jueves, 29 de julio de 2010

Francia Séptimo día

Francia día VII

He dormido muy bien, aunque os puedo asegurar que el cansancio que vamos acumulando por los kilómetros, ayuda bastante. La cama era cómoda, la habitación a pesar de la duna que nos trajimos, silenciosa y oscura, que para mi es fundamental.
Pero el dejar la moto aparcada en la calle, entre coches, frente al hotel, no me dejó demasiado tranquilo. Pero como suelo pensar normalmente, si se la quieren llevar, lo harán la guarde donde la guarde. Así que me fui a dormir tan pancho. Por la mañana me tocaba tensar la cadena de nuevo y engrasarla; la pobre está aguantando pero no está teniendo muy buen envejecer. Y resulta que la muy pillina se había buscado una compañera más grande para pasar la noche, como hacíamos en el colegio para que el matón de turno no nos diera demasiada estopa.
Mira que esos cacharros no me van mucho, pero reconozco que espectaculares son. Fijaros por ejemplo en las torretas del enorme manillar o en la calidad que desprende el “side”.


Bueno, el desayuno está a la altura de la calidad del hotel; bastante pobre. Pero como ya estamos curados de espantos, ni lo tenemos en cuenta. Esta mañana ha amanecido algo nublada (el asiento de la moto tiene gotas de lluvia) lo que en parte agradeceré si no rompe a llover, así nos ahorraremos el calorazo de ayer. La idea que tengo es acercarnos a la costa, a Mimizan, pero no me fío mucho del tiempo y el “jodío” me da la razón; se pone a llover. No es muy fuerte pero lo justo para darnos la vuelta y seguir camino hacia nuestro destino original. Cruzando Las Landas nos dirigimos hacia el sureste buscando Mont de Marsan. Al llegar a la ciudad le cuento a Almu la historia de Jesús (Luis) Ocaña, el gran ciclista español de los años 70, ganador de un Tour de Francia, de una Vuelta a España y de dos Dauphiné Liberé, que vivió cerca de aquí y tuvo una existencia llena de sinsabores y algo trágica. Un fenómeno sobre la bici y un espectáculo total en las carreras.

Seguimos hacia Pau, por una carretera nacional tranquila y con algo de tráfico. Para comer intentamos en Pau pero la ciudad aparece vacía, se hace complicado encontrar a alguien por las calles y como está (ahora si) amenazando lluvia, casi mejor seguimos hacia Lourdes y buscamos hotel. Ya comeremos allí.

Nos agarra un pequeño chaparrón de camino a Lourdes, paradita en una gasolinera, que está cerrada por supuesto, y saludamos a algún que otro motero.
Al llegar a Lourdes paramos y le damos al GePeto para que nos busque hotel, y claro el pobre lo flipa: no sé cuántos hoteles habrá, pero unos cuantos seguro. Pasamos del cacharro, que seguía y seguía dando hoteles, y nos metemos en la vorágine de la ciudad.
Los que conocéis Lourdes no os tengo que comentar nada, los que no, creo que la ciudad merece una visita. Primero su situación es privilegiada: a los pies del Tourmalet y del Pic Du Midí; cerca la ruta que recorre el sur de Francia desde el Atlántico al Mediterráneo; y encima en el año 1858 a Bernadette Soubirous se le apareció la virgen. Literalmente, según la fe católica. No voy a entrar a valorar ni opinar tal siquiera sobre el tema, hay mucha bibliografía tanto desde el punto de vista de la fe católica, como desde una visión sociológica y desde otros puntos. Sólo comentaré lo que viví como turista que se acerca a visitar la ciudad.
Primero, encontrar hotel; sencillo porque como indiqué más atrás, los hay a patadas. Almu pasa a preguntar en uno y nos cuadra por precio y situación, además de tener aparcamiento para la moto. No es el Ritz. Bueno, por no ser no es ni el ztiR, vamos ni la zeta del hotel de lujo. Vamos, que es algo cutre, pero para una noche nos vale más que de sobra. Nos cambiamos y nos vamos a buscar donde comer. Y claro, Almu se lleva el primer golpe al ver la calle comercial de Lourdes y su variopinta oferta de objetos religiosos. Desde el más serio y devoto al más “freak”, que lo hay.
Uno de mis favoritos:

Pero vamos, a la par de la imagen de la virgen con la corona que se ilumina o el rosario talla xxxl con cuentas fluorescentes. Es total.
Para comer encontramos uno de los sitios recomendados en la guía; Le Navarre, en teoría tienen comida española, aunque siendo Lourdes es algo ecléctica. Nos tomamos un par de pizzas y entre que están bastante ricas, que son grandes y que el camarero es muy majo, y el paisanaje, creo que hemos acertado con el sitio.

