domingo, 9 de marzo de 2014

Gredos: sol, ambiente motero y una ración de "revolconas".



Estamos a primeros de marzo y suele ser un buen momento para acercarse por el Valle del Jerte o por Las Hurdes y disfrutar de la floración de los cerezos, un espectáculo digno de ver in situ por las peculiaridades paisajísticas de estos valles: bastante profundos, sobre todo en su cabecera, aterrazados para acoger los numerosos bancales con árboles, con un clima muy benévolo y plagado de corrientes de agua gracias a la recogida de las lluvias y las nieves de las montañas que lo flanquean.

El Jerte, en cualquier época del año es una visita agradable, pero en las pocas semanas de marzo-abril en que los árboles frutales están con las flores es un puro espectáculo que parece un paisaje nevado, casi literalmente.
Las Hurdes tiene menos fama que su cercano vecino del norte, pero los habitantes de esta comarca, quizá demasiado marcados por estigmas de tiempos pasados, están reinventándose y buscando alternativas para vivir de su tierra, por otro lado agreste y complicada de trabajar. Tras dos pavorosos incendios hace pocos años y reconvirtiendo las zonas clareadas por los incendios en terreno cultivado para frutales, han conseguido crear una producción con mucho potencial y que puede competir, al menos en calidad de la fruta, con los vecinos del Jerte sin ruborizarse.

Pero, lamentándolo mucho, es una jornada muy larga quizá para hacer en un día, lo hicimos hace un par de años y nos apetece algo más ligero para tener así también tiempo por la tarde para descansar en Madrid, sea ir al cine o salir a picar algo por ahí, según se tercie. Así que el destino está bastante claro: la socorrida –en nuestro caso- Sierra de Gredos es nuestro objetivo, que no es mal destino para pasar una jornada en moto.

Intentamos madrugar, pero en esta santa casa nunca es sencillo hacerlo en fin de semana, bueno depende de qué lado de la cama, claro. Uno de los lados, casualmente el que habitualmente utilizo yo, suele madrugar porque uno tiene la peculiaridad de tener lo que se llama en medicina “oído de tísico” que nunca ha sabido muy bien qué quiere decir, pero lo que está claro es que si el tal tísico ése, que sería algún loco griego, un enfermo de tisis, un minero con buen oído para escuchar las mechas de la dinamita o un compositor famoso. El caso es que tengo muy buen oído y el sueño ligero, lo que llegado a mi edad se ha agudizado (en ambas vertientes, la del sueño y la del oído) así que a partir de cierta hora cualquier ruido me despierta.  Teniendo una gata pequeña viviendo en casa y llegada su hora,  ésta nos llama para que le demos el desayuno y como entre semana suele ser mi mujer la que le pone el desayuno los fines de semana me encargo yo.

Pero claro, el otro lado de la cama, que evidentemente ocupa mi señora, suele ser el de despertar tardío, así que entre que desayunamos (tranquilamente), que nos duchamos, preparamos, vestimos, etc. Salimos de casa a las “mil”, que en invierno está bien porque no te toca lidiar con el fresco mañanero ni las posibles placas de hielo que uno pueda encontrarse, pero claro cuando no hace frío prefiero salir temprano de casa para aprovechar las horas de sol y, si es posible, volver a casa también con luz natural. Pero bueno, aún tenemos horas por delante, la temperatura es muy buena y espero no encontrar demasiado tráfico.
¿He dicho antes que esperaba algo del tráfico o no sé qué? ¿Adivinad?...Efectivamente, primer fin de semana con buen tiempo, la gente deseando salir de Madrid a disfrutar de la naturaleza más una carretera que pasa de ser una autovía de dos carriles por sentido en una carretera comarcal justo en a la glorieta de entrada a Navas del Rey: “atascazo” monumental. Me lo tomo con filosofía, pero acostumbrado a hacer “pirulas legales” –entre comillas porque no sé si lo son realmente, para ir a trabajar por la M-30 madrileña, me meto por el arcén despacito y con cuidado para avanzar un poco hasta la rotonda, después el tráfico es muy intenso pero al menos, desde la bajada hacia el desvío a Robledo va la cosa más rodada, nunca mejor dicho, y parece que cunde un poco el camino. Pero como sigue habiendo tráfico, al llegar a San Martín de Valdeiglesias, preferimos tirar hacia El Tiemblo y ahorrarnos estar bregando con coches que no es la idea que tengo de una mañana de moto por Gredos. Aquí las tornas se invierten ya que está muy despejado y apenas vemos coches y desde luego pocas motos. La idea es acercarnos hasta la Venta del Obispo a tomar un aperitivo en la terraza y antes nos desviamos a Navalacruz a ver su cascada, un paraje curioso, tranquilo y bonito para parar un rato y disfrutar de su paisaje de granito y su cascada natural que baja bastante cargada en esta época del año.




Tras estar un rato relajados y charlando, hacer un poco el “Arcarons” bajando y subiendo la cuestecilla que lleva a la cascada –las Michelin Anakee III van de muerte en carretera pero en tierra demuestran enseguida su limitaciones- seguimos hasta la Venta para disfrutar de una ración de patatas revolconas, un vinito de la zona y del ambiente motero que se vive en un día tan bueno como el que hace hoy.



La vuelta no tiene demasiado chiste, salvo el pasar por Solosancho, pueblo actual en el que se encuentra el impresionante yacimiento arqueológico del Castro de Ulaca, una visita más que recomendable –para mi amigo Manuel Kaizen que es más de historia contemporánea, pero seguro que un lugar así le gusta- junto al cuasi vecino de Cogotas
Ya visitamos hace un par de años los yacimientos de los Vettones así que la idea es seguir camino hacia casa por la aburrida –hasta Ávila- Nacional 502 y desde allí la N-403 hasta El Barraco. Se hace rara una jornada de moto por Gredos sin parar en ningún puerto de montaña, pero en realidad pasamos durante la vuelta por el Puerto de Menga y por el de Paramera, ambos en carretera nacional, así que al menos hemos cumplido con una de las premisas de una ruta en moto por montaña, pasar algún puerto ;-)
El regreso tranquilo y disfrutando de las curvas, parando en El Barraco a tomar un café, donde algún gracioso le ha puesto cara de huevo kínder a la réplica de un “verraco” que está instalada frente a la fachada del ayuntamiento del pueblo, y el resto del camino disfrutando de las innumerables curvas de la carretera hasta Las Navas del Rey donde empieza la autovía hasta Madrid.


Una excursión tranquila, para pasar un día de curvas, disfrutando de las carreteras de montaña de Gredos, con ambiente motero y buenos paisajes, además de las reconocidas patatas revolconas de la zona.
El Jerte y sus cerezos quedarán para otra ocasión, aunque si no vamos este año no pasa nada, imagino que seguirán floreciendo en la misma época en años venideros.
Saludos y buena ruta.

Vídeo:





gredos y revolconas from sodio on Vimeo.