lunes, 31 de enero de 2011

AMERIZANDO



RAE:
1. intr. Dicho de un hidroavión o de un aparato astronáutico: Posarse en el mar

Vale, no es un hidroavión ni es el mar, pero no sé qué expresión puede ser más adecuada.
Es un ánade real macho a punto de tocar agua en el Río Manzanares, en Madrid. No sé en qué condiciones reales está el río en cuanto salubridad o calidad del agua, pero está plagado de aves y no parece que estén mal.
Es un ave magnífica, sobre todo los machos que son espectaculares con su cabeza verde y su pluma enroscada en la cola.

viernes, 28 de enero de 2011

PARQUE DEL MANZANARES. "Apple Orchard Park"

Tengo la suerte de vivir en una zona de Madrid que no conocía pero que cada vez me gusta más.
Tengo cerca la M-30, la M-40, transporte público para acercarme al centro de Madrid en poco tiempo y, sobre todo, un par de parques magníficos.
De uno ya he comentado algo en otras ocasiones, el de Enrique Tierno Galván:

Pero hay uno que ya he recorrido en varias ocasiones, ya que forma parte del Anillo Ciclista de Madrid y que las últimas veces he podido recorrer con más atención.
Es el Parque del Manzanares:

que más o menos, va desde aquí:

Ver mapa más grande">
hasta aquí:


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Vamos que es bastante grande. Con mi bicicleta y siendo de carretera (con ruedas lisas) no he seguido mucho más, sobre todo porque el camino está cortado por obras pero seguiré investigando. Hay un buen tramo asfaltado que recorre la ribera del río manzanares y es una maravilla para pasear tanto en bicicleta como andando. No sé cómo de abarrotado estará los fines de semana, pero las tardes entre semana es una delicia.
Nos acercamos a última hora de la tarde Almu y yo para que lo conociera y no avanzamos demasiado, sobre todo porque ya estaba el sol muy bajo y para hacer fotografías no en el río, apenas daba ya el sol. Así que volveré con buena luz y con trípode.
Pero se pueden avistar, sin nada de alarma antes los humanos:ánades reales, gaviotas, pollas de agua (risas, las justas), cormoranes, patos mandarines, garzillas bueyeras y hasta un picapinos real. Incluso, en un tramo del paseo, se pasa por unos prados en los que se ven conejos de monte y una finca con caballos. Así que ya intentaré hacer fotos.
Los fines de semana los campos de fútbol que están en la parte del parque más cercana a la ciudad, se llenan de entusiastas jugando. Hay bastante ambiente la verdad. pero recomiendo acercarse a media tarde, si es entre semana mejor, y luego subir a alguna de las elevaciones a ver el atardecer en la ciudad.
Nos os defraudará.












lunes, 24 de enero de 2011

Frozen Gods



algo de fresco hace hoy por los madriles. Y los dioses de las fuentes en paños menores o, como la diosa Cibeles, con un vestido veraniego
pobrecicos

sábado, 22 de enero de 2011

TRUJILLO Y GUADALUPE. LUNES


No tenemos prisa, pero tampoco queremos quedarnos aquí hasta las tantas, y mira que se está a gusto en este sitio. A la buena vida se hace uno enseguida. Es lunes, la mayor parte de la gente está trabajando –los que tienen donde- y nosotros estamos despertando en una habitación del parador de Guadalupe. ¡mola!

El precio del desayuno aquí es de 15 euros por persona, y no es que no nos lo merezcamos, pero no nos apetece gastarnos tanta pasta en desayunar, así que nos acercamos a la plaza y en un bar que tiene chimenea –qué maravilla- nos tomamos un buen desayuno a precio normal; por 8 euretes desayunamos tan ricamente.
Por cierto, no he mencionado una pequeña diferencia con respecto al día de ayer, y es que –imagino que por ser lunes- hay una niebla cerrada que no nos deja ver más allá de 50 metros.

