jueves, 30 de junio de 2011

Vuelta a la carretera


ya tocaba, desde que nos marchamos de viaje con la oto, he montado un par de veces con la bici de montaña pero tenía abandonada a la Bh de carretera. Aprovechando que tenía el día libre, me he marchado a Tielmes y me he llevado la bici para dar una vuelta. Primeros kilómetros de calentamiento por la Vía Verde del Tajuña, hasta Ambite, subida ya por carretera hasta Villar del Olmo (parada a repostar líquido y comer algo en Villar del Olmo)

Subida hasta Olmeda de las Fuentes para sufrir un poquito y vuelta de nuevo hasta Ambite. Como me encontaraba bien, para redondear el día y que salieran 80 kms (casi al final) me he desviado en Carabaña para subir hasta el desvío de Valdaracete, entrar al pueblo (segundo repostaje líquido) y vuelta al valle y ya hasta Tielmes.
Al final 78 kms, a una media de 24.8, que no está mal para llevar más de tres semanas sin tocar la carretera.

martes, 28 de junio de 2011

ALPES 2011. Día 4 Venecia

“118 islas unidas por 354 puentes y dividida por 177 ríos y canales”.
Así, a bote pronto, estos datos no nos dicen gran cosa.
Si añadimos que existe una ciudad construida sobre ” 118 islas unidas por 354 puentes y dividida por 177 ríos y canales” ya la cosa empieza a sonarnos.
Y si ya lo asociáis a palabras como carnaval ó góndola, la cosa está clara: Venecia
Almu ya había estado aquí hace años y estaba más que empeñada en traerme. Además, tenía dos objetivos claros en su visita a Venecia; meterme en una góndola y zamparse una porción de pizza en una trattoria a pie de calle. Adelantaros que sólo consiguió lo de la pizza, ja, ja.

Bueno, volvamos a la habitación/mercado árabe del hotel donde nos dejasteis anoche a punto de irnos a la cama y en la que ya está amaneciendo. La idea es madrugar para así aprovechar todo el día. Hemos descansado muy bien, la verdad, la habitación era muy silenciosa y la cama casi lujuriosa de cómoda. ¡¡¡No penséis mal pervertidos!!!!
El día ha amanecido algo nublado, pero creo que es más bien una bruma que nubes como tal, no tiene pinta de llover, a pesar del los malos augurios que nos dio el chico de recepción anoche.
Ducha, y hoy toca cambio de vestuario. La dama vestirá camiseta de tirantes, pantalón vaquero y jersey fino de lana negro por si refresca y el caballero un polo veraniego, y también vaquero también y jersey fino, verde en su caso. Vamos, que es una gozada cambiar por un día el traje de “Mazinguer Z” (sí, soy de la generación Mazinguer) motero y vestirnos de civil.
Así pertrechados, nos dejamos caer por la sala de desayuno del hotel y resulta que casi encontramos el paraíso del desayuno. El sitio es una chulada, con sillas y sillones cómodos, silencioso y lleno de comida, toda la que pruebo riquísima por cierto. Pedimos el café y mi cappuccino es de nota, riquísimo y con corazón de chocolate y todo en la espuma. Almudena le da la puntuación más alta de todo el viaje y así seguirá hasta la vuelta a España. Un buen desayuno.
Tras disfrutar y conseguir levantarnos de la mesa, estuvo a punto de convertirnos en versiones famélicas de Pantagruel, en recepción nos informan de dónde y cómo tomar el tren a Venecia. Vamos a la estación que está, como ya comenté, cruzando la calle. En la taquilla compramos los billetes a una taquillera maja y simpática (no lo veis, pero estoy haciendo con los dedos el gesto de abrir comillas porque lo de maja es irónico) y en pocos minutos llega el tren. Hay que validar el billete en unas máquinas pequeñas que hay en los andenes. Lo que no recuerdo es el precio, pero en total creo que fueron unos 6 euros o así.
El tren corre paralelo a la carretera, o la carretera paralela al tren, tanto monta y no hay ninguna estación hasta Venecia con lo que llegamos en un periquete. La estación es enorme y está llena de trenes y no tanto de gente. Nos dirigimos hacia la salida con la socorrida táctica de seguir a Vicente y el golpe visual es inmediato: no hay calles, hay agua, y no hay coches, ni motos ni nada sobre ruedas, son barquitas.
Vale, si estás leyendo esto y ya conoces Venecia, te parecerá que todo lo que escribo es una obviedad, pero es mi primera visita a Venecia así que es normal que esté sorprendido ¿no?

Bueno, al acercarnos al Gran Canal, nos damos cuenta del bullicio y jaleo que hay en la ciudad y sobre todo me doy cuenta al minuto de que los venecianos van por el agua como el resto de italianos van por el asfalto. ¡Qué locura! Aún me sorprendo de que no viéramos ningún accidente porque el tránsito de barcos y barcas de todo tipo es constante, los “cambios de carril” cosa normal y cómo sortean y se esquivan unos a otros con suavidad y sin escuchar ninguna bronca ni sirena ni nada es una gozada.
Bueno, una de las primeras barcas que vemos pasar frente a nosotros es una que lleva un féretro, con sus coronas y todo. Lagarto, lagarto. Bueno, ha sido una estampa curiosa.
Vamos a comprar el pase de 24 horas del Vaporetto, que es como un bus de la EMT pero más chulo y con más empujones. Lo cierto es que enseguida te aprendes las paradas básicas y cómo combinar los diferentes barcos para llegar donde quieres, otra cosa es orientarte por la ciudad, a nada que pierdes de vista los canales principales o se nubla el cielo es relativamente fácil desorientarse. Tendrá que ver algo lo de los 354 puentes, digo yo.
La primera y obligada visita es acercarnos a la Piazza San Marco, lugar donde se sitúa la parte monumental de la ciudad, con la basílica homónima, el palacio ducal, la torre del campanario (exenta y a la que subiremos para ver la ciudad), la Torre del Reloj, los grupos de turistas, los guías con paraguas de colores o enormes flores, los puestos de recuerdos, los gondoleros esperando a turistas y por supuesto carteristas, descuideros, etc. Aunque a esos nos los reconozco, je, je.