Una vez saciado el hambre, y como el día sigue un poco inestable nos decidimos a acercarnos a ver el Santuario. Y lo cierto es que es toda una experiencia.
Sobre todo nos llama la atención la cantidad de gente que hay, cientos y cientos de personas. Por las conversaciones que escuchamos, comprobamos que hay muchos españoles y muchos italianos. El paisanaje es variado, desde las familias que llevan a su hijo en silla de ruedas buscando una ayuda divina o consuelo al menos; el grupo de voluntarios que tiran de los carromatos con enfermos; los grupos de peregrinos que vienen a ver el santuario y rezar a la virgen; los turistas como nosotros que nos mantenemos un poco al margen viendo el panorama; los que llevan garrafas para llenar de agua y venderla en sus tiendas o como recuerdo para sus hogares; los conquenses que llevan un cirio del tamaño de un cañón de la guerra de independencia (literal) y un largo etcétera. Sólo os dejaré algunas imágenes anónimas para no herir sensibilidades ni privacidades.


Algo que me llamó la atención mucho es que todo el interior de la basílica es de mármol y en realidad no son placas de mármol como tal, todas están grabadas con agradecimientos a la virgen, al cielo o a Sor Bernadette por un milagro, una curación o una ayuda determinada. IMPRESIONANTE.

Almu no se siente muy cómoda aquí, la verdad es que si eres sensible da algo de pena ver tanta gente enferma o con algún problema que busca una ayuda o consuelo cuando la medicina y la ciencia no te pueden ayudar más.

Así que nos subimos hacia el hotel para recoger la moto, nos apetece subir el Tourmalet.

Vale, reconozco que expresado así parece fácil, y a fe mía que hacerlo en moto lo es, con tener la moto a punto y gasolina, es sencillísimo subir este puerto de montaña. Pero si a un ciclista le nombras el Tourmalet (y el que escribe esto lo es) a su mente llegan recuerdos, nombres, fechas de gestas realizadas sobre dos ruedas, pero sin motor de explosión.
Cuando unos periodistas franceses, en concreto los señores Henri Desgrange y Geo Lefevre, del perióico L´Auto, se reunieron en una cervecería parisina en el año 1903 no creo que se imaginaran la que se iba a organizar. Para relanzar las ventas de su periódico, se les ocurrió organizar una vuelta ciclista a Francia. Así que publicaron un anuncio el el periódico indicando que en Mayo se celebraba la prueba: seis etapas y recorrido total de 2428 kms (una barbaridad) pero apenas reunieron a quince inscritos. Tras cambiar los premios y retrasar la fecha al 1 de julio 60 corredores (grimpeurs se llamaban entonces) tomaron la salida, ganando la primera edición un deshollinador llamado Maurice Garin.

En 1910 a los organizadores se les ocurre la genial idea de “endurecer” la carrera, escribo endurecer entre comillas porque no sé si sois conscientes de lo que era competir en bicicleta en aquéllos años y los posteriores.
Desgrange envía a Alphonse Steines a buscar pasos por los Pirineos, es invierno y el Tourmalet está bloqueado por la nieve y va el jodío y le telegrafía con el siguiente mensaje: “Atravesado Tourmalet. Muy buena ruta. Perfectamente practicable”.
Le faltó indicar….con raquetas de nieve”.


Y claro, si el puerto ahora es duro de hacer en bici, con asfalto y máquinas modernas imaginaros entonces. Como sería el tema, que el primer puerto en subirse de los Pirineos, el Aubisque (otro que tela) en 1910, al coronarlo el primer corredor, Octave Lapize (ganador del Tour ese año) lo hizo caminando, empujando la bicicleta y al ver a los organizadores les espetó “Asesinos, sois unos asesinos”. Ni me imagino lo que debía ser subir (o bajar) un puerto como el Tourmalet o el Aubisque por pistas sin asfaltar y con sólo un piñón en la rueda trasera: de súper hombres vamos.
Bueno, que me enrollo.
La subida al Tourmalet es una gozada, al ser domingo nos encontramos con alguna que otra moto y vemos por primera ven en vivo la nueva Ducati Multistrada 1200 (preciosa). El tiempo está algo nublado y por la hora que es (queda una hora para el ocaso) no nos acercamos al teleférico del obervatorio del Pic Du Midí. Os recomiendo la visita si pasáis por aquí con tiempo, porque tiene una pinta bárbara.
La subida es muy bonita, en casi todo el recorrido se sube rodeado de árboles hasta llegar a la Mongie, la estación de ski. Y los repechos más duros están a partir de aquí hasta llegar al puerto. Aunque no os creáis, que la otra vertiente es aún más dura, están locos estos ciclistas.