Bueno, no todo iba a ser perfecto. Y a los moteros invernales como nosotros un poco de niebla no nos arredra, así que carretera y manta. Desde Guadalupe, queremos pasar por el pantano del Cíjara, que Almu no lo conoce y es bastante chulo. Aunque claro, lo vemos más o menos a medias. Pero me gusta el ambiente que le da la niebla a las fotos, sobre todo las de los puentes. Ella va encantada, pero no deja de repetir que tenemos que volver con solete, ya se imagina sentada junto al agua, en la hierba, zampando un bocata, je, je.


Para comer, esperando que la niebla despeje, nos acercamos a Los Alares, a casa de Carmelo. Es el bar de la piscina municipal del pueblo con un tipo majo –Carmelo- que hace una cocina muy casera y económica. Comemos una ensalada, un plato -con colmo- de estofado de ternera con patatas y pescado rebozado –que Carmelo se empeña en que probemos- y un par de tapas que nos pone cortesía de la casa. Por más que se empeña no tomamos chupito, le pagamos -22 euros- e intentamos salir del sitio sin rodar demasiado. Lo mejor de todo es que ya la niebla ha bajado y hace un sol que da gusto y como el camino hacia Navahermosa ya lo conocemos, estamos muy animados a pesar de que vamos de vuelta hacia casa y hacia el fin del viaje.

la ruta desde Los Alares bordea -y a ratos circula por- el Parque Nacional de Cabañeros; espectaculares vistas, bosques de robles y alcornoques, madroños y encinas y algún que otro ciervo que cruza furtivamente la carretera. En hora y media sólo vemos dos coches, imaginar la tranqulidad de la ruta. Y hacemos la parada habitual en el Alto de las Paradas, magnífico farallón de caliza desde el que se puede asistir a la berrea en las mañanas y tardes del otoño.


La “realidad” nos golpea llegando a Polán porque aquí la niebla no ha levantado y hasta Madrid pasando por Toledo el cielo no despeja.

Nos tomamos un café en el hotel Alfonso VI, junto al Alcázar. Y lo que es la vida, estamos a lunes y está ya anocheciendo. Pues dentro de dos días, quedaré también aquí con un buen, buen amigo, para comentar con él una noticia tremenda que afecta a nuestro futuro laboral inmediato –también el de Almu- de una manera que hoy lunes ni me imagino.
Ahora sólo pienso, respecto a este pequeño viaje: que nos quiten lo bailao!!!

TRUJILLO Y GUADALUPE. DOMINGO


La noche pasa con silencio y tranquilidad, al levantarnos y preparar los bártulos, bajamos a desayunar.

El desayuno de la casa es algo justito, pero bueno, como tampoco somos de zampar mucho por las mañanas no nos disgusta. Joaquín nos indica una ruta más que recomendable y como nos pilla casi de paso hacia Guadalupe – Almu no sabe que vamos hacia allí, aunque algo intuye- nos animamos a recorrerla. Y la verdad es que acertamos de pleno.

La ruta que nos indica va desde Deleitosa hasta Berzocana, para no hacer demasiada autovía, recortamos la ruta en Aldeacentenera –me encana el nombre- recorriendo un paisaje de dehesas todo el tiempo.

Pasamos por Cabañas del Castillo, aunque sin subir al castillo –es que es una cuesta que no veas- sobre todo porque está en ruinas y el paisaje ya es precioso desde el pueblo. Seguimos ruta hacia Berzocana, aunque me ha entrado la reserva en la moto y no me quiero arriesgar a no encontrar gasolinera. Así que vamos dirección Cañamero, donde se produce la anécdota de la mañana. Llegando al pueblo, vemos un Hummer H-1, el mastodóntico todo terreno americano, de color amarillo canario. Lo mejor del coche no era el exterior, que ya era llamativo, sino el interior; el conductor tendría sus 70 años y su acompañante –una mujer, imagino que su señora esposa- o de la quinta o quizá algo mayor. Impresionante. De verdad que no entiendo lo que la gente hace para demostrar que tiene pasta.
Y bueno, llegamos a nuestro destino: Guadalupe. Almu ya se lo imaginaba, pero ni de lejos se esperaba que nuestro alojamiento fuera El Parador. La verdad es que conseguí una buena oferta para la noche y no me lo pensé demasiado. El sitio es espectacular, está a 50 metros del Monasterio, en pleno centro y está muy bien acondicionado. La habitación es una gozada, entre rústica y moderna –peazo plasma y peazo bañera oiga- y el edificio y su claustro no dejan indiferentes.
Como es hora, vamos a comer en plan turistas. Damos un breve paseo pero como es domingo y las terrazas de los bares de la plaza son muy apetecibles, ahí que plantamos nuestros reales.