Como la idea en nuestra primera visita conjunta a Venecia es recorrer y disfrutar de la ciudad y no meternos a ver palacios, basílicas ni museos, no perdemos mucho tiempo sorteando las palomas de la plaza. Tras una primera toma de contacto, decidimos “perdernos” por la ciudad. Tomamos rumbo norte, para recorrer las callejuelas del barrio. Al principio, aparecen llenas de gente, sobre todo turistas, los carretilleros que transportan todo tipo de mercancías hacia los distintos puntos del barrio, cruzamos algunos canales por los que apenas caben un par de góndolas y Almu disfruta de las tiendas relacionadas con el carnaval. Si por ella fuera, nos llevábamos un par de máscaras y un traje si se lo permito. Aunque como hemos venido en moto, tengo una excusa perfecta para ser insensible a sus caritas (je,je) y no compramos nada, aunque disfrutamos un montón con las tiendas y las curiosas máscaras, marionetas, etc. A mi me llaman la atención las tiendas de pasta (no, no me refiero a los bancos, es la pasta que se hace con trigo), lo que puede dar de sí en cuanto a formas y colores un producto hecho con harina, huevo y agua, increíble.



Ya sabéis que por aquí se come pronto, y alrededor de las doce llegamos justo al gran canal, y como llevamos un rato oliendo a pizza y viendo las tiendas de pasta, empezamos a estar atento a los sitios donde poder comer. Paseando por la orilla del canal, veo un grupo de currelantes venecianos haciendo cola para entrar en un autoservicio, se llama “Self Service Rialto”, así en inglés, pero parece que todos los trabajadores del gremio de la construcción de la zona estén aquí. Como me fío mucho de los currantes a la hora de buscar donde comer, paso al sitio y tiene bastante buena pinta. Mientras Almu guarda sitio en una mesa fuera, le pillo una ensalada, yo me pillo un plato de pasta, una cerveza y un agua y todo por 11,50 euros. Lo cierto es que está bastante buena la comida y se está muy a gusto en la terraza, viendo pasar la vida veneciana. Además, hace un solo espléndido y la ciudad está preciosa.

Es curioso, porque según las zonas por las que pasees en Venecia, puedes estar rodeado de gente y casi agobiado a girar una esquina y entrar en una serie de calles en las que sólo el sonido de tus pasos te acompaña. En ese sentido, la ciudad es una delicia, con cientos de rincones en los que merece la pena pararse un momento.
Y no me voy a explayar mucho en el tema “Góndola” porque ya sería manido, para cualquier información sobre las estilizadas y bellas embarcaciones venecianas seguro que hay miles de referencias en internet y en bibliotecas. Sólo decir que me parecieron como comento bellísimas, ese color negro, el manejo experto de los gondoleros, el cómo toca el agua y el silencio de su movimiento (si no llevan al tío de Volare encima) mientras pasan por los canales.
Y por cierto, Almu no consiguió que me subiera en una, lo dejaré para una próxima visita, je, je.

Paseamos por el Canarregio, muy tranquilo a esta hora y plagado de tiendas, tascas y canales muy tranquilos. Vamos bajando hacia la estación para cruzar por el puente Scalzi, cerca de la estación de tren aprovechamos para comernos un helado y seguir paseando. Por aquí hay algo más de jaleo, más gente y mucho movimiento, así que la idea es ir bajando por los canales y las calles hacia la zona de la Academia y el Dorsoduro. Llevamos un rato con el cielo amenazando tormenta, empieza a hacer viento y escuchamos algunos truenos, como ya estamos algo cansados de caminar, la excusa de la tormenta me parece perfecta para buscar un bar y tomarnos un café. Paramos en el Bar Ai Nomboli, en San Polo; tienen muchos tipos de cafés etc. El café está muy rico y estar aquí es un gustazo, además dos de los paisanos del bar están charlando con el dueño sobre ciclismo, en concreto sobre Pinarello, una de las más famosas marcas artesanas de bicicletas italianas. No me entero mucho, pero no sé si hablan de un vendedor de la marca o de la marca misma, pero es un gusto, je, je.

Bueno, una de las cosas que le pedí a Almudena para la visita a Venecia, era que buscara un rincón bonito, a ser posible un puente, y que le gustara mucho. Ella piensa que es para hacernos alguna foto, pero vamos, que ya llevamos como 200 en la cámara así que no será por la foto, es por otro motivo. El caso es que tras mucho patear, al fin ha encontrado un sitio que le gusta, la verdad es que estoy de acuerdo con ella porque es un canal muy tranquilo, no pasan ni barcas, apenas hay gente y el puente es muy bonito. Lo cierto es que llevo bastante tiempo esperando este momento y aquí me vais a permitir correr un tupido velo porque es un momento que nos guardamos para nosotros dos, ya que fue un momento muy bonito que, como os indicaba en la crónica del día precedente, va a cambiar nuestras vidas y fue algo muy emocionante. Sólo puedo indicar que tras dejar el puente, Almudena llevaba un anillo en su mano derecha. ;-)

Claro, la visita restante a la ciudad, al menos durante los primeros momentos tras el “momento puente”, se ve afectada en comentarios, risas, etc. Pero bueno, estamos en Venecia y hay que seguir viendo la ciudad, con más ganas si cabe ahora claro.
Así que seguimos dando el paseo, cruzamos a San Marcos, porque queremos subir al campanario, “ Campanile”, de 93 metros de altura y reconstruido en 1902. Las vistas son espectaculares, ya que se tiene una perspectiva de 360 grados de la ciudad que, a esta hora de la tarde, con la luz rasante tiene un aspecto dormido, como si estuviera descansando antes del jaleo nocturno.