Estamos un rato para hacer las típicas fotos, pasar un poco de frío y de vuelta al maravilloso hotel.


Por cierto, que siempre estamos hablando los que viajamos en moto y sólo manejamos la lengua de Shackespeare (y escasamente) a parte de la nuestra y sólo chapurreamos algo en francés cómo la gente que no maneja idiomas hace para viajar. Y lo hacemos a menudo; con gestos y una sonrisa se puede viajar casi sin problema.

Esto viene a colación porque cenando en un restaurante de comida rápida, teníamos cerca una familia española y el que llevaba la voz cantante era un señor de unos 70 años que en perfecto castellano hizo el pedido, pagó, reclamó un par de cosas que le faltaban y cenó con toda su familia, comentó las jugadas con la gente que estaba con él en la cola. Y sin usar para nada la lengua de Saint Exupéry, un crack, en serio un crack.
Bueno, paseo corto por la ciudad hasta el Santuario, para que Almu vea lo que es la ciudad de noche, con las tiendas, al menos casi todas, cerradas. La ciudad está más que tranquila, la verdad es que así es otra cosa.
Y bueno, como la cadena de la moto está bastante tocada, mañana si no hay tormentas, nos arriesgaremos a pasar por Pamplona y Logroño, pero según las previsiones del tiempo, habrá tormentas y no me apetece nada que nos pillen tan lejos de casa.
Probablemente tocará variar ruta y acortar.
Buenas noches….
Post dedicado a mis bicicleteros: Valentín el espíritu joven, Angel el hombre tranquilo y Antonio el incansable.

lunes, 26 de julio de 2010

Francía Día VI

Qué pronto se acostumbra uno a lo bueno. Suena el despertador y aunque anoche nos metimos en la cama cansados, nos despertamos con energía. Bueno, algunos más que otras, ejem, ejem.
Ducha rápida y a desayunar. Hemos madrugado y se nota en el comedor, hay menos gente. Eso si, la edad media de la sala estará sobre los 60 años, igual que ayer.
Lo cierto es que el desayuno es correcto y lo habitual en estos hoteles. No desayuno demasiado fuerte, pero pruebo todos los quesos que tienen, ñam, ñam.
Recogemos y al salir a Recepción a pagar conocemos al dueño del hotel; jienense que lleva en Francia desde los 10 años. Pasamos un rato agradable charlando con él.
La moto hoy parece más cargada que ayer, pero bueno, es normal. Y me da que hoy va a apretar el calor.
Salimos de Sarlat y como no hay prisa, decidimos ir por carreteras comarcales para llegar a la Gascuña, a ver si vemos algún mosquetero. La carretera es una delicia, tranquila, con buen asfalto y sin dejar de ver arbolado y tierras de labor. Poco a poco llegamos a Bergerac, que es una ciudad muy chula y bastante grande. La única pega es que es día de Mercadillo y los aledaños de la iglesia están copados por tenderetes, vendedores y mostradores con productos típicos. Almu está empeñada en encontrar la estatua de Cyrano, pero con el jaleo que hay aquí y el calor que ya empieza a ser incómodo, no buscamos demasiado; paseo por el Mercadillo y seguimos viaje.

Hoy es el día que más calor está haciendo, se nota que hemos bajado de altitud y que nos acercamos a la costa. La idea es pasar por Sain Emilion, aunque sólo sea por ver el pueblo de pasada y los famosos viñedos. Para llegar al pueblo, pasamos cerca de Castillon de la Bataille, lugar donde hace 557 años se produjo el choque armado definitivo entre Francia e Inglaterra en La Guerra de Los Cien Años, y como no he dejado de dar la tabarra con el tema en el viaje (Almu está que le nombras juntas las palabras guerra+100+años y te salta a la yugular), os dejo aquí un enlace donde explica todo:
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Castillon
El caso es que como es normal en Francia (tenemos mucho que aprender) celebran un festival conmemorativo de la batalla, al que se puede acudir previo pago:
http://www.batailledecastillon.com/
Tenemos tanta historia (o más) que Francia y apenas tenemos lugares conmemorativos de batallas históricas en España. Tenemos la manía de avergonzarnos de nuestra historia y de hacerlo (recordarla) es sólo de manera sesgada y con fines partidistas las más de las veces.
Pero bueno, es lo que hay. Por nuestra parte, nosotros seguimos camino hacia el oeste en busca de St Emilion.

