustos de cualquier motorista al que le gusten las motos altas y de manillares anchos, desde luego será por modelos y por marcas donde elegir.
Pero lo que quería explicar hoy, y retomo el hilo de mi primer párrafo es que lo importante es estar a gusto con la elección que hiciste el día que fuiste a la tienda a comprar tu moto, por las razones que fuera –precio, disponibilidad, estética, prestaciones, red oficial, publicidad, amigos, practicidad, capacidades off/on road, financiación, gustos, colores, equipamiento adicional, prestigio social, etc- porque es tú moto, es la que arrancas con una sonrisa por las mañanas y es con la que disfrutas durante kilómetros, haciendo lo que quieras o puedas con ella, desde ir a trabajar todos los días, darte la vuelta a mundo, apuntarte a un rallye comarcal o sencillamente ir con tus amigos o tu pareja a tomar unos torreznos a un bar junto a un río. Y te da igual que Honda saque un modelo nuevo que tiene las ruedas cuadradas y ducha incorporada, porque es tu moto, la que tienes y has podido –con más o menos esfuerzo- pagar, la que te lleva a todos esos sitios, y quieres darle un uso más o menos amplio dentro de tus –y sus- posibilidades.
Así, creo que el debate –aunque es inherente a la condición humana- es estéril, en tanto en cuanto da rodeos y más rodeos a un tema que es muy sencillo: me compré esta moto porque es la que más me cuadraba –razones las que fuere- y con ella es con la que me muevo por el mundo, ya sea viajar, meterla en circuito, ir a trabajar, hacerme un rally o meterme en una trialera que ni Tarrés sacaría la moto de allí, y lo demás es literatura y hablar por hablar. Cada uno es feliz con su moto y si no lo eres y puedes, cambia de moto, pero no te creas la publicidad ni el marketing de las marcas porque ésas lo único que quieren es tu pasta y adornarán y mentirán si hace falta para llevarte al huerto.

¿Me va a decir a mi BMW que si tengo su GS 1200 Adventure haré más cosas y mejores que con mi moto actual? Por supuesto. ¿Es cierto? No creo, cuando ves las fotos o los vídeos del fulano de BMW derrapando por pistas o saltando con una GS Adventure, no quiere decir que con esa moto te conviertas en un Marc Coma, y cuando ves en el foro de adventurerider a un fulano saltando por el monte con su KTM 990 Adventure, no pienses que si te la compras podrás hacer lo mismo, porque posiblemente ese fulano lo haría igual de bien con una Guzzi Stelvio o con una Triumph Tiger Explorer. Siempre digo que lo que importa es el indio, no la flecha. ¿Acaso crees que si llevas una Yamaha R 1 y le dejan a Alex Crivillé una Honda CB 1000 por tu zona de curvas favoritas, le vas a dejar atrás porque lleves “mejor moto”? Ni de broma, a nada que se aplique ni le verás las pegatinas. Pues lo mismo pasa con las Trail, si crees que vas a ser más aventurero o más rápido por llevar una KTM que una BMW es porque las marcas y sus departamentos de márketing te habrán conseguido engañar y llevado a su terreno.

En definitiva, con los mimbres que tengas, haz el mejor cesto que puedas, disfruta de tu moto -que es la mejor que tienes, porque es la tuya- y no dejes que nadie te diga que si te cambias de modelo o marca irás mejor o podrás viajar más lejos, porque lo más probable es que no sea cierto. Si eres un "paquete"  con una GS lo serás igual con una KTM y si vas fino en campo con una AT irás fino con una Explorer.
Yo tengo la moto que decidí comprarme en su momento, no es perfecta ni es la mejor, he probado otras y en algunos aspectos superan a la mía, pero no la cambio -al menos por ahora- ya que me funciona bien, me he hecho a ella y va fenomenal.Si va bien ¿por qué cambiarlo? Y os aseguro que se puede hacer de todo con ella, y me da igual llegar el último o sudar como un gorrino en una subida con barro, no necesito demostrar a nadie cómo soy de bueno montando en moto, si acaso intentar no hacerme daño para volver a casa todas las tardes sano y salvo.
Así que, disfrutar de las motos que son unos vehículos maravillosos, sobre todo de las motos trail porque no son las mejores en nada pero funcionan muy bien en todos los terrenos y con cabeza y manos se llega a cualquier sitio, y os lo digo por experiencia porque yo soy un paquete, y con una nociones básicas, se puede superar cualquier -o casi- obstáculo.
Y os dejo alguna muestra para que veáis lo versátiles que son estas motos, incluso una "muy poco trail" como la Honda Varadero 1000.