Almu desfallece de hambre así que nos dejamos llevar por la gula y pedimos morcilla extremeña, queso de Ibores y para rematar migas. Ahora vas y lo cascas. Por supuesto regado por sendas cervecitas con limón. Aún con todo, somos capaces de meternos todo entre pecho y espalda, reservar entrada para visitar el Santuario y darnos un paseo por el pueblo.
Todo Guadalupe bascula alrededor del Santuario, tanto a nivel paisajístico y urbanístico como económico y turístico. No voy a entrar en valoraciones acerca de este tipo de sitios porque la fé es algo subjetivo y ahí cada cual entiende lo que entiende. Además, para saber de qué va todo este tinglado, están los libros de historia, a éllos os remito.

La visita se hace corta, sobre todo por el gran patrimonio que tiene el Santuario. Recomendables la sala de los bordados , la sacristía y el museo de Miniados. Aunque el guía tiene el típico aspecto de aburrido y cansado de las visitas –no me extraña porque lo he vivido en el museo de Altamira antes de la réplica- pero para turistas sin demasiadas expectativas no está mal del todo.
La frase que más repite el guía -y también concejal del ayuntamiento de Guadalupe- es "decirles a ustedes...". que cuando la escuchas ya más de cinco veces te dan ganas de arrearle con un libro miniado de 60 kilos en la cabeza.
No indica en ningún momento que la "leyenda" de la virgen sea éso una leyenda, da por hecho que ocurrió tal y como lo cuenta y éso es lo que me da un poco de rabia. pero bueno, al fina y al cabo estoy visitando un santuario católico y aquí las cosas son un poco diferentes. "Donde fueres...."



Nos damos un paseo para visitar el pueblo y estirar las piernas, la verdad es que no carece de cierto encanto sobre todo las calles anejas a la plaza del santuario, una vez que se abandona la zona de tiendas de recuerdos y restaurantes.
Pasamos por una calle larga, estrecha, con preciosos soportales sostenidos por vigas de madera y plantas en los balcones. Y algún que otro cartel de "SE VENDE". Y alcanzamos, gracias al plano que amablemente nos dejó la chica del Parador, la plaza con la fuente de los tres caños. Lugar donde fueron bautizados los primeros indios venidos con Colón -pobrecicos-. Lo curioso es que no he encontrado ninguna referencia histórica a que lo hicieran en Guadalupe. me pondré a éllo.

Para cenar, nos apetece algo “ligero”, y ligero es algo así como un café un colacao y cuatro porras y todo por 3 euros. Sesión de fotos nocturnas y al hotel, que quiero ver –lo siento, no lo puedo evitar- la última etapa del “Dakar” en TVE. Y a dormir que mañana también tenemos un paseo majete.