Parada en un súper a comprar comida llegando al pueblo. El calor aprieta y nos apetece paradita a la sombra. Llegamos al pueblo previa parada en la estación de tren (no preguntéis por qué) y está hasta arriba de coches y de gente, y eso que hace calor del bueno.

El aparcamiento está hasta la bandera, pero está rodeado por un parque con hierba y sombreado por recios plátanos, así que aposentamos nuestros reales y preparamos el avituallamiento. Tras refrescarnos a la sombra y descansar un poco, decidimos subir a la moto, ver el pueblo desde la perspectiva que da la Varadero (buena perspectiva, oiga) y seguir ruta.
El pueblo vive de y por el vino:
http://es.wikipedia.org/wiki/Saint_Emilion
Otra cosa no, pero viñedos tienen para dar y tomar. Y bodegas igual.

Por desgracia no somos nada amigos del vino (bueno, un verdejo fresquito sí me tomaba ahora) con lo que no nos llama la atención quedarnos por aquí mucho más. Burdeos nos espera.

Para ahorrar algo de tiempo, tomamos la carretera nacional y llegamos a Burdeos en un santiamén. Y mira tú por donde, creo que Burdeos sí que merece una visita tranquila y con tiempo. Pasamos con cierta rapidez por la ciudad. Al entrar desde la carretera que viene del Perigord, cruzamos los barrios residenciales y casi nos da algo del calor que hace. Y al cruzar el Garona


nos quedamos alucinados, “enoooooooorme” la anchura del río aquí nos deja boquiabiertos. De acuerdo, somos españoles y los ríos patrios son por lo general, algo escuchimizados. Pero de verdad que el río aquí, un río que nace en el Pico de la Maladeta os recuerdo, es anchísimo.
Burdeos es grande, importante, llena de historia y de edificios memorables. Y de verdad que queremos volver porque creo que merece una visita de fin de semana al menos:
http://www.bordeaux-tourisme.com/es/bordeaux_patrimoine_mondial/joyau_de_l_architecture/quartier_du_jardin_public.html

Con la moto llegamos hasta la catedral, parada para refrescarnos y corto paseo, pero no queremos dejar la moto con los petates encima (esto no es la Dordoña y no me fío) así que con pena por nuestra parte, marchamos a buscar el Atlántico, que tampoco es mal destino, caray.

Tomamos la A-63 para dejar la ciudad y nos desviamos hacia Biscarrosse. La carretera es una, es una, ejem, bueno, mejor os indico: imaginad una larga recta de asfalto, sobre todo larga y llana, bordeada por pinares y arenales por ambos lados y con poco tráfico. Pues es la carretera que busca el atlántico desde el desvío de la A-63. Un rollo patatero vamos.


Pero bueno, nos vamos acercando a zonas habitadas buscando el hotel, y tenemos claro que no nos gusta nada el ambiente que se respira: es el típico pueblo de costa, de veraneo playero y no nos sentimos nada a gusto. Coches tuneados, quads, no ayudan a mejorar la percepción. Es lo que hay.
Llegamos al hotel, que no está del todo mal. Pero no me voy a extender en describirlo porque no merece la pena. Es un sitio para dormir, y poco más. Ni el desayuno mereció la pena (uf, qué desayuno más cutre). Pero lo que me deja ojoplático es ver las tarifas. Nuestra habitación nos cuesta 62 euros con desayuno; no está mal. La misma habitación, durante el verano (julio, y agosto) cuesta ¡¡¡94 euros!!!!! Un timo en toda regla.

Bueno, descansamos un rato y vamos a visitar la formación natural por la que hemos llegado hasta aquí. Pequeña compra en el súper y en el “Mc” y para allá que vamos. La zona por la que circulamos, así como gran parte de Las Landas, era una zona de marismas y pantanos en los que se manejaban con agilidad los famosos pastores sobre zancos, que se desecaron en el siglo XIX para plantar pinos resineros.
En la parte continental de la Bahía de Arcachon, conocida por sus ostras, se encuentra una de las formaciones naturales más impresionantes de Las Landas, la Duna de Pyla.
Una auténtica pasada. Pero como hay cientos de fotos por Internet, no os daré la lata. Dos datos, 110 metros de altura máxima y más de 3 kilómetros de largo.
Ver la puesta de sol desde semejante atalaya natural, fue una gozada.