City Runaway from sodio on Vimeo.

Aprendices de Ícaro por Gredos from sodio on Vimeo.
Disfutar de la carretera y del campo, con respeto y cuidado.
Saludos


sábado, 16 de noviembre de 2013

Fin del verano



A falta de viajes en moto, me entretengo con paseos cortos, que no es poco.

Perdón por el pareado, pero en realidad corresponde a los ratos que paso con mi par de motos.
La Montesa, a falta de hibernar en pocos días, dispuse de ella un par de horas cuando tuve que ir al pueblo a hacer unas gestiones, se me dieron muy bien y me quedó una hora larga para dar una vuelta con ella por la zona. Por supuesto, para ir al pueblo me acerqué con la Varadero y el contraste no puede ser mayor. Dejar una moto cómoda, grandota, potente, de seis velocidades, noventa y pico caballos (Cv)* de casi 1000 cc de cubicaje y que mantiene sin despeinarse velocidades de 150-160 km/h y subirte a una moto pequeña, con el cambio en el lado opuesto, de tres velocidades, 125 cc y cinco escasos caballos de potencia y que mantiene en llano con cierto esfuerzo velocidades de 70-80 km/h es un cambio tremendo.
 
Pero todo lo que tiene de contraste en cuanto a características técnicas –y las lógicas de los más de 50 años de diferencia entre una y otra-, todo lo que hay diferente digo, lo comparten en cuanto al disfrute que ambas proporcionan. Muy diferente en la manera de proporcionarlo pero de similar gozo al disfrutarlo, obviamente cada una en su estilo.
 
Con la Montesa descubres que no es necesario ir rápido para sentir que vas en una moto, que el subir una cuesta a 50 km/h no significa aburrirte ni mucho menos, percibes con más intensidad el entorno, el paisaje se convierte en algo cercano, perfectamente nítido y no como en una moto grande en la que, habitualmente, se va tan rápido que obviamente has de centrar tu mirada en la siguiente curva y en el paisaje que ves lejos, no puedes mirar los árboles que tienes a 10 metros ni detalles pequeños porque escapan a tu visión. Además, la Montesa es una moto más humana, sabes que todo depende de ti, que apenas hay elementos que te ayuden en caso de problemas; los frenos apenas hacen su trabajo, la suspensión es muy justita y la potencia nunca te va a ayudar a adelantar a un coche –es más habitual lo contrario- pero hace que tengas todo más presente, que estés menos aislado de lo que te rodea, hace el montar en moto algo más directo y sensible y menos mecánico por decirlo de alguna manera.
El paseo fue una delicia, al ritmo que pedía la moto, sin forzarla demasiado, los coches me respetaron en todo momento y los kilómetros pasaban entre olivos cargados de frutos y viñedos  con los variados tonos de las hojas en otoño. Además, en las paradas que hice para las fotos, el silencio del campo me permitió ver y escuchar -y disfrutar- las bandadas de grullas en su periplo a las dehesas de extremadura e incluso más allá, a las zonas occidentales de Andalucía. Una maravilla, qué os puedo contar.