viernes, 21 de enero de 2011

TRUJILLO Y GUADALUPE. SABADO

Es Curioso cómo cambia la vida sin apenas darte tiempo a asimilarlo. Y no me refiero a una desgracia vital o una enfermedad, que ya sería mucho más grave. Es algo tan simple como que en Tokio una mariposa bate las alas y en mi empresa deciden despedir a 550 personas en lugar de premiarlas.
El viernes, tras una semana de ocho días -como tantas veces- al fin tenemos libre el fin de semana; largo esta vez y nos hemos planteado pasar fuera de casa de sábado a lunes, viajando con la moto que es algo que nos encanta.
Cuando Almu confirmó que tenía los días libres, me puse con la meteorología y decidí que habría que ir hacia el suroeste, como las grullas en otoño. Y qué mejor que Extremadura para darnos un garbeo. Además, confirmé que Almu no conocía -más bien no recordaba- Trujillo y por supuesto no le iba a revelar que íbamos a Guadalupe, esa sorpresa me la guardaba.
Decidimos no madrugar demasiado por aquello de descansar algo y no pillar demasiado frío. Además, la ruta desde Madrid nos iba a acercar por Sotillo de la Adrada, a Can Quique, a gorronearle un cafetín. La temperatura era ideal, casi con calor para la ropa que llevábamos, pero el tráfico también lo era; ¡¡¡domingueros!!!! El caso es que llegamos a casa de Quique y ahí está el tipo, tan “pichi” en la terraza de su casa esperándonos. Se está tan a gusto que nos da pereza largarnos, además que le “jodío” hace un café muy rico casi tan bueno como su charla. Pero por la hora nos tenemos que marchar, ya que queremos pasar a comer por el camino y quiero llegar con sol para ver el atardecer en Trujillo.
El tramo de carretera hasta el desvío en Ramacastañas nos deja alucinados con el paisaje, parece que estemos en una primavera temprana; buena temperatura, todos los prados con hierba tierna y verdísima, y las vistas de la Sierra de Gredos con no demasiada nieve.
Paramos a comer en Velada, en el Mesón-Restaurante Oliver. No es que sea gran cosa, pero el montado de lomo con queso manchego está bastante rico.
Recogemos bártulos y vamos a meternos en el corto tramo de autovía para desviarnos en Navalmoral, no quiero hacer demasiada autovía porque me aburre soberanamente así que sobre la marcha, nos salimos en Navalmoral para, tomando la N-5, subir por el Puerto de Miravete.

Me recuerda tantos otros tramos de carreteras “desdobladas” para hacer autovías, que dan la oportunidad de recorrer un tipo de carretera que ya ha caído en el olvido. Y no voy a seguir, que voy a parecer el personaje de Cars, la película de Píxar, mientras hablaba de las bondades de las carreteras nacionales frente a las autopistas.

Pero lo cierto es que da un poco de pena ver esas carreteras con restaurantes abandonados a pie de asfalto y con el piso descuidado por falta de mantenimiento. Aunque claro, también hay que verlas por el lado bueno: no nos encontramos con ningún vehículo en todo el tramo que recorremos.
Nos incorporamos a la autovía en Jaraicejo, contentos porque el tramo de nacional ha sido bonito y tranquilo y no nos queda demasiado hasta Trujillo.
Sin pena ni gloria respecto al tramo de autovía, llegamos al desvío hacia Trujillo y sigo las indicaciones que le diera Joaquín el dueño de la casa rural a Almu; vamos al centro de la ciudad. La verdad es que es una preciosidad, pero para moverse por las calles con la moto cargada y con Almu no es que sea precisamente, la mejor ciudad del mundo.

Así y todo, como a mi no me cuadra mucho el que tengamos que ir al centro, salimos del mismo y buscamos la indicación de “Huertas de Ánimas”, arrabal de Trujillo en dirección noreste. Aunque nos perdemos por las callejuelas de Huertas, al final Almu llama a Joaquín para saber cómo llegar y resulta que estábamos al ladito: cosas de los pueblos.
Almu ha reservado en el hotel rural Las Huertas, más una casa que un hotel, pero bueno. La verdad es que nos recibe Joaquín con mucha amabilidad y nos indica dónde dejar la moto -para la noche- y nos enseña un poco la casa y nuestra habitación.

Bueno, es un fin de semana de mediados de enero y lo que se dice temporada alta no es, vamos que estamos solos en la casa. Tenemos prisa porque queremos subir a la ciudad antes de la puesta de sol, y a pesar de la prisa, Joaquín nos recomienda ver el atardecer desde “El Espolón” de La Alcazaba y dónde cenar. Y la verdad es que acierta porque el sitio es una cutrez -me encanta, por supuesto- pero las vistas son magníficas y la luz del sol poniente en las piedras de esta ciudad nos rodea con una calidez que roza lo cursi. Hasta aquí puedo leer.