Viendo la duna me pregunto cómo afrontan los participantes del Dakar las dunas de Mauritania (afrontaban, claro que ya el Dakar cruzó el Atlántico), porque miedo me da ver la “cosa” esta desde abajo.


Toca recoger, pagar el aparcamiento y a casita a dormir. La noche está preciosa y apenas nos encontramos con tráfico. Más tarde descubriremos que la arena de la duna nos acompañó hasta el hotel, pero ésa es otra historia ;-)

sábado, 24 de julio de 2010

Cumple del chache 2010

Cumple del chache 2010

Un libro que tiene una pinta genial, el cuadro que llevo años buscando y Almu ha encontrado para mi. Y un detalle alucinante, unas zapatillas que fueron mi "sueño" de adolescente y me ha regalado almu, ALUCINANTE!!!!

viernes, 23 de julio de 2010

Francia Quinto día II

La ruta sigue la ribera del Vézère, valles cerrados por enormes farallones rocosos que albergan multitud de abrigos y cuevas, algunas con arte paleolítico. Así, con un calor algo molesto, llegamos a Les Ayzies de Tayac, pueblo que concentra las actividades en torno al arte paleolítico.



Es tal el reclamo del arte paleolítico, de la prehistoria en el pueblo, que en la página del ayuntamiento, el título es "Terre de Cro-magnon"; el kiosko de prensa del pueblo se llama "L´Homo Sapiens" y una de las actividades artesanales es la talla de Sílex.


http://www.leseyzies.com/
Para darte algo vamos.
El museo está cerrado y tampoco nos apetece mucho parar, el calor es intenso y nos apetece más seguir recorrido para visitar la zona. Así que tomando la dirección de Beynac et Cazenac, precioso pueblo en la orilla del Dordoña. Para llegar allí, circulamos por una carretera secundaria con amplias curvas y alguna recta larga y al poco se nos unen dos moteros (franceses) equipados a tope (mono de cuero, botas, etc) y que no nos adelantan ni nos meten rueda ni nada de nada, y os garantizo que pegaba el sol con fuerza. Como llevamos el intercomunicador, vamos comentando la jugada y concluimos que si fuera España seguro que ya nos habrían adelantado (hasta por la línea continua vamos) y aquí van tranquilos y guardando la distancia. En serio, el respeto en general hacia el motorista y por parte de los motoristas es exagerado en Francia, me encanta.

Llegamos a Beynac y como buenos “apañoles” aparcamos la moto en pleno pueblo. No como todo el mundo, que dejaba el respectivo vehículo en el lugar indicado para ello. Nosotros no, tenemos que dejar la moto a la sombrita y me decido por dejarla en un sitio, vamos a indicar siendo suaves, que no era el mejor para la fluidez del tráfico dentro del pueblo. Por suerte a esta hora apenas hay movimiento de coches y la “Gorda” apenas molesta.

A la sombra se está genial, pero al sol……madre mía cómo pega el solete. Además, el pueblo está encaramado a un farallón rocoso y a los pies del castillo, con lo que la única opción para visitarlo es subir, subir y subir. La palabra que lo define es “cuestón” o “cuestaca” porque lo que es pendiente o cuesta se queda corto. Así que nos damos un paseo corto hasta que sentimos que el calor es demasiado (el caso es que no ver apenas gente en la calle nos tendría que haber llamado la atención) y volvemos a la moto.

A la orilla del río se está genial y dan ganas de meterse. Estamos a punto de sucumbir a una “bierre” en una terraza junto al río, pero somos psicológicamente fuertes y aguantamos; seguimos ruta. El siguiente destino es La Roque Gageac. Se llega en pocos minutos y es precioso:
http://es.wikipedia.org/wiki/La_Roque-Gageac
pequeño, enclavado entre el río (ancho, calmado, relajante) y otro farallón de caliza.

Aquí tenemos una de las anécdotas, al menos en cuanto a la moto, ya que la entrada al pueblo se encuentra cortada por obras y buscamos una entrada alternativa. Almudena ve una calle (callejuela sería más exacto) y probamos suerte: una pendiente endiablada, calle de un sentido que poco a poco se estrecha, tanto que no cabe ni la moto. Y claro, tengo que dar la vuelta marcha atrás, dejando caer la moto (es un decir) frenando como puedo (la rueda delantera derrapa por falta de agarre) y sudo como un idiota. Claro, luego nos reímos pero el ratito que he pasado ha sido delicado, ja, ja.