Para terminar la visita, nos damos un paseo por Dorsoduro, y es la mejor parte de la ciudad, al menos la que más le gusta a Almudena. Es un barrio más residencial, no hay turistas (excepto nosotros, claro) y se ve gente haciendo deporte, gente de la ciudad charlando tras la jornada laboral, etc. Una delicia de paseo. Volvemos de nuevo por el puente de la Academia, al otro lado del canal, porque Almu tiene antojo de pizza y tenemos que zamparnos una porción si o si. Nos damos un paseo buscando la zona trasera de San Marcos y vemos los gondoleros que empiezan a amarrar sus góndolas por los canales, y la única góndola con música en vivo, ya sabéis el clásico “Volare”, la verdad es que el tío tiene una buena voz (el de la góndola, de Modugno no hace falta hablar de su voz) y le da un punto extra a la visita.

Damos vueltas como una peonza sin encontrar las trattorias por las que pasamos esta mañana, así que ya cansados nos metemos en una que no tiene mala pinta del todo donde nos tomamos una porción, aunque no está ni fu ni fa, le vale a Almu para quitarse el capricho.
Volvemos al canal para tomar un par de vaporettos y darnos un paseo en autobús marino por los canales para despedirnos, por ahora al menos, de la ciudad de los canales. Ha sido un día emocionante, plagado de imágenes sugerentes y muy agradable. Creo que volveremos.

Nos despedimos de la ciudad como hace casi toda la gente, mirando hacia el Gran Canal desde las escaleras de la estación de tren y justo antes, vemos el logotipo de la empresa de vaporettos que demuestra que Venecia, desde el aire tiene forma de pez, pero no forma de jamón como me decía una persona muy querida antes de iniciar el viaje.
La vuelta al hotel compartiendo vagón con cinco treintañeros voceadores y groseros no nos quita ni un ápice de emoció al día, nos vamos directos a la habitación, hoy ni cenamos, con la pizza de hace un par de horas, nos vale. Además, tenemos que preparar las cosas porque mañana vamos hacia otro de los destinos principales de este viaje, los míticos (para ciclistas y montañeros sobre todo) Dolomitas.
Buenas noches.
https://plus.google.com/photos/116249272788787810624/albums/5664406253653972593

domingo, 26 de junio de 2011

ALPES 2011. Día 3 Génova-Mestre (Venecia)

Siete de la mañana, "toca diana" el teléfono. He dormido como un lirón, y me siento algo cansado pero con ganas. Lo primero, asomarme al amplio ventanal de la habitación para ver qué tal amanece el día. Ups, me da que la cosa se ha puesto fea; el cielo está encapotado totalmente. ¿Quién lo desencapotará? El desencapotador me da que está de día libre porque hoy no nos libramos. Pero bueno, el viaje en moto es así de aventurero que diría mi chica.
Arriba esos ánimos, que estamos a un día de Venecia. Como el hotel está casi al completo, decidimos bajar temprano a desayunar. El desayuno, bastante completo, nos permite coger fuerzas para la ruta. Lástima que el jamón y queso de mi sándwich me proporcionen escamas y aletas porque hoy me harían falta. Aún así el desayuno es bastante bueno y el café aún más. Vale no lo he mencionado, pero me encanta el “cappuccino” y en todo el viaje, el café ha sido una gozada. Me recuerda a los viajes por Portugal, que también hacen un café muy bueno.

El caso es que al subir a la habitación, ha empezado a llover, además bastante fuerte. Como es temprano y tenemos (así lo pienso ahora) tiempo de margen para llegar a Venecia, decidimos descansar un poco para lo que va a venir: ¡¡¡¡a la cama de nuevo!!!! Tras la temprana siesta, nos levantamos de nuevo y el panorama no ha cambiado sustancialmente, al menos como lleva lloviendo un par de horas, el agua habrá limpiado el asfalto y se podrá rodar mejor. Montamos todo el equipaje en la moto, preparamos los “condonini” (mote que pondremos a los trajes de agua que vamos a tener que usar bastante en los días venideros) y nos armamos de resignación. En marcha.

¿Nunca os ha pasado que al comprar un par de mapas para un viaje, siempre hay alguna zona (puede que interesante o importante para el viaje) que os pille justo en medio de los dos mapas? Y claro, como llevas navegador piensas: “Bah, no hace falta mapa para todo, con el cacharro nos orientamos.” Pues bien, llevamos un mapa de Michelin del sur de Francia y otro del norte de Italia, y Génova, si la ciudad en la que estamos, no aparece en ninguno de los dos.
Aunque, en el mapa, aparece una carretera nacional que es la más directa para llegar a Piacenza, primera ciudad de paso para ir a Venecia y es la misma por la que nos lleva el Garmin, así que no veo problema. Ja, ja, vaya tela con el “no veo problema”, porque la carretera era…

Bueno, no adelantemos acontecimientos, que el salir de la ciudad con la moto cargada y lloviendo no es de las cosas que yo llamaría divertidas. Tomamos la carretera que nos marca el GePeto y que pasa por medio polígono industrial genovés. Pero poco a poco el tráfico se va diluyendo, y apenas nos encontramos con vehículos. Y no me extraña, claro. Porque la SS-45, que así se llama la carretera, es una carretera comarcal, que viene marcada como nacional pero unos kilómetros más adelante, por ahora es una preciosa carretera de montaña, flanqueada por unos bosques de hayas impresionantes y con curvas para dar y tomar.