Y ayer conseguí escaparme a la hora de la comida para – no comiendo- dar una vuelta con la Varadero, aprovechando el –según la información meteorológica- último día de buenas temperatura antes de la entrada de verdad del otoño. Y a fe mía que acertaron, porque esa misma tarde entró un frente frío con mucho viento que cambió la temperatura totalmente. Así que, decidí darme un paseo por el oeste de Madrid, mi idea era pasar por el pantano del Burguillo, el Tiemblo, salir a Burgohondo y subir Mijares, pero al llegar a San Martín de Valdeiglesias el mencionado frente frío ya estaba haciendo de las suyas y montar en moto por la N-403 con viento racheado del norte no es lo que yo llamo la situación idílica, y como ya estoy mayor para sufrir de manera gratuita, decidí cambiar rumbo hacia Cebreros, Robledo y por El Escorial volver a casa. 
 
La carretera que comunica el cruce de San Martín de Valdeiglesias con Cebreros es un buen tramo “motero”, curvas de todo tipo, subidas y bajadas y buen piso hacen que recorrer este breve tramo de asfalto se haga con una sonrisa de oreja a oreja; es realmente muy divertido y las bondades de los Anakee III salen a relucir: buen agarre, perfil redondeado para tomar las curvas con más aplomo y suavidad, pero con ese toque de agresividad que permiten a una moto nada ligera como la Varadero manejarse con cierta soltura entre rectas cortas. Y la ayuda del amortiguador nuevo no es nada desdeñable, es una delicia no tener la sensación de muelle que tenía con el viejo y castigado amortiguador.
 
En cebreros, tomo la carretera que va hacia Robledo de Chavela,  con un primer  tramo con asfalto impecable y amplias curvas y un tramo –ya pasado el río Becedas- más roto con asfalto más viejo, pero que también ofrece buen agarre y sobre todo un trazado de curvas cerradas y con cambios de desnivel que hacen que sea una conducción intensa a la par que divertida. La única pega de este tramo es el incendio que se produjo aquí el pasado mes de agosto y que dejó una buena parcela del monte calcinada. Pocas cosas hay que me horroricen más que un incendio, sobre todo si es provocado, porque que un árbol consiga nacer, medrar y crecer durante decenas de años para convertirse en un productor neto de oxígeno y de fijación de CO2 y que algún idiota queme de manera descontrolada unos rastrojos, decida hacerse una barbacoa, quiera destruir monte para tener madera barata o que recalifiquen un terreno  y el último eslabón: que le guste quemar cosas, me parece una aberración y debería estar penado de una manera más severa –aunque visto lo visto con el tribunal de Estrasburgo, qué voy a pedir-, porque el tiempo que tarda un monte –si lo hace- en volver a estar como estaba antes del incendio es demasiado como para poder permitírnoslo.

 
Además, el aspecto que presenta un paisaje quemado es dantesco, solitario, desértico, triste y monocolor, es un horror. La única nota de color mientras paraba la moto, eran algunas hierbas ralas que habían crecido, libres de la sombra que proporcionaban el resto de plantas y hojas secas de los árboles –no hay mal que por bien no venga-  y que aprovechaban los últimos días de sol antes del frío del otoño.
 
Tras un rato parado en semejante paisaje, decido seguir ruta hacia el puerto de La Cruz verde, una gozada porque es una carretera que no me gusta frecuentar los fines de semana porque está plagada de locos al manillar, pero no me encuentro a ninguna moto en todo el tramo hasta El Escorial, lo que ayuda a pasar tranquilamente un puerto de curvas retorcidas, no muy buen asfalto, pero con unas vistas espectaculares hasta incluso Madrid. No me extraña que en estos montes, se colocaran almenaras –ahora con un whazzap se hubiera solucionado, pero eran otros tiempos, más broncos y complejos en lo tecnológico-.

Así que paso a paso, voy regresando a Madrid, con buena temperatura y el viento que sopla de norte, aunque visto lo visto, esta tarde empezará a hacer fresco, así que he hecho muy bien en salir en moto hoy. Han sido dos buenas excursiones de fin de verano.
  