Dejamos la moto en la orilla del río y nos damos un paseo por el pueblo. Las casas junto al río son casi todas tiendas (qué raro) pero el pueblo es precioso; casas pequeñas muy cuidadas y callejuelas estrechas. Subiendo por las calles pasamos por un jardín tropical, en plena calle. Y nos encontramos con una pequeña iglesia en la que se ha celebrado (parece) una boda, el sitio es una cucada como dice Almudena. Menudo lugar para casarse!!!



Una vez recorrido el pueblo, por la sombra claro, volvemos hacia la moto y nos tomamos un refrescante helado antes de seguir ruta. La verdad es que el día está resultando chulo y los pueblos y los paisajes por los que estamos circulando, una gozada.
http://es.wikipedia.org/wiki/Domme
Domme es el último pueblo que vamos a ver antes de cerrar el círculo en Sarlat. Recomendado por los amigos de la casa rural de Salvagnac, el pueblo se encuentra situado en un enclave privilegiado, con unas vistas impresionantes del río y sus riberas. Es el caso típico de “bastide” medieval francesa, construida para control de paso y vigilancia del río durante la Guerra de los Cien Años (¿os suena de algo, no?).

Aunque son tentadoras las tiendas del pueblo que ofrecen maravillosos manjares basados en la Oca (agh, qué pesados!!!) no nos demoramos que queremos llegar con tiempo a Sarlat para ir a cenar. Dejamos la moto en el centro del pueblo, para dar un corto paseo y buscar donde cenar. Nos acercamos a uno de los sitios recomendados por las guías y el hotel, “Le Commerce”: regulero nada más.


Eso si, el pueblo es precioso, el centro medieval es una delicia. Perderse por sus calles, callejones y pasadizos, es más que recomendable. Además, esta noche la temperatura es muy agradable y es un gustazo pasear.




Antes de volver al hotel, nos metemos en una pequeña aventura para hacer unas fotos nocturnas a la ciudad; cruzamos dos prados, escuchando a los perros ladrar en las fincas, montamos el trípode y tras unas cuantas tomas, al hotel a dormir.

miércoles, 21 de julio de 2010

emboscada!!!!!!

Menudo embrollo en el que nos metimos sin quererlo ni beberlo. En Beynac, intentamos entrar al pueblo por una callejuela estrecha y con una pendiente exagerada, dar la vuelta a la moto dejándola caer por la cuesta tuvo su dosis de sudor frío, ja, ja: la rueda delantera derrapando, llegaba al suelo de puntillas y el sol pegaba inclemente.

¿Me gané el helado de naranja que me tomé o no?

martes, 20 de julio de 2010

Francia Quinto Día: Perigord y el Paleolítico

¿Qué sentido tiene viajar miles de kilómetros desde España, para visitar unas pinturas subterráneas?
¿Pero a quién se le ocurre visitar una réplica de una cueva paleolítica en lugar de ver otras cosas, castillos por ejemplo?
¿Pero cuándo se me ocurrió meter a Almu en este embrollo?
Bueno, no os voy a contar mi idilio con el Arte Rupestre Paleolítico, sobre todo porque es algo personal y que no interesa a nadie salvo a unos mismo y a los que me sufren (pobres).
Y para cualquier información acerca de las maravillas que se pueden encontrar en las cuevas con arte, hay centenares de referencias en bibliotecas.
Pero quizá baste con indicaros que durante unas decenas ¿cientos, miles? de años, en una pequeña cueva cerca del río Vézère, se realizaron pinturas de animales que dejan boquiabierto a cualquiera que la visite, y desde entonces han pasado ya casi 20.000 años, para que os quedéis ojopláticos.

De no ser así, os podéis acercar a las cuevas que tenemos en la cornisa cantábrica, o incluso a los yacimientos con arte rupestre al aire libre, como Siega Verde o Foz Çoa por citar alguno y para no salir de la P Ibérica y sabréis de qué va todo esto.
La cueva de lo que os escribo es la de Lascaux. Para saber más os dejo un enlace breve que os da una pequeña perspectiva de la cueva:
http://www.showcaves.com/english/fr/showcaves/Lascaux.html

Madrugamos para llegar pronto a la cueva porque está muy cerca pero no queremos perder demasiado tiempo, el día es largo y lo queremos aprovechar a tope. Aunque claro, el turista propone y Murphy dispone. Nos toca pasar por el carrefour a comprar discos para la cámara de video y también nos toca llenar depósito, a 1.45 que no está del todo mal. La cueva de Lascaux está en Montignac, un precioso pueblo en la rivera del río Vézère. Pero como Murphy sigue con nosotros, resulta que las entradas para ver la réplica se venden en la oficina de turismo del pueblo, en lugar de en la taquilla de la cueva. Lo que no entiendo es para qué narices hay aquí una taquilla, si no se pueden comprar entradas.