Bueno, el traje de agua de Almu es muy bueno, aunque no es para montar en moto, pero le cubre perfectamente. El mío tiene dos caras; el pantalón es muy bueno, y ni me entero del agua, pero la chaqueta es una de Decathlon con más mili que el sargento primero que me “adiestró” mientras era recluta en el Ejército del Aire, y no está para mucha lluvia, el pobre. Mi chubasquero, no mi ex sargento primero. Vamos, que no tiene mucha entereza la hora de estar aguantando lluvia genovesa. Lo solucionaremos antes de los Dolomitas, pero hoy me estoy calando. ¿Por cierto, quién tiene una chaqueta con forro impermeable y lo dejó en casa? Pues sí, yo.
El caso es que seguimos la carreteruca, que pasa por pueblos pequeños y curiosos y empieza s subir un puerto de montaña y nos encontramos con los primeros “freaks” del ciclismo del viaje. Enlazando curvas con la moto, adelantamos a una grupeta de seis ciclistas que van soportando la lluvia con mucha calma (me da que están acostumbrados) y van subiendo a buen ritmo. Qué tíos.

Paramos un par de veces para relajar cuerpo y mente (y cubrirnos un rato) antes de llegar a la SS-45 propiamente dicha que es una, ahora sí, carretera bastante potable y con muchas menos curvas. Almu lleva todo el viaje, adaptándose con sorprendente facilidad al horario europeo de comidas y lleva un rato comentando los olores que percibimos al pasar por los restaurantes de los pueblos. A eso de la una, pasando por un pueblo llamado Ottone, vemos un bar pequeño, que da comidas. Al parar, la sensación es bastante buena con el sitio, así que decidimos comer aquí. Acertamos, la verdad. Es el bar del pueblo, y parece que están comiendo la mitad de los currantes de la zona. Buen ambiente. A pesar del aspecto que tenemos con los chorreantes trajes de agua, nos atiende muy bien, nos dejan una mesa grande para poder dejar los aperos y nos dejan la carta. El camarero nos explica qué tiene disponible dentro del menú y pedimos. Pasta, croquetas de arroz (curiosas) y salchicha (enorme) con polenta. Una brutalidad de comida, la verdad, pero hay hambre.

Si os describo la escena siguiente, os sonará a muchos moteros: al entrar a comer deja de llover, no lo hace durante la hora que dedicamos a zampar y al levantarnos está cayendo a cántaros. ¿A qué os suena? Pues ahí estábamos Almu y yo de nuevo, frente a la lluvia. Bueno, es lo que toca. Seguimos con la lluvia. No veo el momento de llegar al Piacenza, aunque si todo sigue así, me da que las paradas de hoy van a ser “técnicas” y no turísiticas. La carretera se nos hace larga, es un peligro ya que está en gran parte en obras y aquí la gente sigue conduciendo como si no lloviera. A todo esto, yo voy ya con la chaqueta mojada y empiezo a sentir la humedad llegándome a la ropa interior, una sensación de lo más agradable.

Llegando a Piacenza, buscamos un sitio para poder parar un poco y decido, cambiarme de ropa, aunque la cazadora la llevo mojada, al menos la ropa interior que esté seca aunque sea por un tiempo.

Aquí tomamos la Autostrada, y ya no la abandonamos hasta Mestre. Es una buena carretera, aunque en este tramo es de dos carriles, y los coches van como misiles. Mucha advertencia de ir a 110 con lluvia, pero los conductores piamonteses van a toda leche. Muchos ratos vamos a 120 y seguimos sin adelantar a otros vehículos salvo a camiones. ¡¡“Ej que es mú fuerte”!!
Poco a poco vamos avanzando en este lluvioso día y excepto las paradas para descansar un poco y permitir que mi chubasquerillo se relaje un poco, no podemos parar (ni ganas que tenemos) para ver nada. Una pena porque una parada programada en nuestro guión era Verona, pero rien de rien. Con algo de pena seguimos carretera adelante. A ratos, cae con mucha fuerza y yo ya tengo un cabreo de mono, de verdad que nunca he viajado en moto con tanta lluvia y durante tanto tiempo, un horror. Para postre, a falta de 17 kms para Mestre, nos toca tormenta, con toda la parafernalia; rayos, truenos, lluvia a cascoporro, el kit completo vamos. A todo esto, una de las anécdotas del día, nos la ofrece un tipo en scooter que por la autopista, va a su ritmito y como chubasquero lleva sendas bolas de súper en los pies, dos bolsas grandes de basura que le cubren más o menos, el cuerpo y sin guantes. Con un par.
Toca parada en una gasolinera a esperar a que pase un poco y mientras esperamos miramos con cierta envidia, yo al menos, a los viajeros en coche que se bajan sequitos del vehículo. Aún así, en este tramo del viaje, Almu se está portando como una jabata. Con la que está cayendo y con el cabreo que llevo encima, ella intenta en todo momento estar positiva, animosa y animarme a mí, que no es nada sencillo en este momento. Con lo poco que queda, decidimos echar el resto y llegar al hotel. La lluvia es muy fuerte, pero el incentivo de la cercanía de nuestro destino, con ducha, aparcamiento y secador de pelo, nos da fuerzas. Allá que vamos, solitarios quijotes en moto navegando dirección Venecia. Creo que es una buena forma de llegar a Venecia, navegando, pero no pensaba que también lo hiciera conduciendo mi moto.
Como remate del día, el GPS se despista al llegar a Mestre, ya que han hecho unas carreteras nuevas y nos comemos de postre 15 kms más bajo el tormentón. ¡¡¡Yupi!!
Menos mal que entrando en Mestre, deja de llover y nos acercamos al hotel. Por supuesto, ya es casi noche cerrada y no vemos nada alrededor, aunque me da que una ciudad glamurosa no tiene pinta de ser. Pasamos junto a la estación y vemos el hotel, al fin!!!!
http://www.hoteltritonevenice.com/
Dejamos la moto aparcada en la calle, y nos presentamos en recepción cansados, con los trajes de agua y yo calado por dentro, claro. Y con unas ganas de cambiarnos y descansar que ya ni vemos. El personal del hotel es muy majete, todo son facilidades y me explica cómo y dónde dejar la moto. Me van a cobrar 12 euros por día en el aparcamiento, pero los doy por bien empleados. Además, el aparcamiento tiene una parte que es sólo para motos y bicicletas así que va a estar muy bien acompañada. Engraso cadena, miro niveles (perfecto) y todo perfecto.