Missing U baby ;-)
Saludos

*Unidad de potencia de una máquina, que representa el esfuerzo necesario para levantar, a 1 m de altura, en 1 s, 75 kg, y equivale a 745,7 W.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Test por El Escorial



Estamos en noviembre y el termómetro marca casi 20 grados centígrados, cuesta creerlo pero así es. Aunque mirando la previsión, parece que para mañana la cosa cambiará así que decido terminar pronto mis tareas para después de comer darme un pequeño paseo por la sierra y probar en algunas carreteras sinuosas qué tal responde el amortiguador nuevo y los neumáticos.
Desde Madrid, la elección es clara y tomo la A-6 para desviarme en la salida a Las Rozas y pasando por delante del Gaztelubide –lugar de reunión de los moteros madrileños del foro de bmwmotos.com- subir por el Alto de Galapagar. Son las dos de la tarde y apenas hay tráfico, el asfalto tiene una temperatura muy buena así como los neumáticos de la moto, así que vamos allá. En las rotondas de acceso desde que se abandona la A-6 voy notando cómo reacciona la moto y se nota mucha mejora, tanta que parece esté a punto de caerse en las rotondas y su única pega es el peso de esta moto que nunca te abandona –como el desodorante- pero lidiar con él es mucho más sencillo con estos neumáticos. Me habían comentado que son ruidosos y lo cierto es que sí que tienen algo de ruido de rodadura, pero como llevo tapones casi ni me entero –pero sonar suenan más que otros neumáticos- lo importante es cómo van y desde luego a nada que compares con mis últimos neumáticos –Bridgestone TW- van mucho mejor en carretera, más aplomados, ágiles y con mejor agarre: transmiten mucha confianza. Es evidente que también tiene mucho que ver el nuevo amortiguador, un Hagon de precioso –y deportivo- color rojo que lee la carretera con mucha fidelidad pero nunca se descompone y hace a la moto que “flote” algo más pero a cambio la hace muy confortable de conducir. La carretera del Alto de Galapagar no es de mis favoritas, suele haber bastante tráfico y muchos conductores de coche que van “de carreras” –una chica con un Astra Coupé se ha picado un par de curvas conmigo- pero a nada que te apliques, la moto responde fenomenal, no se descompone en ningún momento y los neumáticos le dan un plus extra de agilidad a la moto para tomar las retorcidas y peraltadas curvas de este sinuoso “puerto”.
Una vez en Galapagar, la idea es ir hasta El Escorial para subir un tramo el Puerto de Abantos por la entrada al Arboreto de Luis Ceballos.  Una carretera retorcida, con curvas de herradura puertas canadienses, umbrías y algo de tráfico peatonal o ciclista hacen que extreme las precauciones pero desde luego demuestran lo bien que va la moto: al amortiguador responde sin problema a los socavones que hay en la subida al puerto y los neumáticos no dan ningún susto, al contrario ofrecen seguridad y agilidad en el mismo paquete.
Me gustan mucho la seguridad que transmite el amortiguador porque es aplomado pero filtra muy bien los baches y las irregularidades del terreno, es sensible pero no flojo, al contrario en todo caso –al subirse uno, apenas cede- pero desde luego tras llevar un buen tiempo un amortiguador agotado y que prácticamente sólo trabajaba con el muelle, la sensación de aplomo y seguridad en curvas y de tragarse los baches sin hacer ningún extraño uno recupera las buenas sensaciones de montar en moto sin miedo a encontrase un agujero en el asfalto o rodar por asfalto muy degradado, y a mayor seguridad mayor disfrute.
Estoy contento y cada vez más convencido de la elección que hice de neumáticos y del amortiguador comprado gracias a las gestiones de amigos del foro de Varadero , y más viendo que las BMW de nueva hornada, como la flamante y presentada en el EICMA de Mián GS 1250 LC Adventure lleva los mismos neumáticos de serie.
No tengo mucho interés en probarlos en campo, quería unos neumáticos que respondieran bien en duración, seguridad en invierno –lluvia, hielo, asfalto frío- y creo que los ANAKEE III cumplen sobradamente, al menos en agarre, agilidad y sensaciones. Espero poder comprobarlo durante muchos kilómetros.
Por ahora la moto, está perfecta. Además, he observado que tras el cambio de aceite de Repsol 15/50 por el Castrol Power 15/50 la moto apenas gasta aceite, aunque no sé si será por al mismo aceite o porque ya pasó el calor del verano que hace sufrir más el motor. El caso es que se “traga” menos aceite.
Lo dicho, que con 187.000 km. parece que “Charo” está teniendo una segunda juventud.