Nos acercamos al pueblo a por las entradas y como te distribuyen en grupos nos toca casi a las doce del mediodía. Damos un paseo por el pueblo que está chulo y muy adornado (imagino que serán las Fiestas) y volvemos a la cueva.




La visita está bastante bien, lo que se visita es una réplica bastante bien realizada y que consigue hasta cierto punto recrear la sala principal de la cueva original. La guía controla bastante del tema y responde con corrección a las preguntas (algunas bastante tontas) pero es algo que va en el contrato de guía en una cueva. Yo también me he tenido que tragar de cada preguntita en mi época de “excavacuevas” que vaya tela.

Bueno, a lo que íbamos, que la réplica está bien conseguida y cuando llevas media hora tienes las sensación casi de estar en una cueva. Chapó por los gabachos.
Salimos al cálido ambiente de la superficie y antes de largarnos me quiero acercar a ver la original (cueva, se entiende) pero según las gastan por aquí temo que mis dudas se confirmen:acceso cerrado a la una de la tarde. Pero bueno, ya he estado aquí que era una de las cosas que quería hacer en mi vida, así que la puedo tachar de la lista de “tareas pendientes”.


Tomamos carretera y manta de nuevo, pasando por un Intermarche a comprar avituallamiento: si, lo adivináis: queso y queso, y algo más que ahora no recuerdo, je, je.

Cerca de una poblado troglodita (si, por aquí lo de vivir en las cuevas viene de largo) nos zampamos la comida en un parque, rústico pero chulo.

Y aunque empieza a apretar el calor, como hoy vamos ligeros de equipaje, se hace más llevadero. La idea es recorrer la ribera del río hasta Les Eyzies de Tayac y luego cruzar de nuevo hacia el Dordoña para terminar el círculo turístico del Perigord.

lunes, 12 de julio de 2010

Francia cuarto día Dordoña

No sé qué sonido es ese que escucho. Me parece estar dentro de una cueva oscura y cálida y escuchando un sonido que me obliga a ir hacia la luz. Es un sonido electrónico, repetitivo y algo estridente. Cuando me quiero dar cuenta, me despierto y compruebo que no hay tal cueva; estaba soñando y el jodido despertador era el sonido que escuchaba.
Ufff, qué pereza!!!! He dormido otra vez como un “ceporro”, qué maravilla de cama y de sitio. Almu también se despereza y compruebo que también ha dormido como debe, es decir, como una “marmotilla”. Me da que le va a dar pena marchar de aquí.
Pero bueno, no nos queda otra.
Lo mejor es que Jean-Brice está preparando el desayuno en la terraza en la que cenamos anoche. Una maravilla desayunar charlando con los nuevos amigos de la casa viendo el paisaje y escuchando las ranas en el arroyo.

Pero no nos queremos entretener demasiado que tenemos ruta larga por delante y me da que va a hacer, hoy si, calor. Nos despedimos de la casa, de Jean-Brice y de su esposa y salimos dirección Albí. Quiero pasar antes por Rabastens para disfrutar del paisaje “salvanagcoise”, de campos de cereal y viñas. En Rabastens noto que la moto ya va notando la paliza de ayer y la cadena reclama un ajuste; parada en un parque del pueblo y seguimos camino.
Llegamos a Albí y apenas entrando en la ciudad ya vemos la torre de la catedral de Santa Cecilia. El edificio es impresionante, absolutamente enorme y realizado casi totalmente en ladrillo.


Para más información pasaros por la oficina de turismo de la ciudad y así os enteráis mejor que con mi explicación. Sobre todo porque apenas pudimos pasear un rato por la misma (es lo que tiene ir cargado con los “aperos” moteros).


http://www.albi-tourisme.fr/es/pagesEditos.asp?IDPAGE=190
Desde Albí tomamos la D-600 para acercarnos hacia la Dordoña pasando por algunos pueblos que queremos visitar. El primero es Cordes sur Ciel, bonito pueblo con buenas vistas.
Me vais a llamar pesado o cansino, pero nos pasa siempre lo mismo. Queremos conservar los pueblos de una manera tan determinada que lo que conseguimos es, normalmente, crear pueblos que parecen escenarios de teatro o de cine a escala real. Entiendo que es complicado regular y gestionar los lugares históricos para que no pierdan “su esencia”, sea lo que sea eso, pero es que cada vez que paseo por un pueblo así, por muy mono, cuidado o íntegro que esté, me parece que es algo “creado” para el turismo, no para vivir. Las casas particulares pierden protagonismo y lo ganan las numerosas tiendas de recuerdos y los restaurantes. Vamos, que no me gusta, hala ya lo he soltado!!!.