Por supuesto, tomamos la habitación al asalto y no queda hueco, espacio, resquicio, percha o pomo sin prenda colgada a secar, parece un mercadillo. Tanto es así que le pedimos al personal del hotel que no limpien la habitación, para que no ordenen nada. Me acerco a la estación a comprar algo en una hamburguesería que tiene un payaso de imagen corporativa, “Mac nosequé”, no hay viajes que nos libremos de comer en un sitio de estos, qué cruz. Pero bueno, hemos llegado, estamos sanos y salvos, la moto está perfecta y tenemos dos noches para que la ropa alcance un nivel de humedad aceptable. Y mañana visitaremos Venecia, donde le he preparado una emboscada a Almu que como salga bien, va a cambiar nuestras vidas. Ya os contaré, cotillos. Hasta mañana
FOTOS:
https://plus.google.com/photos/116249272788787810624/albums/5664406274953702209

P.D. De hoy, como imaginareis, apenas hay fotos, ni ganas de sacar la cámara.
P.D.D. Perdón por el tostón.

viernes, 24 de junio de 2011

ALPES 2011. Día 2 Figueras-Génova

Suena el despertador, aunque ya llevo un rato con el ojo medio abierto, sólo uno que no es plan de despilfarrar ojos cuando está amaneciendo. Por cierto, qué pronto amanece por aquí leñe!!!!
Bueno, lo primero es asomarme a ver cómo está la moto, que la dejé aparcada en el aparcamiento del hotel, pero no es cubierto ni tiene seguridad aparte de poder verse desde recepción, aunque el chico del hotel me dijo que era una zona tranquila y que no pasaba nada.
Pero bueno, la única “incidencia” que detecto en mi moto es que le pusimos aceite sintético 10/40 para que aguantara más el viaje, y se ha zampado un buen trago. Tanto es así que el nivel está al mínimo, vamos que casi no se ve. Y bueno, cómo le voy a echar en cara que con 157 mil kilómetros me gaste algo de aceite? Pues nada, a comprar aceite al echar gasolina y listo, me aguanta casi una semana de viaje (tuve que comprar en Suiza otra vez). Por lo demás, la moto va fenomenal y se nota mucho el repaso del amortiguador.

Bueno, bajamos a desayunar a la recepción y no está mal, como pasa en tantos sitios, café de máquina automática y zumo ídem, pero bueno, tienen fruta fresca y me preparo un buen sándwich mixto, así que nada que objetar. Tras el desayuno nos damos el primer susto del día (el segundo “susto” fue por la tarde con un Ferrari), la habitación está en la 4ª planta y con la ropa de la moto no nos apetece mucho caminar, así que ascensor al canto. Cuando estamos por la segunda planta, zasca!!!!! Se para el hideputa!!! Almu no se lleva muy bien con los espacios cerrados y se pone algo nerviosa. Pero bueno, llamamos al servicio de emergencias y la chica que nos atiende nos tranquiliza y avisa a recepción del hotel. Bueno, al menos no se ha apagado la luz así que estamos tranquilos, unos más que otros pero bueno, Almu mantiene bastante bien el tipo. Al fin y al cabo es una segunda planta y no creo que el ascensor se caiga ni nada de eso, je, je. Al poco, escuchamos unos ruidos por encima del aparato y escuchamos la voz del recepcionista que nos dice que no pasa nada. Nos sube hasta la última planta y salimos sin problema. Según el chaval es algo que pasa alguna vez que otra ¿? Y que es un problema de los fusibles¿? Bueeeeeno, pues me parece muy bien, y nos lo tomamos con humor, en total no han pasado ni 5 minutos así que a correr.

Gasolina, aceite y a Francia!!!! Como no hay mucha prisa, vamos por la nacional, y pasamos por Le Perthus, se ven motos y lo que era un pueblo que vivía del paso de turistas, aunque algo triste hoy en día. La carretera es preciosa, serpentea por barrancos cerrados que me recuerdan un poco a la zona Andorrana y vemos los restos de los fuertes que vigilaban el paso de gente no deseada del país vecino. Ahora, salvo un par de gendarmes parando coches “sospechosos” no hay nadie que controle la frontera.