martes, 22 de octubre de 2013

Revisión completa...en casa


Al fin llegó el día, teníamos libre un lunes para dedicárselo a las motos; la previsión era de buen tiempo y sol, antes de cambiar a lluvia y fresco el día siguiente: no podíamos desperdiciar la ocasión.
Tras vueltas y más vueltas: amortiguando-que-es-gerundio conseguimos todos los materiales.
Los neumáticos de pneus-online; el precio que me daban en el taller era aproximadamente de unos 270 € + IVA antes de "algún descuento" y en la tienda online francesa, los Michelín ANakee 3 me han salido a un muy buen precio: calculo el ahorro en 130€ mano de obra incluida -doce euros por rueda, más o menos.

El aceite y filtro en lubricantes online a un precio bueno de verdad, no con los márgenes que se ven en los talleres o tiendas del ramo. Calculo el ahorro -aceite y filtro- en unos 8-10€.
El amortiguador, como comentaba en la entrada anterior, gracias a las gestiones de los compañeros del foro del Club de Varadero de España adquirí un Hagon para la moto con un descuento del 20 % con respecto al precio de tarifa, que son otros 70€. En definitiva, descontando la mano de obra, los descuentos y diferentes márgenes, me he ahorrado unos 210 € tirando por el medio, ni por debajo ni por alto. Y además, sumarle la satisfacción de hacer las cosas por uno mismo.
Poco a poco, estamos montándonos un medio taller en casa de mi cuñado, con un sistema de cambio de neumáticos -destalonar sigue siendo una locura- pero amortizas la inversión a nada que ahorres el llevar la moto al taller. Lógicamente, hay cosas que quizá no lleguemos a hacer -cambiar cadenas de distribución, por ejemplo- pero más por la falta de conocimientos técnicos y medios, que por falta de ganas. Aunque todo llegará.

El caso es que ya llegó el día y nos pusimos manos a la obra. Lo primero, asegurar la moto para desmontar la rueda trasera y despejar el camino para cambiar el amortiguador. El viejo cuesta sacarlo de la moto porque está bastante apretado, pero al final sale sin dificultad, salvo la inherente a la situación y espacio. Desmontando la cacha derecha de la moto para tener hueco para maniobrar las herramientas, y siendo dos los "mecánicos", se solventa sin problema. El siguiente paso es colocar el amortiguador nuevo, cosa que hacemos sin mayor problema que introducir el nuevo en el soporte del eje de la moto, algo apretado porque las otras vecesse apretó con llave neumática. Al amortiguador de Hagon tiene un aspecto y acabados dignos de un amortiguador del doble de precio, tengo ganas de probar cómo irá.
 
Dedicamos un buen rato, incluido un café, a desmontar los neumáticos viejos -unos Bridgestone- y montar los novedosos relativamente Michelin Anakee 3 tenía ganas de probar un neumático si no más de carretera, si desde luego que se lleve mejor con los rigores del invierno, sobre todo con la lluvia un elemento en el que mi anterior neumático no se sentía cómodo del todo –a veces, para nada cómodo- y como mi uso de la moto es para el día a día incluso en ciudad y para trabajar necesito un neumático que me de ciertas garantías con dicho meteoro. Además si tiene según Michelin mejor desgaste y mayor duración, miel sobre hojuelas. Ayer lo poco que lo probé me gustó y mi cuñado hace tiempo que lo lleva en la Tiger y me gustó las veces que lo he probado.