Nos damos un paseo por Trujillo, mientras cae la luz y tras hacer unas cuantas fotos y encontrar el sitio para la cena

, vamos a buscar la moto -con sesión de fotos incluida-para dejarla cerca de la plaza y tomarnos algo en el restaurante más conocido de Trujillo, La Troya.

No queremos cenar aquí porque ya lo hice hace años y no me gustó demasiado; mucha cantidad pero de calidad algo descuidada. Para cenar hacemos caso a Joaquín y vamos al restaurante “ Alberca”, que está justo pasado el Arco de Santiago a mano izquierda. Nos escama que no hay nadie cenando pero Almu argumenta que es algo pronto –cierto- y que será por eso. Bueno, quizá sea pronto, pero entramos, cenamos, pagamos y al salir, seguía sin entrar nadie al restaurante. Vamos que trujillo está vacío de turistas o casi vacío. La cena está bastante bien, tienen varios menús y optamos por uno de 17 euros que no está nada mal. Personalmente y si no eres muy tragaldabas, es recomendable a La Troya.

Paseo corto hasta la moto y a la casa, donde nos espera una noche muy agradable, pero que me permitiréis no describiros por aquí, por si lo lee algún menor ;-)

miércoles, 12 de enero de 2011

fuentes serranas

Sólo unos 10 kms las separan y la diferencia tanto térmica como de condiciones meteorológicas era abismal. Aunque fue una gozada la verdad, no pudimos ir a la concentración de Pingüinos 2011 pero algo de frío motero pasamos. Claro que me da que ya estaba un poco tocado y me arreó un buen mazazo un virus griposo que me ha dejado sin salir de casa y algo mermado un par de días.
Pero bueno, parece que llevamos un par de días con solete y temperaturas amigables, a ver si este fin de semana podemos darnos una vuelta motera como mandan los cánones.
P.D. mañana toca ITV, qué bien me lo voy a pasar!!!!!

sábado, 8 de enero de 2011

Domingo en moto



Pensaba que le iba a gustar en moto, porque me lo decía, pero es que no le da miedo nada!!!! Hemos montado con lluvia, con nieve, con frío gélido y con calor achicharrante. ¡¡¡Y no hace más que pedirme más!!!
Aunque no suelo tener muchos domingos libres, los que tengo he de aprovecharlos, sobre todo por Almu. Y claro, como es ella la que me pide moto, yo encantado de la vida.
El caso es que tocaba darnos una vuelta por nuestro "feudo", la Sierra de Gredos, a disfrutar de montaña sin agobios y sin demasiado tráfico. El día no terminaba de aclarar pero nos pudieron las ganas.
la verdad es que se nos dió muy bien, porque rozamos la niebla sin tener que cruzarla, rozamos la lluvia sin apenas sufrirla, aunque bien es cierto que nos obligó a darnos la vuelta en el Puerto de Mijares. Por cierto, que este año por las ingentes lluvias acompañadas de temperaturas benévolas, el agua bajaba que daba gusto por todo el valle y la "cascada" que me gusta visitar, estaba algo más desangelada de lo normal. No creo que sea bueno del todo que no nieve en estos meses; la nieve en las alturas asegura el suministro de agua en meses de calor, ya que retrasa la escorrentía hacia los valles, y este año apenas hay nada. Soy optimista ya que aún queda invierno y puede nevar, pero no pinta del todo bien.

Aún así, volveremos alguna vez más antes de que termine el invierno, no me quiero quedar sin mi foto anual en la cascada.

A la vuelta, buscando un sitio para comer, me acordé de la casa rural de Fresnedilla, cerca de Sotillo de la Adrada (no he sido capaz de encontrar información en internet). Pero es una delicia de casa, tranquila, sus dueños son maravillosos y más que majos. Y se come.......cómo se come. Es más, nos tomamos unas croquetas, una ración de migas (ricas, ricas) y un revuelto de morcilla con huevo que ya te dejaba sentado en la silla.
Más que recomendable!!!!!

Mercado de Fuencarral. Dedicado a Quique

En la entrada del Mercado de Fuencarral tienen un cartel con unos curiosos monigotes, y como tengo un amigo que le encanta el mundillo Star Wars "alternativo", normalmente de muñecos LEGO, ahí van las fotillos:




Rebajas!!!!!!