Ahora nos toca meternos un par de días de autopistas de peaje así que no queda sino armarse de paciencia, meter la tarjeta en la bolsa de depósito y preparar el culete. Además, voy con la mosca detrás de la oreja porque las previsiones no eran nada buenas en probabilidad de lluvia y no hacemos más que ver nubes amenazantes por doquier. El caso es que nos vamos librando de la lluvia y vamos poco a poco recorriendo el sureste de Francia, vamos dejando ciudades atrás, como Perpignan, Narbonne (la más antigua colonia romana) etc. La costa se ve preciosa desde aquí, y el tráfico es muy bueno. Nos adelantan muchos grupos de moteros, sobre todo franceses, que vuelven del GP, menos en los próximos días, el ambiente motero ya no nos abandonará en todo el viaje, una gozada cómo se vive la moto por aquí.
Básicamente, la carretera que usamos es la que sigue el trazado de la Via Domitia, la primera calzada romana construida en la Galia, y que unía el norte de Italia con todo el sur de Francia hasta los Pirineos y desde allí se transformaba en la Vía Augusta (en La Junquera) que llegaba hasta Cádiz. Impresionante eh?? Y si os digo que posiblemente fuera la ruta que siguió Aníbal cuando cruzó los Pirineos y después cruzó los Alpes y le dio un buen susto a los romanos? Pues por ahí andábamos con la moto tan panchos nosotros, sin poder parar a ver vías romanas ni gana que teníamos con la paliza de día en moto que nos esperaba.

Bueno, el caso es que llegados a Nimes, dejamos el peaje y tomamos la carretera nacional que, oh sorpresa, sigue la ruta de Escipión, vamos la ruta que siguió el general Publio C Escipión para avisar a Roma, al senado, de la jugada genial y valiente que había hecho el general cartaginés y decidirse a entrar en Italia cruzando los Alpes. No os creáis, que me acordé un poco de Aníbal cuando estuvimos rodando por Los Dolomitas en moto, qué tipo!!!!

http://www.historialago.com/leg_cart_01035_gp2.htm

Bueno, el caso es que ahí íbamos nosotros, cruzando el enorme Ródano, un río que veremos pequeñín en Suiza y que aquí casi no se ve la orilla (vale, soy un exagerado). Impresionante.
Paramos a repostar a la moto y nosotros: un kebab y una ensalada para nosotros y un buen tanque de sin plomo 95 a 1.59 eur/litro para “Charo”. Lo del precio de la gasolina por aquí es la coña, madre mía cómo atizan por estos pagos.
Salimos y aunque vemos lejos unas nubes “chungasquetecagas”, el caso es que a nosotros no nos abandona el solete en todo el día. No será así mañana, que nos acordaremos del solete de hoy unas cuantas veces, pero el chapuzón de agua de mañana aún nos parece lejano, así que seguimos todo felices. El querer llegar a un destino, hace que dejes de lado sitios que te apetecería ver pero no puedes, por ejemplo vemos un desvío al valle del Millau y me encantaría poder recorrerlo y ver el viaducto, pero que no, que hay que seguir.
Un pequeño inciso y es que las autopistas de peaje francesas las pagas, y las pagas bien, pero es que cada pocos kilómetros tienes unas zonas “Aire” de descanso que son la pera; todas con sombras, con aseos (correctos) con fuentes, con sitios para poder comer, con mesas y bancos, etc. Vamos, igualico igualico que las que tenemos en los peajes “apañoles”, madre mía.
El caso es que volvemos de nuevo a la costa, cerca de Cannes (paradita para ver qué barcos atracan por estos pagos) y hacia Niza. Pasamos por Niza sin pena ni gloria, ni probar su famosa ensalada queremos. Y vemos un cartel que nos indica un sitio muy conocido, un principado en realidad, y como vamos con tiempo, decidimos pasar a echar un ojo.

Salimos del peaje, y la entrada es por un túnel, curiosa y no muy “glamurosa” forma de entrar en un principado, creo. Pero bueno, el caso es que el túnel desemboca en una carretera retorcida, y de fuerte pendiente, como voy pendiente del tráfico no me da tiempo a mirar pero Almu alucina con la cantidad de edificios y construcciones que se divisan. Al hacer una parada para poner la cámara en la moto, alucino con el sitio. Llegamos a Montecarlo y nos damos un paseo. Bueno, llevamos una moto cargada, vestidos de moteros y algo sucios, así que no pegamos mucho en el ambiente tan “in” que nos rodea. Buenos coches, muchas motos y gente guapa nos rodea. No soy muy aficionado a la F-1 pero justo ayer vimos unas imágenes de un accidente producido en el Gran Premio de Montecarlo de F-1 y mira por donde hoy estamos pasando justo por el trazado del circuito. Alucino con el sitio, la verdad. Los barcos varados en el puerto son impresionantes y se ven cochazos cada dos por tres. Damos una breve vuelta con la moto y ya algo saturados, decidimos largarnos hacia nuestro destino. Paramos a repostar porque el precio de la gasolina es algo inferior al de las estaciones de servicio de Francia, y a buscar la frontera italiana.

Salimos por Cap D´Ail y entramos en la autopista, al poco entramos en Italia, por supuesto ni aduana ni nada, un cartel en el margen de la carretera que anuncia que entramos en el país y punto. Al pagar en el peaje, estamos parados justo tras la taquilla y escuchamos un sonido impresionante como de una moto acelerando a toda pastilla, o mejor como el de un coche de F-1, miramos los dos y es un Ferrari descapotable que sale a toda pastilla del peaje. La leche. Lo malo de eso es que deberíamos verlo como una señal, pero creo que será un caso aislado y no lo hago mucho caso. Craso error.
La carretera E-80 es una “autostrada” es decir una autopista de peaje, pero nada que ver con las francesas; son dos carriles, con miles de curvas bastante cerradas y unos cuantos túneles bastante estrechos, vamos que dan un poco de “miedito”. ¿Os suena un poco la mala fama de los italianos conduciendo? Pues no me extraña nada en absoluto. Vamos a pasar un par de días sufriendo a todos los “fittipaldis” de la carretera que nos encontraremos, vaya tela, vaya tela.
Nos adelanta casi todo el mundo, sólo pasamos camiones de gran tonelaje. De hecho, uno de los camiones que vemos en este tramo es un camión de Ávila, con publicidad de Miguelañez, que llevamos viendo desde ayer cuando lo adelantamos por la N-II cruzando Los Monegros. ¿El resto de vehículos? Todos nos pasan, furgonetas, motos, deportivos, un tipo con un Hummer que irá a unos 140 (miedo da verlo entrar en los túneles a tal velocidad) y tres (si, 3) Ferrari. Qué nivel Maribel.