Los neumáticos nos llevaron un rato, pero sobre todo el equilibrar, un trabajo que requiere algo de paciencia y ha de ser obviamente artesanal, pero con paciencia, los dejamos perfectos. Aunque no sería por la ayuda del ingeniero peludo que no ayudó mucho, la verdad.




Tras montar el amortiguador y tener los neumáticos también montados, tocaba limpiar y engrasar: limpiar los pistones de las pinzas de freno, y engrasar las bieletas, guardapolvos y demás partes susceptibles de recibir suciedad y polvo o que estem sometidas a roces contínuos; no nos llevó mucho porque lo hicimos sobre la marcha.

Sólo restaba cambiar aceite y filtro y montar las piezas desmontadas en la moto y “voilá” lista.


 Para probar cómo respondía salí de casa hasta el siguiente pueblo –Perales de Tajuña- para repostar y darle un lavado a la moto. Lo primero que hice al subirme a la moto fue acordarme de las sensaciones que escribí aquí el otro día y que comentó el compañero de moto Kaizen: la moto antes al empujar el asiento, bajaba que daba gusto y rebotaba rápidamente, ahora ni de blas, mucho más dura y apenas baja al empujarla. Ahora bien, al sentarse se nota la moto que cede mucho menos, pero amortigua mejor –hace justo su trabajo- y al no bajar como antes se hacen más complicadas las maniobras. No porque la moto esté más alta, sino porque al sentarse uno el amortiguador apenas cede. Es más, al levantarme de la moto, esta se queda altísima. Me da buena impresión, que se confirma al salir a carretera, voy despacio para ir rodando los neumáticos pero pasando por encima de tres “guardis muertos” que tengo en la carretera, saliendo del pueblo, la moto pasa por encima con una solvencia brutal, no sientes apenas el bache o desde luego no sientes un golpe, sino todo lo contrario una suavidad bestial y una sensación de ir flotando que ni recordaba en mi moto, Quizá exagere un poco pero me recuerda al día que probé la KTM 990 Adventure.

Al aumentar el ritmo, voy tanteando los neumáticos y me gustan las sensaciones, la moto flota por la carretera, se traga las imperfecciones de la carretera de manera que ni te enteras y sólo en los baches más fuertes, “sientes” el bache pero difuminado, te sientes casi aislado de la carretera, no como antes que cualquier mínimo bache era una patada en los …mismos: impresionante.

Sólo hice el recorrido de autovía hasta casa así que es muy pronto para sacar conclusiones de los neumáticos, pero desde luego el amortiguador da una seguridad, un confort de marcha y una sensación de flotar sobre el asfalto que no recordaba, insisto me recuerda el día que probé la KTM, quizá porque vaya algo blando, pero lo seguiré probando y ya veremos si decido probar a endurecer precarga o no, en principio creo que nada de nada, me gusta mucho cómo reacciona la moto ahora.
Desde luego, y a falta de probar la moto más a fondo, estoy muy contento con cómo va el amortiguador y cómo van los neumáticos, pero según los pruebe lo iré comentando por aquí.