Aún así he de reconocer que en Cordes se respira historia, sobre todo historia medieval
Bueno, para saber más cosas sobre Cordes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Cordes-sur-Ciel


Seguimos rodando por carreteras secundarias por las riberas del Tarn y después de comprar algo de papeo en un supermercado, llegamos a un pueblo en el que inmediatamente, nos entran ganas de parar a comer. Y es sencillo adivinar por qué, viendo las fotos. El pueblo se llama St Antolin Noble Val.

Qué rato más agradable y qué comida más chula (descubriendo quesos nuevos, claro) pasamos. Jo, cómo me gusta Francia!!!
Bueno, una vez descansados y comidos, seguimos ruta. Aunque la carretera cruza bosques muy extensos y no nos da mucho el sol, el calor se nota bastante. Cruzamos una base militar enorme, calculo que estaremos unos 20 minutos circulando por carreteras rodeadas de vallas, carteles de avisos, campos de entrenamiento y cuarteles.

Y aunque Almu no se lo espera, hemos llegado de nuevo a un pueblo que ayer se nos quedó casi en el tintero y que mi chica tenía muchas ganas de visitar: St Cirq Lapopie.
Quizá por la hora no vemos apenas turistas y podemos dejar la moto bien aparcada. Nos tomamos un helado y un café en una terraza y damos un paseo por el pueblo. La verdad es que es precioso y no tengo la sensación de montaje que he tenido con otros pueblos. De verdad que es recomendable la visita.






La ruta en busca de Sarlat nos lleva cerca de la cueva de Pech Merle y decidimos pasar a ver el sitio. Y bueno, por la hora ya están cerrando el acceso pero se puede visitar la entrada a la cueva y sentarnos un rato en un banco a tomar el fresco y un trago de agua. La visita merece la pena, pero no nos da tiempo y seguimos camino hacia Sarlat. Ya tenemos ganas que aprieta el calor y estamos cansados.


Al cruzar desde el Tarn a la Dordoña se nota el cambio de paisaje; más húmedo, más lagos y arroyos y algo más de turismo. Pero desde que pasamos el cartel, me enamora el valle. Quizá sea por la sensación de saber que estamos recorriendo uno de los parajes del mundo con más cuevas con arte rupestre, por donde vivieron, cazaron y pasaron los pueblos que crearon maravillas de arte como Lascaux. De hecho es uno de los objetivos del viaje, visitar la réplica de Lascaux.

La entrada al pueblo es en hora punta y nos comemos un pequeño atasco. Además, la dirección del hotel no la tengo bien grabada en la memoria del Gepeto y buscando la calle del hotel, nos metemos en una casa privada con su piscina y todo. Menos mal que no hay nadie en el jardín de la casa y salimos según entramos, pero me imagino la cara de los habitantes si les llegamos a pillar en la piscina: estoy tomando el sol en mi casa y veo entrar por la puerta a una moto cargada hasta las trancas y con dos moteros sudorosos y rezongando en la moto, dan la vuelta y salen. Con un par.
Al final, el Gepeto se porta bien y nos dice la dirección correcta del hotel y nos lleva sin más incidencias. En la recepción nos recibe la esposa del duelo del hotel que amablemente nos reconoce como los únicos clientes españoles alojados (sigo extrañado porque con mi francés de CCC no entiendo cómo me pillan tan rápido) y nos da toda la info. El hotel está bastante bien, es muy tranquilo, aunque lleva unos cuantos años (más bien décadas) sin renovarse. Pero se llega al pueblo en dos minutos con la moto y tenemos piscina común y una terraza con césped en cada habitación.
Nos cambiamos y al pueblo, que el cuerpo pide cena.
Sarlat la Caneda:
http://www.sarlat-tourisme.com/es/




El menú de los restaurantes es algo básico, sobre todo los que están dentro de precio; oca y derivados. No hay mucho más. Cenamos en uno que nos parece bien y no está mal de precio, en un patio recogido al que se accede por un pasadizo bajo una casa. Chulo, eh?
Mi oca está rica y la de Almu no está nada mal. Para mi es un ave demasiado grasa, pero es justo lo que hace que esté rica. Lo que no me cuadra es que con las vacas que crían por aquí, sea tan complicado comer una buena carne de vacuno. Una pena.
Paseamos por la ciudad brevemente y para casa, que mañana también tenemos un día bastante “paleolítico” ;-)