La verdad es que los pocos momentos que puedo relajar la vista fuera del asfalto, veo unos pueblos bastante chulos y miles de olivos (la competencia, claro), aunque también muchos pueblos feotes. El caso es que sin comerlo ni beberlo, llegamos a Génova. Al tráfico acelerado, se une un tramo de obras en la carretera y unos desvíos bastante complicados. El “Gepeto” se vuelve un poco loco para ir encontrando la dirección correcta, pero parece que poco a poco se va centrando. Justo cuando parece que llegamos, nos detiene en el “destino”, y es un centro comercial ¿? Ya está, no sabe dónde está el hotel, damos un rodeo al lugar y Almu que tiene vista de lince, ve un pequeño cartel en una farola que indica hacia donde está el hotel. Resulta que está un tanto apartado de la calle en la que supuestamente debería estar. El hotel es muy grande y aparentemente está bastante bien. Lo cierto es que así es, es un buen hotel. Muy tranquilo, con restaurante y cafetería y aparcamiento en la parte trasera para dejar la moto con seguridad. No es cubierto, pero dejo la moto bajo el alero del edificio y así no se moja, porque me da que mañana toca lluvia.

Ducha, ropa limpia y bajamos a cenar. No es barato, pero cenamos muy bien, personalmente me zampo una pasta con salsa pesto casera que está de rechupete. Por cierto, el restaurante está lleno. Nos retiramos pronto a la habitación que ha sido una jornada larga y dura de moto. Me entretengo echando un ojo a la tv para ver la previsión y no me gusta nada lo que veo ni lo que escucho. Aparece una “pedazo” borrasca sobre el norte de Italia que me hace pensar en lo peor. Me da que mañana será una jornada dura de moto. No sabía hasta qué punto iba a ser así.
http://www.ideahotel.it/web/guest/idea-hotel-genova-san-biagio

FOTOS:
https://plus.google.com/photos/116249272788787810624/albums/5664406247250625889

figueras genova">

jueves, 23 de junio de 2011

ALPES 2011. Día 1 Madrid-Figueras


Primero el destino iba a ser visitar Teruel y Los Montes Universales. Luego se habló de Los Pirineos, por aquello de hacer el recorrido desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo y recorrer puertos de montaña de cierta entidad.
Lo curioso del caso es cuando le envío a mi chica un blog de un tipo con una V Strom que recorrió los Dolomitas, que fue la parte de los Alpes que nos faltó a mi amigo Angel y a mí en el viaje alpino del 2006. Y mira por donde, le encanta la idea.
“¿Qué idea?”
“La de irnos a los Alpes.”
“¿Cómo?”
“Si, los Alpes, ya puestos y más teniendo en cuenta que no sabemos si en los próximos años podremos hacer viajes largos en moto, creo que es la ocasión ideal. Además, con el año que llevamos, nos lo merecemos.”
“Razón tienes, pero ten en cuenta que el presupuesto una vez que entras en Francia, se dispara, no te digo ya en Suiza.”
“Ya, pero, creo que podemos hacerlo, que llevamos ahorrando un año para el viaje, así que nos lo podemos plantear.”
Así que dicho y hecho, el proyecto "ALPES 2011” se ponía en marcha.

Ahora que ella no me ve, creo que el comentarle que los Dolomitas se encuentran justo al norte de Venecia, tuvo algo que ver en la decisión de viajar para allá.
Tras reunir la pertinente información sobre ciudades, lugares, monumentos, etc. Tenemos más o menos preparada la ruta. La idea que le ronda a Almudena es ir de camping, algo que descarto porque a mí también me gusta viajar en moto así, pero es algo más engorrosa en cuanto a equipaje. Así que toca hoteles, aunque sea mucho más caro. La meteorología nos demostrará que acertamos, pero no adelantemos acontecimientos.
Por si las moscas y como no me la quiero jugar en tema de hoteles, sobre todo hasta Venecia, ya tenemos reserva en las primeras etapas del viaje.
Las etapas, que luego variaremos un pelín, son las siguientes:
MADRID-FIGUERAS
FIGUERAS-GENOVA
GENOVA-MESTRE (VENECIA)
MESTRE-POZZA DI FASSA (DOLOMITAS)
POZZA DI FASSA-CUNTER (CANTÓN DE GRISONES, SUIZA)
CUNTER-CHAMONIX
CHAMONIX-GAP
GAP-GERONA
GERONA-MADRID
Al final de las crónicas, os comentaré un poco el tema de hoteles, para que os puedan servir como referencia para futuros viajes.
Como “Charo” tiene ya cumplidos 157.000 kms. decido hacerle una revisión maja. Mi mecánico me comenta que la moto está perfecta, aún así vamos a dar un buen repaso al amortiguador trasero que ya tiene una kilometrada encima y le vendrá bien para la ruta que vamos a hacer (muy cargado y por carreteras con mucho desnivel). A nivel de motor está muy bien, Paco (mecánico y buen amigo) se sorprende con la moto ya que el motor a pesar de los kms que acumula va “como un tiro”, cosa que me alegra. Se revisa el amortiguador en un taller especializado (aún no me he quedado con el sitio, pero se lo preguntaré a Paco y os lo cuento) y la verdad es que lo han dejado mejor que nuevo; retiene más y va mucho más suave. Y por 100 euros que no está nada mal. No todo será positivo, ya os contaré.
Para hacer más cómodo el viaje, compro las bolsas interiores de la maletas Kappa, y son todo un acierto, me salen por 18 euros cada una y son muy prácticas.
Al final y tras pensar qué llevar y qué descartar, tenemos todo listo. Mi táctica será la de otros viajes, llevarme camisetas viejas y dejarlas según las voy usando para liberar espacio en la maleta.