Saludos y hasta pronto

domingo, 20 de octubre de 2013

Mijares, sin motor de explosión



Una vez leí una entrevista a Ned Overend, y le preguntaban por qué le gustaba pedalear en alta montaña y decía que le encantaba la sensación de quemazón en las piernas cuando lo hacía. Lo cierto es que cuando practicas ciclismo, tarde o temprano vas a tener esa sensación en el momento que intentes pedalear en una zona con mucha pendiente o por una carretera con mucho desnivel. No es que me guste en particular esa sensación, pero sí lo que la provoca: el pedalear por una carretera con mucho desnivel.
Existe una carretera que tiene esta característica, entre otras muchas, y es la que comunica los valles del Tiétar y el Alberche, ambos en la provincia de Ávila, la AV-901 y que culmina en El Puerto de Mijares.
Mi mujer dice que es mi segunda casa y lo hace porque me encanta ese puerto, el paisaje, el trazado, la soledad, las vistas, las sensaciones de montar en moto por aquí, el apartarte por un rato del ajetreo de la vida en Madrid, etc. Pero también practico el ciclismo, de montaña y de carretera, y uno siempre tiene clavada la espinita de querer recorrer estos puertos en bicicleta, lo que supone un reto mucho mayor que hacerlos en moto –gasolina y poco más-. Y hacía tiempo que me prometí que lo haría.
El momento adecuado era justo esta semana, estamos disfrutando de un inusitado buen tiempo del recién estrenado otoño, con sol y calor, y eso en ciclismo es un regalo. Las promesas hay que cumplirlas, nos cuesten más o menos, y para mí el día había llegado. Elegí el jueves 17 de octubre porque la previsión era buena, tenía el día libre y estaba suficientemente entrenado; si esperaba a entrenar más, el otoño se me echaría encima.
No dormí bien, quizá pensando en lo que me esperaba o en cosas del trabajo o del proyecto, el caso es que mi ánimo no era todo lo positivo que se esperaría. Pero me podían las ganas de pasar una mañana de buen ciclismo, así que tras preparar todo para allá que marché.
El camino hasta Piedralaves es una maravilla, entiendo que para lo que usan a menudo esa carretera, el no tener autopista desde las Navas del Rey ha de ser una faena, pero desde luego, para ir relajado, disfrutando de la carretera, del sol y el paisaje, es una maravilla. Dejé el coche en Piedralaves, para recorrer el tramo de carretera hasta Casavieja y poder ir calentando un poco y que no me pillara el puerto “frío”. Además, se aparca fenomenal  y a la sombra.
Tras preparar todo, bidón de agua, pastillas de glucosa y algún caramelo, estiro un poco y vamos allá: el primer tramo es una bajada vertiginosa, rápida por la CL-501, dejamos a la derecha la base de helicópteros y en apenas dos kilómetros, llegamos al desvío de Casavieja. Esta carretera me gusta mucho, sobre todo la parte cercana al pueblo, ya que tiene unas curvas muy divertidas, y encima al ser en bajada en este sentido de la marcha, aún lo son más. Pero como en ciclismo todo lo que baja sube, me tocará desandar lo andado y ya veremos si me lo paso tan bien a la vuelta cuando se conviertan estas curvas en repechos que sortear.
En fin, rodando, rodando he alcanzado el desvío hacia Casavieja, aquí tenemos algún que otro tramo durillo pero sirve para desentumecer músculos de las piernas y “bailar” un poco encima de la bici, cosa que viene bien para calentar también los músculos de la espalda y brazos. Así, alcanzo la parte alta de Casavieja, y afronto los primeros repechos de subida, más bien tendida y monótona hacia Mijares. Es un tramo muy bonito, en el que pasas de recorrer una zona con fincas cerradas, plagadas de higueras –ni un higo han dejado en las ramas- y cepas a un tramo más “salvaje”, bordeado de pinos, algún castaño y robles. Lo mejor es que no hay casi nada de tráfico y voy muy tranquilo, el desarrollo lo muevo bien y me encuentro cómodo. Paro a hacer alguna foto y así descanso algo, que no me hace falta sufrir en balde y he venido a disfrutar y el paisaje, cuando se practica ciclismo es una parte importantísima.
La subida es cómoda y llegado el punto en que la carretera vira al norte y se ve el valle de Gavilanes, es llana y rápida. Paro a rellenar el bidón a la entrada del pueblo y cruzo Mijares, aquí tenemos uno de los repechos más duros del puerto y es la curva doble que hace la carretera saliendo del pueblo, tenso músculos e intento no levantarme de la bici: prueba superada. Poco a poco, bordeando las castañas que plagan la carretera –alguna cae al buche- sigo la ascensión con comodidad, hasta que cruzo el puente de la Garganta de las Torres y ahí si hay algún tramo más respetable, pero tengo ritmo y apenas bajo la "marcheta"; sigo pedaleando a unos 16-17 km/h que para mí es más que una buena cadencia.
Ahora todo el tramo que recorro es la vertiente oeste del monte y voy recibiendo el sol y nada de viento, lo que me ayuda en el pedaleo, hace calor pero a mí me va bien, así que perfecto. Es una delicia parar un rato la música y escuchar y percibir mejor lo que te rodea mientras pedaleas; el crujido de la agujas de pino bajo las ruedas, los castaños plagados de frutos, el olor de los pinos y las enormes piñas vacías por los arcenes. Ir en moto es divertido, cómodo y bonito, pero hacer el puerto en bicicleta te lleva a una dimensión más humilde, más cercana al ser humano, lo recorres a un ritmo más pausado –al menos yo- y lo disfrutas de una manera más intensa.
Bueno, que me enrollo y aún queda puerto. Una vez pasada la vaguada del Horcajo –fuente fresca y un par de nueces que caen en el buche- empieza la parte dura, con un primer repecho complicado pero que se pasa sin muchas dificultades, aunque las piernas ya empiezan a sugerir “qué tal un descanso”, pero ahora empieza lo bueno, cuando las piernas piden descanso es cuando realmente se disfruta, cuando tomas conciencia de que estás algo que exige concentración y cierta tenacidad para conseguir llegar a la “meta” es cuando realmente uno se siente bien.
 Las rampas se suceden hasta la más dura, en una curva cerradísima de derechas, y aquí comienza la ascensión del puerto más exigente, ya ves todo el recorrido que queda por hacer, la cima del puerto al final del barranco y cómo el trazado de la carretera se aferra a la montaña para arañarle un espacio que da con cuentagotas. Es posiblemente el repecho más duro de toda la ascensión, justo en una curva a izquierdas y un tramo de pendiente hasta la siguiente curva de derechas que, esta sí, es la antesala del tramo menos complicado: una serie de curvas suaves, con la subida más ligera más las ganas de llegar y ver el cartel del puerto, animan a las últimas pedaladas.
 