Día posterior a la festividad de Los Reyes Magos, en Madrid. Se necesita una pequeña, a priori, gestión (antes lo llamábamos “hacer un recado”) que consiste en un cambio de talla de un abrigo.
Para buscar el abrigo de la talla correcta nos acercamos a la Puerta del Sol, en pleno centro de Madrid, para dirigirnos a la tienda. El entrar al Metro en la Plaza de Legazpi y salir en Puerta del Sol es un choque total. La diferencia es impresionante, del sosiego y tranquilidad de la primera, al bullicio, jaleo y agobio de la segunda.
Pero lo peor está por venir; al acercarnos a la tienda, intuyo lo que me sobreviene a continuación por el embudo de gente que se está formando en la entrada. Al menos se puede entrar, pero el golpe de calor con el que nos recibe la tienda no me parece un buen augurio; no me equivoco. El ambiente es casi apocalíptico: La ropa tirada y amontonada por doquier, los clientes rebuscando una oferta a empujones y hablando a voz en grito, los vendedores que apenas tienen tiempo a doblar y colocar de nuevo las prendas consiguen que me acuerde de Sarah Palin la Asociación del Rifle. Pero consigo calmarme viendo a Almu que, no sin cierta soltura, consigue acercarse a los abrigos para buscar una talla del modelo que queremos. Con expresión de derrota me mira indicando “no hay tallas”, así que me coloco en la fila de gente que espera su turno en Caja, para dejar el abrigo y marchar en pos de otro en otra tienda.

La tarde es perfecta para ir de compras; es de noche, cae una llovizna fina y todo está lleno de gente con sus paraguas que dificultan constantemente el paso: magnífico. ¡¡A pesar de todo, nos armamos de valor y a buscar más tiendas!! Conseguimos arribar a la Gran Vía no sin algún que otro tropiezo por Montera (¿verdad Almu?) y nos disponemos a llegar a otra sucursal de la franquicia de ropa: ídem de ídem, ropa tirada, gente hipnotizada e idiotizada por comprar ropa y un desfile de modelos a cada cual más cutre y estúpido: el que no lleva los pantalones como si le faltara un pañal lleva el pelo de color rojo; la que va vestida como si fuera Beyoncé (perdón) en una actuación; el que habla a voces por su teléfono mientras describe a otra persona el trapo que tiene entre manos, etc. Una gozada vamos. Y allí me veo, intentando seguir a mi chica que, con una AGILIDAD que me deja alucinado, ya me espera en la escalera para bajar a la otra planta. Resultado de la incursión; un poco de mareo, algo de sudor y el constatar que mi talla es la más solicitada.

Ufff, qué bien lo estamos pasando. Y eso que Almu se lo curra para que yo esté de buen humor a pesar de los pesares. Lo que me deja atónito es lo suelta que se ve a la gente en estas lides, y no lo indico por Almu, que tampoco es amiga de compras ni de aglomeraciones. Ves chicas con bolsas de varias tiendas y aún así se las ve animadas comentando cosas ininteligibles como “tía, es que las manoletinas(creo) no pegan nada con esas medias (también creo)” ¿? O mensajes así de encriptados. Almu se atreve a entrar a una tienda a comprar un vestido; a pesar de saber el vestido en concreto y la talla, no aguanta en la fila esperando a que la cobren, porque yo me he quedado fuera y se siente mal por mí. Qué mujer…
El caso es que aunque seguimos intentando dar una vuelta, por Fuencarral, no conseguimos más que algo de humedad extra, ver un par de personajes peculiares y conocer una tienda de ropa de abrigo con una pinta estupenda pero con unos precios nada populares.

Medio derrotados, nos acercamos a reponer fuerzas a uno de los sitios habituales, El Taj, un buen hindú a buen precio donde nos tratan fenomenal. Con la tripa llena, vemos el mundo de manera distinta y los agobios de las compras parece que quedan lejos. Sólo nos queda un paseo hasta casa para descansar un rato en nuestro sofá.
Ha sido una tarde, cuando menos, curiosa.