Además, nos vamos de viaje con una muy buena noticia, nuestros amigos Bea y Barty han sdo papis por segunda vez, un hermoso chaval de nombre Jaime. Con rabia por no poder conocerlo antes de salir de viaje, nos vamos pero a la vuelta lo conoceremos.


Bueno, el domingo temprano, tenemos todo preparado, la moto cargada y con unas ganas tremendas de salir. El tráfico es muy liviano y llegamos sin apenas problemas a Zaragoza, salvo las paradas imprescindibles para repostar y tomar cafetito. Ya aprieta un poco el calor, a nuestro paso por Zaragoza y Almu ya tiene hambre, así que buscamos donde parar a llenar el estómago, así que paramos en un área de servicio de la carretera nacional donde vemos muchos camiones (siempre me fío de los currantes) y comemos un menú a medias bastante aceptable por 9,90 euros mientras vemos a Stoner sacarle unos cuantos segundos a Lorenzo y cía en Montmeló. La anécdota del momento es cuando nada más pedir nuestra comida y sentarnos “descargan” dos autobuses de jubilatis (con todo el cariño) que copan en segundos la mitad de las mesas y toda la barra libre del restaurante, impresionante. Son como langostas!!!!, je, je

Bueno, después de la broma, seguimos camino por la N-II, sorteando camiones y cruzándonos con alguna moto que otra que baja buscando calor, justo de lo que queremos huir nosotros. Imagino que algunos serán lo que bajan de Montmeló y no han visto las carreras. El tramo del desierto de los Monegros, nunca deja de sorprenderme, sobre todo cuando en la parte más árida y reseca, vemos un tipo con mochila enorme, sombrero de intrépido explorador y cara de cansado, caminar por el arcén de la carretera. En el paisaje, a la vista al menos, no hay ninguna referencia de pueblo o casa cercana. ¿Y el tipo éste de dónde ha salido? Unos kilómetros más adelante, vemos un camino que se mete hacia el desierto con un triste cartel de “Camino de Santiago”. Me quedo alucinado.

El paso por Lérida, nos anima un poco, aunque volvemos a la autopista, que es algo que no me gusta nada. Poco a poco, empezamos a ver en la distancia el macizo de Montserrat y cada vez nos cruzamos con más motos que vendrán, supongo, de ver las carreras. Paradita para descansar culete y tomar un café. El café es de cafetera pero no puede ser peor. Además, está jugando Rafael Nadal en París y los clientes de la cafetería le ponen medio a caldo. Lo más “gracioso” que escucho es que “apoya al Madrid” (Real, supongo) y claro, es algo intolerable. No me gusta mucho el fútbol, pero lo respeto, pero no entiendo que la gente critique a un deportista por tener preferencia por un equipo sea cual sea. Un poco lamentable. Entre éso y que el café era malo de necesidad, no nos demoramos demasiado.

Almu alucina con Montserrat, lo apunta para una excursión posterior porque ahora no tenemos tiempo y el chache ya lo conoce de años atrás. Así que volveremos, que Cataluña tiene mucho que ver. De hecho a la vuelta del viaje, nos quedamos dos noches en Llançá, Gerona, para descansar y disfrutar de la Costa Brava.
Tomo el peaje justo en Martorell para no perder mucho tiempo, aunque justo en Gerona lo dejaremos para volver a la vieja amiga, la carretera nacional. En el peaje apenas hay tráfico, por suerte, está todo el mismo en dirección Barcelona, así que llegamos bastante bien a Gerona. Pasado Montmeló, nos adelantan muchas motos francesas e italianas que vuelven a casa, aunque mañana será mucho más animado a nivel de moteros.
La tarde empieza a caer y nos cuesta un poco encontrar el hotel. Nos hospedamos en el Sindorme de Figueres, situado en el polígono industrial al sur de la ciudad. El hotel es sencillo, nada caro y es majete. Tiene lo imprescindible, pero para descansar nos vale de sobra. Tras cambiarnos, subimos a la ciudad a dar una paseo y comer algo. Al final, paramos en el centro en una cafetería “alemana” donde tienen una tortilla descomunal en la barra, con una pinta buenísima. Por supuesto, es la que quiero probar. La tortilla es enorme, como una que probé una vez en Astorga, y está rica, rica. El cocinero me dice que está hecha de la mañana y que aún está un poco tibia, que si quiero me la calientan. Pero nada de eso, la tortilla está mejor así. Y doy fe, qué buena estaba madre mía.
Vuelta a la moto, al hotel y a descansar. Bueno, algo tenía que tener de truco el precio del hotel y es que los tabiques son de papel, así que una pareja que está en la habitación contigua y no para de hablar, me da un poco la noche. Almu ni se entera, qué envidia cómo duerme esta mujer. Al final, me vence el sueño, será una constante en el viaje; acabo los días tan cansado, que no hay ruido ni luz que me desvele, duermo todas las noches como un bendito.
Hala, hasta mañana!!!!!!!!!!
http://www.sidorme.com/hoteles-economicos/hotel-figueres.php