 
 El viento arrecia y las nubes ocultan el sol, pero la satisfacción por alcanzar la cima compensa todo lo que te rodea. Parada breve para hacer unas fotos, disfrutar del momento brevemente mientras me ajusto el chaleco cortavientos y los manguitos y toca el descenso.
 
Es un descenso que se hace largo, es un puerto de bastantes kilómetros y se tarda en bajar, pero las piernas los agradecen. Tengo en mi cabeza la caída de mi amigo Valentín también bajando el puerto así que voy con prudencia, pero me lo conozco muy bien así que no hay el menor problema, en algunos puntos me dejo caer hasta los 57 km/h de velocidad punta, pero lo normal es dejar que la gravedad haga el trabajo sucio. La única anécdota fue el cruzarme con una vaca en mitad de la carretera que se asustó un poco al verme aparecer pero nada más.
Paro un rato en Mijares a tomar un café cargado –voy ya justo de pilas- y llamar a Almu para ponerla al día y continúo. Hace sol, buena temperatura y la vuelta es una delicia; voy a buen ritmo y salvo el tramo de subida de la nacional, que le cuesta a unas piernas algo cargadas, el resto me encuentro cómodo y a gusto, además al venir un día laborable, no me he encontrado con apenas nada de tráfico y ha hecho mucho más tranquilo el día de ruta montañera.  
Los aficionados al ciclismo de verdad, yo soy un “globero”, tendrán como normal lo que para mí ha sido un reto, pero desde luego me siento mucho mejor tras haberlo conseguido y encima esta tarde tengo clase de Pilates, así que va a ser un día divertido en lo deportivo.
Cuando tenga la moto lista y revisada regresaré por aquí para decirle “hasta pronto” al puerto de Mijares, puede que pase un tiempo en volver por aquí.
Saludos